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Martín García, pianista internacional gijonés: "La juventud debe interesarse por todo tipo de música, no solo lo que esté de moda"

El aclamado solista regresa a casa para una una doble cita musical en compañía de la OSPA, en su ciudad natal y en Oviedo, tras un gran éxito en el Auditorio Nacional de Madrid y su octava gira por Japón en ciernes

El pianista gijonés Martín García.

El pianista gijonés Martín García. / Fadil Berisha

Martín García García (Gijón, 1996) se ha consolidado como uno de los pianistas españoles con mayor proyección internacional de su generación. El gijonés, que cuenta en sus vitrinas con el primer premio en Cleveland y el tercer puesto en el prestigioso Concurso Chopin de Varsovia, regresa a su tierra para reencontrarse con el público asturiano. Será este jueves, día 19, cuando desembarque en su ciudad natal, en el teatro de La Laboral; y al día siguiente, viernes 20 de febrero, aterrizará en Oviedo, en el Auditorio Príncipe Felipe. ¿Su carta de presentación? El concierto "Pasión y Melancolía", que auspicia la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA), con ambas citas marcadas a las 20.00 horas y bajo la batuta de la joven directora italo-turca Nil Venditti. Así, el talento pone pie en el Principado tras haber conquistado el Auditorio Nacional de Madrid a principios de mes y con la maleta lista para su octava gira por Japón, país con el que mantiene un estrecho vínculo. "La juventud debería interesarse por todo tipo de música y no solo por lo que está de moda", opina el artista, que cerrará un círculo emocional con su niño interior, ya que tocó por primera y única vez en el coliseo del complejo monumental gijonés cuando tenía once años.

-¿Cómo se definiría usted mismo como artista para quien aún no conozca su trayectoria?

-Hay muchas maneras de definirse, pero yo veo el mundo del arte como un deber de entrega a los demás y a la sociedad. Ya sea creando o interpretando, la labor artística consiste en hacer llegar al público un momento trascendente que les saque de su rutina diaria y otorgue un mayor significado a sus vidas. Esa es mi labor. Si me preguntan si soy artista o pianista, diría que es lo mismo. Resulta que toco el piano, pero para mí es solo una herramienta, un objeto grande y aparatoso al que hay que echarle muchas horas, pero el piano es lo de menos; lo verdaderamente importante es el resultado final.

-Regresa ahora a Asturias para tocar con la OSPA. ¿Qué pensamiento le viene a la cabeza al volver a casa después de recorrer los grandes escenarios del mundo?

-Es un poco extraño. Me fui pronto de Asturias, con 16 años, y aunque siempre la recuerdo con calidez, he pasado tanto tiempo fuera que volver me produce una sensación de "déjà vu". Es una sensación de estar en casa pero, al mismo tiempo, sentir la tristeza de que casi me olvido de mis raíces por haber estado tanto tiempo lejos. Soy y siempre seré asturiano, pero es un sentimiento agridulce. Tocar en el Auditorio Príncipe Felipe o en la Laboral es revivir recuerdos.

-Ostenta reconocimientos de la talla del Cleveland o el Chopin. ¿Llega un punto en el que estos galardones quedan a un lado?

-Siempre he visto los premios como herramientas para darse a conocer al mundo. No me importa tanto lo que me hayan dado, sino la oportunidad que me han brindado. Me siento muy agradecido, pero esto es solo el principio; una plataforma para poder expresar en el futuro las cosas importantes que quiero decir con la música.

-Viene de un debut apoteósico en el Auditorio Nacional de Madrid ante 2.000 personas. ¿Qué es lo que más le impactó de esa noche?

-Lo que más ilusión me hizo fue ver a tanta gente joven. Lo considero una gran victoria. Necesitamos que la juventud se interese por cualquier tipo de música y no solo por lo que está de moda. Ver un auditorio lleno de gente joven interesada por la música clásica es algo que me llena de agradecimiento.

-Habiendo estudiado en Europa y Nueva York, ¿ve muchas diferencias en la forma de enseñar música?

-Son aproximaciones opuestas al inicio, pero en el trasfondo son iguales. Lo que sí tengo claro es que cambiaría muchas cosas de la educación musical actual. La enseñanza debe personalizarse; hoy las asignaturas están completamente separadas y no hay un hilo conductor con la vida real. Muchos alumnos salen de la universidad y se dan cuenta de que el mundo real no tiene nada que ver con lo que han estudiado. La educación está encasillada en juntar a todo el mundo cuando cada uno tiene un talento particular que habría que potenciar de forma individual.

-Mantiene una conexión muy especial con Japón. ¿De dónde nace ese vínculo?

-De niño me acerqué a su cultura a través de los videojuegos de Nintendo, pero la conexión profesional llegó por la enorme pasión que tienen los japoneses por el concurso Chopin. Allí se sigue mucho más que en cualquier otro lugar. Esa unión hizo que nos encontráramos y ahora estoy casado con una japonesa, hablo el idioma y paso allí todo el tiempo que puedo. Me influye mucho su cultura: la humildad, la paciencia y esa forma de ver el mundo sin hablar antes de tiempo.

-Es conocida su afición por los coches y los videojuegos. ¿Influyen estos hobbies en su música?

-Cualquier actividad humana influye. Se pueden buscar símiles entre disciplinas que parecen no tener relación. Por ejemplo, la preparación psicológica de un tenista es casi idéntica a la de un pianista antes de un recital: la disciplina, la largura de la preparación... Incluso en la ingeniería; la complejidad de las miles de piezas móviles de un piano tiene mucho que ver con la ingeniería de un motor o la aerodinámica de un coche de carreras. Al final, el piloto y el pianista controlan máquinas complejas.

-¿Qué poso le gustaría dejar en el público que acuda a verle en la Laboral o en el Auditorio?

-Me gustaría dejar un buen sabor de boca. La última vez que toqué en la Laboral tenía 10 u 11 años y no era consciente de lo que significaba el público. Ahora, con más conciencia, quiero entregar un pedazo de mí. Es curioso, porque nací en el Hospital de Cabueñes, justo enfrente de la Laboral. Tocar allí es enlazar directamente al Martín niño con el adulto. Es dejar mi mano en Gijón.

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