Miguel Ángel, el portero de Gijón que se enfrentó al infierno para extinguir un incendio: "No pensé en el riesgo"
El conserje del nº 12 de la avenida Torcuato Fernández-Miranda se ha erigido en héroe de sus vecinos al extinguir un incendio: "Lo importante es que no hay nadie grave"

VÍDEO: Carlos Tamargo / FOTO: Ángel González
Con la voz ronca por la inhalación de vapores tóxicos y recuperándose del susto, Miguel Ángel Porrero repasa para LA NUEVA ESPAÑA lo que fueron "unos momentos de miedo" que pasó cuando este lunes entró sin pensarlo dos veces a sofocar un incendio ocurrido en un primer piso del portal 12 de la calle Torcuato Fernández-Miranda de Gijón. Porrero, portero del edificio de cuatro bloques y más de cincuenta pisos, salvó lo que podía haber sido una tragedia mayor que, al final, se saldó con el inquilino del piso herido por quemaduras leves y él con la garganta infectada.
"Hice lo que pude", resume con humildad el trabajador, natural de Bolaños de Calatrava (Ciudad Real), que lleva ejerciendo como portero del edificio durante más de cuatro años. En realidad, hizo mucho más de lo que demanda su puesto, ya que fue el responsable de extinguir el incendio antes de que los bomberos, que tardaron menos de un cuarto de hora en actuar, se personaran en el lugar. "Fue un vecino el que me llamó, sobre las nueve de la mañana, para decirme que se estaba quemando un piso", recuerda Porrero, que prosigue en su narración de los hechos. "Me encontré al propietario aquí (en el portal), muy quemado", detalla Porrero.
"El hombre, ante la impotencia de no poder apagar el fuego que empezó en la cocina, salió del piso y cerró la puerta para esperar a los bomberos, que los había llamado", expresa el portero que, previamente, se había percatado de que olía a quemado, pero pensó que era una máquina que estaba trabajando en las inmediaciones del edificio, ya que no encontró el fuego. "Enseguida subí, cogí el extintor, abrí la puerta y me dirigí a la cocina donde descargué el extintor por completo", enumera el improvisado bombero.

Las ventanas del piso afectado, en el primer piso del edificio de la avenida de Torcuato Fernández-Miranda. / Ángel González
En el interior, la humareda le hacía imposible ver algo, pero como "todos los pisos son iguales", supo a donde dirigirse. "Parecía el infierno, no por el calor que no lo noté, sino por las llamas que salían de la cocina", detalla Porrero que añade. "Estaba todo oscuro, solo veía el reflejo de las llamas. La ventana del salón estaba abierta, pero no se veía nada. Me guie por el resplandor de las llamas", rememora. Tras acabar con la carga del extintor, se asomó a la ventana a tomar aire, fue ahí cuando vio que habían llegado los bomberos.
"Me guie por el resplandor de las llamas"
Una vez fuera, supo que el fuego se originó cuando el propietario, que estaba cocinando el desayuno, se fue un momento al baño, escuchó un fuerte golpe y cuando regresó a la cocina, se encontró con las llamas y el filtro de la campana sobre ellas. Intentó apagarlas con lo que pudo, pero se acabó quemando parte del hombro derecho, el cuello y parte del pecho.
"Hablo con él todos los días. Está en el HUCA y, dentro de las quemaduras no son graves, más bien superficiales, tiene que estar en reposo", cuenta Porrero al que tanto el vecino afectado, como el resto de inquilinos, se han preocupado por su salud y le han agradecido su heroico acto. "Me llevo bien con todos los vecinos, pero justo este, al estar tan cerca, tenía una relación más cercana. Es algo que le podía pasar a cualquiera", matiza Porrero.
"No pensé en el riesgo"
Para combatir las llamas, Porrero solo tenía el extintor, un chaquetón gordo con el que se tapó la boca y un gorro. "En el momento no notaba nada. Me preguntaron los bomberos que si respiraba bien y les dije que sí, pero al poco tiempo me empezó a escocer la garganta y llamaron a otra ambulancia", explica el portero. Durante el resto del día no empeoró, fue al despertarse a la mañana siguiente cuando los efectos de inhalar los vapores hicieron efecto. "Lo importante es que no ha sido grave para la salud, pero me dio miedo cuando vi el infierno. Estaba al lado de la caja de la escalera y las llamas podían subir", confiesa el portero.
Su experiencia previa en oficios como restaurados de muebles, en donde se exponía a vapores tóxicos, y formación en riesgos laborables también hizo que su actuación fuera efectiva y no temeraria. "En esos momentos no pensé en el riesgo, solo en coger el extintor y pasar para dentro", asume el portero de unos vecinos que saben que están en las mejores manos.
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