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Crónicas gijonesas: Tres sucesos

En 1916, una gran tormenta se cebó con la ciudad y un rayo derribó parte de la techumbre de la iglesia de San Lorenzo

Crónicas gijonesas

Crónicas gijonesas

Luis Miguel Piñera

Luis Miguel Piñera

Cronista oficial de Gijón

El sábado 23 de septiembre de 1905 a las nueve de la noche la campana de la Estación de Salvamentos de Náufragos comenzó a sonar. Eso era signo ―y los de Cimavilla lo sabían bien― de naufragios y de muerte. Inmediatamente varios marineros del barrio alto salieron en dos traineras desde la rampa junto a la Rula, en auxilio del barco en peligro. Se trataba del barco "Primavera" que era visible desde Lequerica; allí en la Punta muchos playos siguieron expectantes la labor de sus vecinos y lanzaron cabos con un salvavidas amarrado para rescatar, como así fue, a los cinco tripulantes del "Primavera" a quienes dieron ropas, cena y alojamiento durante días. Leemos en "El Comercio": "El buque Primavera tiene como armadores a la viuda e hijos de José Díaz, de Requejada (Santander), no estaba asegurado y venía en lastre"

Cimavilla fue protagonista a lo largo de la historia de múltiples casos de solidaridad como el descrito. Otro anterior. Era la una de la tarde del día 3 de enero de 1902 cuando una gran explosión se oyó en gran parte de Gijón. Había estallado la caldera del buque "Piles" que estaba atracado en el muelle de Abtao, a la altura del entonces número 10 de la calle de Claudio Alvagonzález. Parte del barco, elevándose varios metros, fue a parar rozando las casas, a la calle que hoy conocemos como Óscar Olavarría, entonces calle San Juan Bautista. Los heridos fueron media docena siendo enseguida trasladados por los vecinos de Cimavilla al Hospital de Caridad y los destrozos en la zona fueron múltiples, pero lo más grave consistió en el fallecimiento de quien hacía las más humildes labores de cocina en el "Piles" (el "marmitón" en el argot marinero) un chaval de dieciséis años llamado Ovidio Prendes. Llama la atención, lo leemos en "El Noroeste", que uno de los heridos, el responsable de la caldera, Vicente Pérez López, tuviera ochenta años. Todas las crónicas hablaron de la "suerte" de que no hubiera más muertes teniendo en cuenta la concurrido de la zona, el hecho de que en la calle donde cayeron los cascotes no hubiera gente y sobre todo porque a bordo del "Piles" estaban en ese momento, además de Ovidio y los otros seis tripulantes, dos carabineros que resultaron ilesos así como varios braceros que descargaban carbón.

Otro suceso. Muchos años más tarde. En la madrugada del 10 al 11 de diciembre de 1916 descargó sobre Gijón una tormenta muy notable. Ya los días anteriores habían tenido lugar inundaciones en barrios y centro de la ciudad debidas a la gran cantidad de agua caída pero en esas horas nocturnas los truenos y rayos fueron múltiples y muy intensos. A la temprana hora de las seis menos diez de la mañana un rayo derribó parte de la techumbre de la iglesia de San Lorenzo que en aquel entonces no hacía más de quince años desde su inauguración. Recordemos que esta iglesia en Los Campinos de Begoña, nuestra Notre Dame local, fue diseñada y comenzó a construirse en 1890 por el arquitecto nacido en Logroño Luis Bellido González también autor en Gijón de la iglesia de las Agustinas Recoletas en Somió (1896), el edificio "Simeón" en San Bernardo con Munuza (1901), el Asilo Pola hoy museo Nicanor Piñole (1903), el palacio Bauer en Somió (1903)...

La primera misa tuvo lugar el 10 de agosto de 1901, no casualmente día de San Lorenzo. Tal como la vemos hoy, con torres menos altas que las originales, es producto de la reconstrucción de 1940 con un proyecto del arquitecto Manuel García Rodríguez. A pesar de lo temprano de la hora, la iglesia no estaba vacía aquella madrugada de diciembre de 1916. Se estaba celebrando una misa a la que asistían veinte personas congregadas ante el sacerdote jesuita padre González que, justamente en ese instante de la caída del rayo, estaba dando la comunión a algunos de los fieles. En ese momento se apagó la instalación eléctrica y la veintena se alarmó al oír un estruendo como de cascotes cayendo; concretamente fue el derrumbe en la parte izquierda del templo y por los huecos del techo comenzó a entrar a raudales el agua inundando los confesionarios de esa zona.

No hablemos de cosa diabólica pero el cura y los demás testigos manifestaron a la prensa que les asombró "un potente olor a azufre que llenó la iglesia". Por aquella tormenta no hubo desgracias personales ni aquí ni en otras partes de Gijón. Bien es cierto que sí heridos; concretamente lo fue el sereno José Barbas, que se encontraba de servicio en la carretera de Ceares. Las heridas del sereno fueron muy leves , prácticamente una ligera indisposición, pero la fantasía popular hizo que se le diera por muerto prácticamente durante todo el día y que sólo fuera al atardecer cuando ya se difundió la realidad y el propio sereno tranquilizó a los vecinos.

Un poco más tarde de la caída de ese rayo, cerca de las siete de la mañana, el faro de Candás fue destruido por la misma tormenta. Tampoco hubo heridos aquí a pesar de que en el faro dormían el farero, su mujer y dos hijos. En dos mil pesetas fueron evaluadas las perdidas en el faro de Candás. El rayo entró en la cocina, en la habitación donde dormían las hijas y destruyó puertas y ventanas que fueron lanzadas a cuatro metros de distancia.

Tres sucesos | COLECCIÓN ANABEL ENTRIALGO

Cine Pumarín. | COLECCIÓN ANABEL ENTRIALGO / .

Retrato de Gijón

Cine Pumarín

El cine Pumarín estuvo ―ahí lo vemos muy solitario― en la actual avenida de Gaspar García Laviana esquina con la calle La Alcarria. Cuando se derribó se levantó el edificio que hoy vemos y que albergó en su planta baja una sucursal de la Caja de Ahorros de Asturias. Estuvo activo el cine Pumarín desde el 27 de octubre de 1962 (se inauguró con "Titanes de la montaña") hasta veinte años más tarde. Era obra de los arquitectos Miguel Díaz Negrete y Juan Manuel del Busto, y contaba la prensa el día de la inauguración: "Es el cine mayor de Asturias, más de 900 butacas. El patio de butacas, con excelentes condiciones acústicas, permite desde cualquier posición observar con toda claridad la pantalla".

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