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El Año Nuevo chino del caballo, una tradición al galope en Gijón

Los orientales gijoneses celebraron el cambio de ciclo en familia, entre "hongbaos" y festines, donde brindaron por un curso lleno de "éxitos"

Lola Chen, en el Bazar Felicidad de la calle Marqués de Casa Valdés. | O. L.

Lola Chen, en el Bazar Felicidad de la calle Marqués de Casa Valdés. | O. L.

Gijón

Mientras Gijón disfrutaba de los excesos festivos del Antroxu, otra celebración, esta milenaria, tomó algunas casas de la ciudad. El pasado martes, el calendario lunar dio la bienvenida al Año Nuevo del caballo de fuego, la festividad china que para más de 1.400 millones de personas en todo el mundo representa el inicio de la primavera y el comienzo de un nuevo ciclo, el del año 4724 de su era. En Gijón, donde la comunidad china es pequeña, pero profundamente arraigada, la fiesta se celebró en la intimidad familiar, entre "hongbaos" –los sobres rojos con dinero que se les entregan a los niños, una especie de aguinaldo– y grandes banquetes, donde el pescado es una pieza clave que simboliza la abundancia del ejercicio que termina y su transmisión para el siguiente. Los chinos gijoneses comparten todos buenos augurios para el curso que entra, protagonizado por un animal que simboliza que "todo lo que hagas tendrá éxito" y con la mirada enfocada a un futuro de prosperidad para sí mismos y su país de origen.

Wei Wu, del restaurante Hong Kong, frente a la estación de autobuses.

Wei Wu, del restaurante Hong Kong, frente a la estación de autobuses.

En pleno Muro de San Lorenzo, el restaurante "Mi Paisano" es un hervidero auténtica comida tradicional china. Allí, Yuanyuan Xu y su marido, el chef Shuangjun Zhu, explican que la celebración habitualmente es, ante todo, una reunión de linajes. "Se juntan padres, hijos y abuelos; nos juntamos todos", explica Yuanyuan. En su mesa no suele faltar el festín tradicional: "Preparamos unos veinte platos, ocho fríos y doce calientes".

Gran comida entre miembros de la comunidad asiática y alumnos de la academia de chino «Panda y Tola», este domingo, en el restaurante Mi Paisano, en el Muro de San Lorenzo, para festejar el Año Nuevo.

Gran comida entre miembros de la comunidad asiática y alumnos de la academia de chino «Panda y Tola», este domingo, en el restaurante Mi Paisano, en el Muro de San Lorenzo, para festejar el Año Nuevo.

Entre ellos, el pescado es innegociable y debe servirse entero. "Simboliza que siempre tengas de sobra, abundancia", apunta. Henry Chacón, que ha trabajado con el matrimonio y conoce bien sus costumbres, lo define con claridad: "Vivir un Año Nuevo con ellos es sinónimo de comida a lo grande. Es un despliegue de hospitalidad donde la mesa nunca se ve vacía". Al hilo, ayer el local bulló con una gran reunión de miembros de la comunidad china y alumnos de la academia del idioma "Panda y Tola", de Oviedo, que congregó a 50 comensales.

La pareja, de Hangzhou y asentada en Gijón desde 2019 tras un paso por Bilbao, reivindica la cocina de verdad frente al "arroz tres delicias" adaptado al gusto español. "Nuestros tallarines se hacen a mano, son más duros y consistentes, como nos gustan en China", explica mientras recuerda anécdotas de del país, donde la paella se sirve "con mayonesa". Pero más allá de los fogones, la tradición dicta el destino: Yuanyuan menciona el "Shengchen Bazhi", la compatibilidad basada en la hora de nacimiento, y la curiosa regla de los tres años: "Si el marido es tres años mayor que la mujer, se dice que no es bueno para el matrimonio".

Una especie "de Nochebuena"

Unos metros más allá, en la calle Marqués de Casa Valdés, Lola Chen atiende el Bazar Felicidad con un español perfecto por haber crecido en Gijón. Para ella, el Año Nuevo Chino es su propia "Nochebuena". "Al estar trabajando lo celebramos de forma más íntima, cenando en casa con mis padres", comenta. Lola desgrana los rituales domésticos que mantienen viva su raíz en Zhejiang: estrenar ropa de pies a cabeza para renovar energías y preparar "Jiaozi" (empanadillas) en familia. "Es un momento precioso; unos amasan, otros rellenan... a veces escondemos una moneda dentro y al que le toca tiene especial buena suerte".

En las puertas, las tiras de papel rojo con caligrafía negra invocan paz para las cuatro estaciones. Es el preludio de la Fiesta de los Faroles. También se consumen "Tangyuan" (bolas de arroz dulce) y se resuelven acertijos escritos en lámparas de papel. Su tío, presidente de la Asociación de Chinos en Asturias, Fengchao Chen, ha sido motor de celebraciones colectivas en Lugones otros años, aunque Lola admite que tras tantos años en Gijón, ya celebra el 31 de diciembre occidental con casi la misma intensidad que el evento chino: "El ambiente de la calle aquí también nos anima mucho".

"Aguinaldos" digitales

Frente a la estación de autobuses, Wei Wu, del restaurante Hong Kong, brinda por los 20 años que lleva integrado en la ciudad. Para él, el Año del Caballo es sinónimo de rapidez y avance. "Estamos felices porque China está cada vez más fuerte y avanzada", afirma con orgullo, mencionando incluso los progresos tecnológicos de su país. Esa modernidad ha llegado incluso a los milenarios "hongbaos". "Ahora los sobres rojos también se mandan por el móvil, por WeChat", explica. Sus padres le envían transferencias digitales desde China para que él se las entregue a su hija.

A pesar de la distancia y de que el Antroxu haya solapado los festejos públicos, Wu mantiene el espíritu del caballo: "Deseo salud y que España y China sean los mejores amigos del mundo". En su restaurante, como en el resto de hogares chinos de la ciudad, el brindis es unánime por un año en el que, como dice el proverbio, el éxito galope a la par que sus sueños.

La entrada del Año del Caballo es vista con esperanza. "El caballo simboliza correr y llegar lejos. Hay un dicho, "Ma dao cheng gong", que asegura que con la llegada del animal, el éxito está garantizado", comenta Wei Wu. Es un año para avanzar, un espíritu que encaja con la filosofía de una comunidad que, según Wu, "cada vez es más fuerte y avanzada".

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