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El doble puzle de la calle Corrida

Un recorrido por la histórica vía del centro de la ciudad, cuyo origen es el de cuatro tramos más pequeños fusionados

Fotografía en la que puede verse la rejilla de una de las canaletas de desagüe del Boulevard (1924)

Fotografía en la que puede verse la rejilla de una de las canaletas de desagüe del Boulevard (1924) / C. Suárez / Muséu del Pueblu d’Asturies

Héctor Blanco

Héctor Blanco

Historiador

De entre el amplio callejero de Gijón la calle Corrida sigue siendo un referente, uno de esos pocos lugares que todo el mundo que conozca mínimamente el concejo sabe situar sin vacilación. Seguimos viéndola como nuestra calle principal y cuenta además con la pátina añadida de los lugares definidos como "de toda la vida" aunque, y no son pocos en la ciudad, su configuración se determinó no hace ni dos siglos y medio. Fue a partir del "Plan de Mejoras" ideado por Gaspar de Jovellanos en 1782 cuando esta vía se planteó como la conexión principal entre la carretera de Castilla y el puerto, extendiéndose entre los Cuatro Cantones –la actual plaza de Italia– y la entonces también recién creada Puerta de la Villa. En todo caso lo que hoy vemos como una unidad es la suma de cuatro tramos viarios fusionados, en realidad un pequeño puzle.

Sobre esta calle mucho ya se ha escrito y no cabe duda de que mucho se seguirá escribiendo. De entre quienes han investigado y reflexionado respecto a su origen quizás ha sido Agapito González Ordóñez quien a comienzos de este siglo abordó ese reto con mayor cariño y, a la par, con aguda perspicacia. Don Agapito, un trabajador tan infatigable y generoso en favor del interés público como discreto y reacio al reconocimiento, dedicó un abundante número de años de su jubilación a elaborar de manera altruista índices y catálogos de una gran parte de los fondos del Archivo Municipal, unos instrumentos de descripción que aún hoy son esenciales para las consultas.

También empleó su tiempo en investigar sobre temas locales, sobre los misterios que albergaba la ciudad en la que había nacido y vivido toda su vida y con los que se había ido topando a lo largo de los años sin encontrar una respuesta que le resultase certera. Esa curiosidad y ese afán de conocimiento le llevó a redactar un abundante número de pesquisas históricas inéditas que, por suerte, autoeditaba artesanalmente y que nos hacía llegar a algunos afortunados así como, invariablemente, al Archivo. Uno de ellos titulado "Calle Corrida (fantasía)" es quizás uno de los textos más reveladores y rigurosos de entre los realizados para desentrañar la complejidad de la evolución de esta calle.

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Una de las rejillas que se conservan en la actualidad. / .

Como bien detalla este trabajo, Corrida no fue en su origen una vía única, tuvo su germen en los citados Cuatro Cantones comenzando como una callejuela de salida desde la Bajovilla hacia el Humedal. De ahí que su nombre original fuese calle de la Güelga o Huelga, lo que en asturiano es el término propio de un terreno pantanoso que entonces comenzaba en el entorno meridional de la plaza del Carmen. A ese tramo también le correspondió el término paralelo de calle de la Cruz –obviamente por alguna existente en la zona, no cabe descartar un crucero– y de ahí que su ampliación meridional se nombrase como calle Ancha de la Cruz al configurarse con mayor latitud de la que contaba aquel callejón inicial y todo el enrevesado viario de la zona. A a finales del siglo XVIII esta génesis se vio integrada en el desarrollo del referenciado plan urbanístico jovellanista, contrastando esos dos irregulares tramos viarios iniciales con su prolongación mediante unta traza uniforme y rectilínea entre las actuales plazas del Carmen y del Seis de Agosto.

No plantea mucha duda que ese nuevo tramo de calle, con un trazado continuo o "corrido", mantuvo un tiempo su carácter propio entendiéndose en sus inicios, según se desprende de algunos documentos, como un vial con identidad independiente. Sin embargo esa parte más reciente, "la corrida", fue la que acabó por imponer su denominación a la totalidad de esta vía pública si bien su tramo inicial siempre mantuvo sus peculiaridades e identidad e incluso sumó un nuevo sobrenombre –El Boulevard– en las décadas anteriores y posteriores a 1900.

A esta historia hay que sumarle una última pieza que no suele contemplarse: el actual inicio de la calle Corrida antes del cruce con la calle San Antonio era el tramo final de la calle Trinidad hasta que el Ayuntamiento acordó ese cambio aún no hace un siglo. De hecho la rehabilitación una década atrás del edificio Siemens (Corrida 1) descubrió la placa con el nombre de la calle Trinidad que le correspondió durante siglos y que llevaba oculta desde hacía años tras el recubrimiento ornamental de uno de sus bajos comerciales.

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Una de las últimas imágenes de las rejillas en su lugar original. / C. Suárez / Colección Hevia Mendiguren

La evidencia nos muestra así que la calle Corrida es un puzle viario, en el callejero es hoy una unidad pero realmente fue fruto de un proceso sumatorio en el que cada pieza supone una fase histórica del urbanismo local. Pero Corrida, esa calle hecha con varias piezas, también ha generado en su devenir otro puzle: el que constituyen los trozos de construcciones y de mobiliario urbano que radicaron en ella y que hoy están dispersos por otras zonas de la ciudad. Porque Corrida fue a la par puzle y también un hermoso desguace.

Algunos elementos icónicos de la calle

Como ya se ha contado con detalle en estas mismas páginas en ocasiones anteriores, de sus edificios se conserva en jardines particulares de El Bibio el león rampante que remataba el edificio del café "Lion d’Or" así como una gárgola de la fachada modernista de la propiedad de Antonio Quesada, ubicada en el último tramo de la calle y muy próxima al Teatro Robledo. Respecto al mobiliario urbano histórico, algunas farolas de fundición colocadas en 1899 en el Boulevard de Corrida sobreviven mutiladas en el campo de la iglesia de Somió, mientras la columna del singular reloj luminoso ubicado en el cruce con Munuza y colocado en ese mismo año languidece hoy abandonada en el parque de Isabel la Católica.

Ahora a ellos cabe sumar un par de piezas de fundición localizadas por una azarosa casualidad en un umbral de la calle La Merced. Se trata de dos rejillas provenientes de las canaletas de desagüe longitudinales con que contó ese primer tramo de la calle.Con más de un siglo de antigüedad y después de haber estado en servicio más de media centuria, alguien tuvo la feliz idea de reaprovecharlas cuando quedaron en desuso hacia 1970. Aún hoy puede leerse nítida en ellas la marca de fábrica de la Fundición Acebal y Rato, a la vez que muestran un elegante diseño propio de las mejores artes industriales de su época. Este par de chapas de hierro fundido de apenas un metro de largo por 30 cm de ancho son otra parte más del puzle de la calle Corrida, dos elementos a sumar a nuestro mobiliario urbano histórico y una tangible conexión con un evocador pasado no del todo perdido.

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