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Feten estrena en Gijón sus dos nuevas localizaciones con un "therian" y mucho clown

El evento de artes escénicas reclama espacio vital en la ciudad y estira su oferta hasta los 24 espacios escénicos

VÍDEO: Actuaciones de Feten en ubicaciones inéditas en Gijón

Oriol López / Ángel González

Hay para quien, según su opinión, Gijón seguramente es una ciudad «de bandera», sobretodo para sus oriundos. Dejando a un lado los gustos personales y ciñéndose a la literalidad, banderas de todo color y condición ondean en la ciudad, empezando por la enseña de Pelayo y terminando por las de baño en San Lorenzo. Estos días la ciudad luce otras, azules, en diversos puntos y que son sinónimo de cultura, las distintivas Feria de Artes Escénicas para niños, niñas y familias (Feten). En esta edición, el evento reclama espacio vital, se estira hasta las 24 localizaciones y pone su enseña en dos nuevos territorios, la Ciudadela de Celestino Solar, en Capua, y la plaza del Humedal, que ayer se estrenaron y ofrecieron sendos espectáculos a los gijoneses en los que el denominador común fue que no hubo palabras de los actores, que dieron un recital de clown («Woof»), por un lado, y de teatro mudo y equilibrista por otro («Domte»).

Aquellos que se congregaron a eso de las cinco de la tarde en la antigua barriada obrera, hoy reconvertida en museo, se encontraron una propuesta escénica cuya estrella es lo que se puede llamar un «therian», es decir, esas personas que se identifican, en cierto modo, como animales, en este caso un perro antropomórfico encarnado por el actor catalán Pere Hosta, que consiguió que se asomasen a las ventanas incluso los vecinos que dan al patio de manzana donde se ubica el complejo.

La sintonía entre Hosta y el más de medio centenar de personas a los que atrajo la actuación fue rápida, en principio gracias a su cajón de sastre, que funcionó durante casi toda la obra como catalizador al sacar de él objetos que hacían avanzar la comedia saltando de gag en gag.

Los estiramientos que desperezaron al perro con unas gomas de gimnasia, dieron paso a que el catalán se pusiera la correa al cuello e invitase a que lo paseasen, a la par que haciendo perrerías como lametones al público –con el que se enzarzó hasta por un hueso–, gruñidos y la participación estelar de un niño, que se puso el rabo junto a «Woof» y casi salta hasta por el aro.

En cuanto a la plaza del Humedal, fue la localización que acogió el pase de «Domte», de la también catalana compañía de Nacho Flores, que ofreció esta segunda función en esta edición de la feria, inaugurada el pasado domingo.

En este caso, la puesta en escena es puramente rural e igualmente muda, únicamente con gritos y gorjeos, y aunó el humor, la música y el equilibrismo. Los gestos graciosos, una instrumental impactante con elementos de percusión como el bombo, la madera, panderetas, xilófonos o carracas, que contribuyó a crear tensión hasta la apoteosis final en la ubicación callejera, donde Feten clavó por primera vez su bandera.

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