Feten pone desde Gijón a la inclusión en el centro del debate escénico internacional: “Si no existe accesibilidad, estamos discriminando”
El IX Encuentro Internacional reúne en la ciudad a creadoras y gestoras culturales de cinco países para abordar la accesibilidad real en las artes escénicas para la infancia

Dagmar Domrös, Idoia Ruiz de Lara, Natalia Casielles, Aitor Martínez, Montserrat López, Dalija Acin Thelander, Verónica Rodríguez, Cristina Arroyo y Marta Galli. / Marcos León
La Feria Internacional de Artes Escénicas para Niños, Niñas y Familias (FETEN) convierte Gijón en un foro internacional de reflexión sobre inclusión y cultura con la celebración del IX Encuentro Internacional, dedicado este año a la accesibilidad en las artes escénicas. Bajo el lema “Un escenario para todas las personas”, el debate reunió experiencias de Alemania, Italia, Suecia y Jordania y dejó un mensaje común: la inclusión no puede plantearse como una adaptación posterior, sino como la base misma del proceso creativo.
La concejala de Cultura, Montserrat López Moro, abrió la sesión subrayando que la accesibilidad “no es una línea secundaria de trabajo, sino una responsabilidad institucional”. Recordó que hablar de cultura accesible implica abordar barreras físicas, sensoriales, cognitivas y económicas, y defendió que las artes escénicas dirigidas a la infancia “son el primer contacto con la cultura, el lugar donde se construye la imaginación, la empatía y el sentido de pertenencia".
Cristina Arroyo, coordinadora de Acerca Cultura Madrid y moderadora del encuentro, aportó el marco social. Recordó que cientos de miles de personas en España siguen sin acceder a la oferta cultural y defendió que la accesibilidad debe entenderse como un derecho cultural. “La inclusión es justicia y la inclusión es equidad. La inclusión es proponer la diversidad de todas las personas para darle lo que necesitan y que todo el mundo pueda tener igualdad de oportunidades”. Y recordó una idea clave que atravesó toda la jornada: “Sin accesibilidad no hay inclusión”.
Pero fueron las cuatro invitadas internacionales quienes aportaron experiencias concretas, en muchos casos radicales, sobre cómo transformar realmente la práctica escénica.
Alemania: “¿Es legítimo decir que un espectáculo es para todos?”
Dagmar Domrös, codirectora artística de Theater o.N. y del festival FRATZ International en Berlín, explicó el proceso de revisión crítica que emprendieron hace años. “Nos preguntamos quiénes somos y para quién estamos haciendo arte. Nos dimos cuenta de que éramos un equipo mayoritariamente blanco y sin diversidad funcional, y que nuestro programa reflejaba eso”.
Una de las primeras preguntas que se hicieron fue aparentemente sencilla. “Escribíamos que un espectáculo era ‘para todos a partir de dos años’. Y nos preguntamos: ¿es legítimo decir que es para todos? Puede que no sea para niños ciegos. Puede que no sea para niños sordos o para niños neurodivergentes que no pueden o no quieren estar sentados media hora”.
A partir de ahí comenzaron a formarse en diferentes ámbitos. Implantaron funciones relajadas en su festival regional, contó que “la invitación era a todas las personas que se sintieran más cómodas en una atmósfera inclusiva. Menos aforo, opciones de sentarse en pufs o incluso tumbarse, poder salir y volver a entrar, nunca apagar del todo las luces”.
Subrayó que la clave no es aplicar todas las medidas, sino comunicar con claridad. “Se trata de escribir descripciones muy detalladas para que cada persona pueda decidir de forma independiente si quiere venir o no, sin tener que llamarnos para preguntar”.
También explicó el reto de programar piezas específicamente dirigidas a infancia con discapacidad, pero ese esfuerzo, afirmó, transforma el propio proceso artístico. “Pensar en la accesibilidad cambia nuestra forma estética de trabajar”.
Suecia: “El teatro debería ser una micro-utopía”
La coreógrafa Dalija Acin Thelander, de Sensuous Performative Ecologies, llevó el debate a un terreno aún más estructural. Su investigación académica en Suecia cuestiona el propio formato convencional del teatro infantil. “Estamos todos sentados de la misma manera, bajo la misma luz. Este espacio no parece permitir comportarse de forma diferente”, señaló al comienzo de su intervención.
Su práctica, explicó, busca “corresponder, apoyar y respetar las distintas modalidades de ser, percibir y comportarse”. Y lanzó una crítica directa a los formatos heredados. “Tenemos un formato teatral convencional de 40 minutos. ¿Por qué? Porque se dice que los niños no pueden estar sentados 30 minutos. Yo no puedo estar sentada 30 minutos”.
Para ella, el problema no es la duración, sino la imposición del control. “Si atas a un niño a una silla durante 30 minutos, claro que va a explotar”. Su propuesta pasa por la inmersión y la descentralización del espacio: “No eres una artista que controla todo. Cada movimiento, cada interacción se convierte en parte de la obra”.
Defendió la comunicación afectiva por encima del lenguaje verbal. “El movimiento es fundamental. El movimiento viene antes que el lenguaje. Todo contiene movimiento y todo transmite experiencia afectiva”. Y formuló la idea de que “las artes escénicas deberían ofrecer algo así como una micro utopía donde los niños no tengan que comportarse como creemos que deben comportarse”.
Jordania: “El arte es un lujo para muchos niños”
Desde Oriente Medio, Dalia Amasheh presentó el Festival Internacional Infantil Alwan. En su país, explicó, “no se ofrece mucho para los niños en términos de teatro y experiencias artísticas”. Por eso el festival incluye un día comunitario no anunciado públicamente en el que invitan a mil niños procedentes de orfanatos, campamentos de refugiados palestinos y sirios o comunidades sudanesas. “Son niños que no tienen el lujo del arte y la cultura y el teatro. Es un lujo en Jordania”, afirmó. “Las sonrisas que vemos ese día son algo muy, muy precioso”.
El momento más duro de su intervención llegó al referirse a Gaza. En 2024 decidieron cancelar el festival y destinar el presupuesto a la iniciativa Alwan Gaza. Lograron realizar 19 actuaciones y llegar a 3.000 niños en campos de desplazados. “Fue increíble ver la resiliencia y la fuerza de la gente de Gaza para poder actuar pese a todas las circunstancias”. Y concluyó, “para la gente de Gaza, el arte y la cultura han sido cruciales. Es la prueba de que este tipo de arte es tan importante en cualquier situación y debería ser un derecho para todos”.
Italia: “La accesibilidad no es un añadido”
Marta Galli, de ArteVOX Teatro (Milán), fue contundente. “La accesibilidad para nosotros no es un añadido. Es una elección y un compromiso estructural”.
Presentó proyectos como The Secret Garden, una experiencia sensorial inmersiva para personas en el espectro autista, o el Slash Festival, dedicado a la accesibilidad en las artes escénicas. “Queremos abrir el escenario a cuerpos diversos y ampliar el imaginario de la infancia”, afirmó.
Denunció además una barrera estructural en Italia. “Los artistas con discapacidad no pueden entrar en las escuelas académicas de teatro o danza porque se les exige un certificado médico que diga que están sanos”. Subrayó la importancia de la co-creación. “No soy una persona con discapacidad. No puedo experimentar en mi vida las necesidades reales. Necesito preguntar. Necesito co-crear con ellos”.
Y recordó una cifra: “En Europa, aproximadamente 87 millones de personas viven con discapacidad. Si nuestras instituciones culturales no son accesibles, estamos excluyendo estructuralmente a una parte significativa de la sociedad”.
Un consenso claro: la accesibilidad no es caridad
Las cuatro intervenciones coincidieron en un punto: la accesibilidad no es una concesión, ni una actividad paralela, ni un gesto puntual. Es una transformación profunda del modo de producir, programar y concebir el arte.
Como resumió Cristina Arroyo al inicio del encuentro, “la accesibilidad es beneficiosa para el 100% de la población. No es un coste, es una inversión. Si no existe accesibilidad, estamos discriminando”.
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