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Tributo a Magnus Blikstad en Gijón cien años después de su muerte con el hallazgo de la tumba de uno de sus hijos en El Sucu

El Ateneo Obrero impulsa un homenaje al industrial noruego descubriendo una placa en El Sucu en la tumba de su hijo, recuperada gracias a Héctor Blanco y Luis Miguel Piñera

Por la izquierda, Luis Pascual, Luis Miguel Piñera y Héctor Blanco, en la calle Magnus Blikstad con la placa que da nombre a la vía.

Por la izquierda, Luis Pascual, Luis Miguel Piñera y Héctor Blanco, en la calle Magnus Blikstad con la placa que da nombre a la vía. / Ángel González

Pablo Palomo

Pablo Palomo

Laviada

José Arcadio Buendía le dejó dicho a Úrsula Iguarán en "Cien años de soledad" que uno no es realmente de ningún sitio hasta que no tiene un muerto bajo tierra. Siguiendo esta lógica y sumando argumentos como el haber vivido una década en la ciudad, haber sido uno de los industriales más importantes de su época, o ser parte clave en la fundación del Ateneo Obrero, se puede decir que Magnus Blikstad era un poco gijonés. Mañana se cumplirá un siglo del fallecimiento del industrial noruego y, coincidiendo con la efeméride, el Ateneo Obrero impulsa un importante homenaje a su figura. Se hará una ofrenda floral y se descubrirá una placa en la tumba de Haakon Napoleon Blikstad, el hijo del empresario enterrado en el cementerio civil de El Sucu, tumba que, hasta la fecha, se le había perdido completamente la pista.

"Es una forma de recuperar una parte muy importante de nuestra historia", explican Luis Pascual, presidente del Ateneo Obrero, y Luis Miguel Piñera, cronista oficial de Gijón, y el historiador Héctor Blanco, ambos colaboradores de LA NUEVA ESPAÑA, los cuales no solo participarán en el homenaje de este sábado junto a la concejala de Cultura, Monserrat López Moro, sino que han jugado un papel clave para localizar la tumba del pequeño Blikstad. La tumba, concreta Piñera, está cerca de la de Rosario de Acuña, y no es que no se supiera de su existencia, sino que su rastro había desaparecido.

Arriba, por la izquierda, Luis Pascual, Luis Miguel Piñera y Héctor Blanco, en la calle Magnus Blikstad con la placa que da nombre a la vía; a la izquierda,  el homenaje en Gijón en 1926 tras la muerte del empresario . A la derecha, la tumba en El Sucu de Haakon Napoleon Blikstad.  | ÁNGEL GONZÁLEZ

La tumba en El Sucu de Haakon Napoleon Blikstad. / ÁNGEL GONZÁLEZ

Del entierro del pequeño Blikstad, el tercero de los ocho hijos del empresario, se dio cuenta en la prensa de la época. Falleció en febrero de 1897 de meningitis. Tenía cuatro años. Sin embargo, la sepultura llevaba décadas olvidada en Ceares. Durante la postguerra se retiró la placa con el nombre del crío. Fue, concreta Blanco, una maniobra más de tantas que hubo en esos tiempos por minimizar la vinculación de Blikstad con Gijón. "Era un empresario algo incómodo para el régimen. Trataba bien a sus trabajadores, repartía los beneficios, ayudó a fundar el Ateneo Obrero, dio dinero para su sede y no era católico, sino luterano, acuña el historiador.

Magnus Blikstad falleció el 28 de febrero de 1926. En Gijón vivió entre 1888 y 1899 y, como es de sobra sabido, fundó la Compañía General de Maderas, entre otras muchas cosas. La ciudad le rindió homenaje tras su muerte unos días más tarde. La noticia de su fallecimiento tardó en llegar desde Noruega a Gijón un tiempo. Así, el 8 de marzo, se organizó una ofrenda floral en la tumba de Haakon Napoleon, lugar que Blikstad solía visitar incluso después de haber dejado Gijón. De dicho homenaje había fotos publicadas en la prensa de entonces. Y esas fotos fueron importantes para encontrar la sepultura del pequeño vandalizada.

Gijón honra a Magnus Blikstad un siglo después

El homenaje en Gijón en 1926 tras la muerte del empresario. / LNE

Cuenta Blanco que revisando el cementerio civil de El Sucu no hay ninguna tumba con el nombre de Blikstad. Cegisa tampoco tiene registros de los entierros de finales del siglo XIX. "Comparando las fotos del homenaje y viendo el monumento fúnebre de la tumba pudimos encontrarla. Está vandalizada", detalla el historiador. Blanco encontró en la rasante de la sepultura la firma de los marmolistas, los hermanos Montoussé, que tenía su taller en la calle Uría de Oviedo. "Piñera encontró la descripción del monumento y supimos que fue obra de Arturo Sordo, un autor importante", aclara Blanco sobre una sepultura de piedra en la que ahora mismo solo se lee "en memoria de nuestro querido hijo".

"Con esto lo que buscamos es revertir ese olvido", señalan los tres protagonistas, que mañana, en El Sucu, leerán un texto durante el homenaje. Un homenaje que servirá para hacer justicia a la memoria de una figura clave para la historia de Gijón.

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