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Gijón reconoce al hurón como el nuevo "mejor amigo del hombre": "Aúna las virtudes de perros y gatos"

El borrador de la nueva ordenanza de bienestar animal, debatido el miércoles, ampara a los 68 ejemplares registrados en el concejo y les concede el estatus de animales de compañía

La joven Lucía Martínez con la pareja de hurones "Tlarck"  y "Pinky". A la derecha, Javier Díaz, con "Arwen" y "Gimli" recorriéndolo.

La joven Lucía Martínez con la pareja de hurones "Tlarck" y "Pinky". A la derecha, Javier Díaz, con "Arwen" y "Gimli" recorriéndolo. / Ángel González

Son alargados, extremadamente flexibles y poseen una curiosidad que desafía cualquier rincón de la casa. Pueden dormir hasta veinte horas al día, pero, cuando despiertan, despliegan una energía que mezcla la lealtad juguetona de un perro con la independencia sigilosa de un gato. No ladran ni maúllan, se comunican mediante pequeños ruidos y el lenguaje de los saltos. Se trata del hurón, un animal que hasta ahora habitaba en un limbo administrativo y que, si todo va según lo previsto, recibirá su carné de ciudadano gijonés de pleno derecho inimnentemente. El Consejo Sectorial de Bienestar Animal sometió a debate este miércoles el borrador de su nueva ordenanza municipal que, por primera vez, eleva a esta especie al estatus oficial de "animal de compañía", equiparándolo legalmente a cánidos y felinos, de lo cuáles dicen "aúna las virtudes" de ambos.

En una ciudad donde ya constan 68 ejemplares registrados como la tercer especie más habitual en las familias del concejo, la norma viene a poner orden en la convivencia de una mascota que, aunque minoritaria, cuenta con una comunidad de propietarios entregada, experta y que suele tutorizar a varios ejemplares a la vez.

Para Lucía Martínez, la entrada en vigor de esta ordenanza no es solo un trámite, sino el reconocimiento a una pasión que comenzó de la forma más insospechada hace una década y actualmene cuenta con cuatro ejemplares en su hogar. Su historia con estos animales no fue buscada, sino heredada. "Fue por casualidad. Un exnovio se encaprichó de uno y, cuando la relación terminó, el animal se quedó conmigo. Me enamoré perdidamente de ellos", relata. Aquel primer compañero se llamaba "Tulac" y fue detonante de una larga estirpe de rescates y cuidados.

Esta gijonesa representa la cara más solidaria de la tenencia de hurones. A "Tulak" le siguió "Leopoldo", un ejemplar que encontró abandonado en la calle que le dio nombre, Leopoldo Alas Clarín. Después llegaron "Adur", rescatado de un contenedor de basura en Basauri (Bilbao) y "Richard", un hurón que apareció deambulando por las calles de Burgos, sumido en el pánico.

Tras un paréntesis necesario para superar el duelo de sus pérdidas, ya que la especie tiene una esperanza de vida que oscila entre los cinco y los ocho años, regresó al mundo de los hurones y actualmente, su hogar es el refugio de "Tlark", "Pinky", "Koda" y "Floqui". El nombre de "Tlark" es un homenaje, un acrónimo formado por las iniciales de sus anteriores compañeros ("Tulak", "Leopoldo", "Adur", "Richard") y "Koda", con la que convive.

Para Lucía, estos animales han sido un pilar fundamental y la discapacidad que padece no es impedimento para darle todos los cuidados que requieren, a diferencia de otras mascotas. "Un perro requiere una energía y unos paseos que yo no siempre puedo dar. El hurón, en cambio, es muy mimoso, se adapta perfectamente al piso y me ofrece una compañía increíble sin la exigencia física de los perros", explica. Su compromiso llega hasta el punto de la aventura, ya que uno de sus hurones ostenta el honor de haber sido "el primero" en completar el Descenso del Sella en canoa.

"Son parte de la familia. Requieren vacunas de moquillo, rabia y, sobre todo, implantes hormonales para evitar el cáncer de adrenales, una enfermedad muy común en la especie", subraya, alineándose con las exigencias de salud que la nueva ordenanza gijonesa pretende supervisar, a la par que advierte que no son "juguetes de jaula". Su piso está totalmente blindado "antihurones", un término que los propietarios usan para describir una vivienda donde cada recoveco ha sido sellado para evitar que el animal se pierda en los muros o bajo el mobiliario.

Permiten la conciliación

Por su parte, Javier Díaz comparte una visión similar, forjada desde un prisma ya técnico y veterano. Este tutor entró en el mundo de los hurones en 2010 por una necesidad de conciliación: quería un animal de compañía, pero su horario laboral le impedía atender a un perro. Tras comprar su primer ejemplar en una tienda —una práctica que la nueva ordenanza prohibirá en favor de la adopción y los criadores oficiales—, descubrió que la desinformación era el mayor enemigo de estos animales.

"Mi primer hurón, 'Sith', me enseñó todo lo que no te cuentan en las tiendas", confiesa el hombre. "Sith" vivió seis años, falleciendo por una cardiopatía, pero dejó grandes lecciones sobre la complejidad biológica de la especie. "He tenido ocho hurones en total. Ahora vivo con "Arwen" y "Gimli", dos hermanos de la misma camada que son, literalmente, el día y la noche", explica sobre los ejemplares, cuyos nombres hacen referencia a personajes de "El Señor de los Anillos".

Sobre cuidados, este dueño es un firme defensor de la dieta natural (BARF). En su congelador no hay solo comida para humanos; hay pollitos de un día y carne cruda, la única forma de garantizar que los hurones, carnívoros estrictos, reciban la proteína necesaria. "El pienso comercial suele ser insuficiente", afirma. Pero si hay algo en lo que pone énfasis es en el fotoperiodo. "En la naturaleza viven en madrigueras. Necesitan entre 12 y 14 horas de oscuridad total para que sus hormonas no se descontrolen. Yo tapo su jaula con una lona negra para simular esa cueva", detalla.

Para Javier, la nueva ordenanza es un paso necesario para acabar con los mitos, como el del mal olor. "Dicen que huelen mal, pero es mentira. Tienen una glándula de estrés, como las mofetas, pero solo la usan en casos extremos. Si el animal está limpio y bien alimentado, no hay problema", asegura. Entre sus anécdotas, recuerda cómo uno de sus hurones, con apenas 200 gramos de peso, fue capaz de amedrentar a un imponente pastor alemán en plena calle solo con su presencia y un pequeño bufido de advertencia. "Son valientes, inteligentes y capaces de aprender comportamientos por pura observación", concluye.

Nuevo marco legal

La inclusión de los hurones en la ordenanza de Gijón no es una cuestión menor. Al ser considerados animales de compañía, sus propietarios estarán obligados por ley a la identificación mediante microchip desde el nacimiento —algo que Lucía Martínez y Javier Díaz ya practican por ética personal— y se controlará de forma estricta su salud pública.

La norma también aborda el límite de animales por domicilio. Aunque el borrador fija en cinco el número de perros y gatos antes de requerir un permiso especial, la equiparación del hurón como animal de compañía abre el debate sobre el hacinamiento en los pisos. Para propietarios que han llegado a tener "familias numerosas" de cinco ejemplares simultáneos, la regulación de las condiciones de habitabilidad es vista como una garantía de bienestar de los animales.

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