Wilbur aterriza en Gijón con un espectáculo de humor, acrobacia y verdad: “Hay que ser el campeón del mundo de uno mismo, no vivir para los demás”
El actor y exgimnasta presenta “Fuego salvaje” el 7 de marzo en el Teatro de la Laboral: “No es solo un show para reír, es algo que te llevas a casa”

Wilbur presentando sus espectáculos. / LNE
Wilbur (Alicante, 1981), nombre artístico de Víctor Ortiz de la Torre, se hizo popular por sus vídeos virales en redes sociales, pero donde realmente se siente en casa es sobre un escenario. El sábado 7 de marzo (18.00 horas) llega al Teatro de la Laboral con “Fuego salvaje”, un espectáculo que define como “brutalmente tierno”: comedia, acrobacia, circo y confesión personal que promete romper expectativas.
¿Quién es Víctor Ortiz cuando no está siendo Wilbur?
Una persona normal y corriente que vive en la Sierra de Madrid, que disfruta del campo, de la naturaleza y de una vida tranquila. Me gusta lo simple.
¿Cómo era de niño? ¿Ya tenía ese punto de payaso o era más bien el deportista disciplinado?
Era un bravo de lagartija. No podía estar quieto, siempre haciendo el mono, subiéndome a barandillas, trepando árboles… Era muy movido. Luego la gimnasia artística me domesticó un poco. Pero siempre he tenido ese punto travieso, aunque con buen corazón.
Fue gimnasta de alta competición. ¿Qué le dejó esa etapa, más allá de los títulos?
Valores que te sirven para toda la vida: disciplina, constancia, aprender que trabajando puedes conseguir resultados… y también que a veces no los consigues aunque hayas entrenado mucho. Eso te prepara para los golpes de la vida. Yo animo a cualquier niño a hacer deporte, el que sea.
¿En qué momento nace Wilbur? ¿Fue una necesidad artística, una válvula de escape o casi un accidente?
Un poco de todo eso, la verdad. Me retiré por una lesión y empecé a hacer comedia. Vi a un compañero que vivía de ello y pensé: “Esto me nace de dentro”. La primera vez que actué sentí que era lo que quería hacer el resto de mi vida. Wilbur fue creciendo poco a poco, como crece una persona.
En “Fuego salvaje” plantea una conversación entre el personaje y la persona. ¿Quién manda hoy?
Manda Víctor, que es el capitán del barco. Hay que separar bien personaje y persona para no volverte loco. Pero en el show dialogan los dos: hasta dónde llega cada uno. Todos tenemos un personaje, un alter ego. Wilbur se ríe de sí mismo, y eso le quita mucha presión a Víctor.
El espectáculo invita a mirarnos en el espejo de lo patético. ¿Vivimos demasiado obsesionados con encajar?
Sí, absolutamente. Las redes no han ayudado. Yo soy influencer, pero antes soy payaso y hombre de teatro. Hay que saber usar las redes y no fanatizarse con la perfección. No somos ni tan guapos, ni tan altos, ni tan fuertes… Hay que relajarse y ser el campeón del mundo de uno mismo, no vivir para los demás.
Viene de la viralidad en redes, pero ahora se sube al escenario del Teatro de la Laboral. ¿Le condiciona la fama digital?
No. Las redes son una herramienta, un currículum que actualizo. Pero si me tengo que quedar con algo, me quedo con el teatro, con el tú a tú, con la realidad. Los vídeos muchas veces sirven para que luego vengas a verme en directo.
Dice que todo lo que el público imagina que va a pasar… no pasa.
Es que es un batiburrillo de muchas cosas: vengo de la gimnasia, he hecho circo, malabares, equilibrios, canto, bailo… Lo dirige un payaso, así que es comedia, pero es difícil de catalogar. Es muy variopinto y la gente sale sorprendida.
¿Es más difícil exponerse en el teatro que en una competición?
Mucho más. En el deporte se ve la parte física. En el escenario me abro más. El abanico es más amplio. Me expongo más como persona.
Cuando se apagan las luces, ¿qué le gustaría que el público se llevara a casa?
Que no solo se haya reído. Me gusta que entre carcajada y carcajada haya reflexión. Que al día siguiente estés pensando: “Me ha tocado algo por dentro”. Valores sanos, valores de vida, acompañados de risa.
Para quien esté dudando en ir el sábado, ¿por qué debería dejarse contagiar por ese “Fuego salvaje”?
Primero, porque siempre hay que ir al teatro. Es de las pocas cosas reales que quedan. Y lo pongo fácil: es un show familiar. No tienes que dejar a los niños fuera ni ir a algo solo infantil. Vienen familias enteras y eso es lo que más me gusta ver. Si solo conoces al Wilbur de redes y no te ha convencido, date una oportunidad en directo. Igual te sorprendes.

Wilbur durante sus espectáculos. / LNE
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