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Ferla Megía, músico asturiano emergente: "No soy un erudito de la tradición; la exprimo como una naranja para mis canciones"

El artista protagoniza este 4 de marzo una sesión del ciclo Encaja2 en el teatro Jovellanos para unir la electrónica de vanguardia con la raíz etnográfica del Principado

Ferla Megía.

Ferla Megía. / Inés García de la Torre

Fernando Labrador Megía (Feleches, Siero, 1998), conocido artísticamente como Ferla Megía, es una de las figuras más inquietas y difíciles de catalogar de la nueva hornada musical asturiana. Formado desde los seis años, cuando empezó a cantar en coros, Megía ha recorrido un camino ecléctico que abarca desde el metal y el hip-hop o el pop de su anterior proyecto, "Casetes", hasta llegar a sus últimas propuestas, englobadas en el proyecto "Páxaros" y que beben a morro de la tradición asturiana en mezcla con notas vanguardistas. El músico, que también es diseñador gráfico de profesión, destaca que su proceso creativo a menudo comienza por la imagen antes que por el sonido, llegando a elaborar portadas de discos antes de componer las canciones. El músico sonará mañana miércoles, 4 de marzo, en el teatro Jovellanos, a las 20.00 horas, en el seno del ciclo Encaja2.

—Para quien aún no haya entrado en su universo, ¿quién es realmente Ferla Megía?

—Ferla Megía es el proyecto de un chaval que lleva haciendo música un montón de tiempo. Alguien que se obsesiona con los sonidos y que se encierra en el estudio de su cuarto a hacer canciones de todo tipo de géneros. He pasado por el metal, el hip-hop, el reggaetón y la electrónica. Digamos que lo que suena ahora es una mezcla de música urbana, contemporánea, electrónica e incluso música de autor o de vanguardia.

—¿Cómo se produce ese giro hacia la electrónica y el asturiano?

—Fue algo natural. En 2019, antes de la pandemia, exprimí el estilo en castellano con mucha influencia de grupos de Madrid o Barcelona, como "Mujeres" o "Carolina Durante". Pero llegó un punto en el que me dejó de interesar; de hecho, ahora es un género que ni siquiera escucho mucho. Así que empecé a mezclar la tradición con lo que yo llamo el "moderneu". Pero no me considero un erudito de la tradición; simplemente es un estilo que me gusta y una fuente de la que beber que ha estado ahí desde que era guaje. Yo cojo varias "naranjas" y las voy exprimiendo para soltarlas en mis canciones.

—¿Tiene peso su infancia en Feleches?

—Todo ello. Fui al cole y canté en el coro de guajes desde los seis hasta los diez años. Gracias a Nacho Fonseca interioricé desde muy pequeño que se puede hacer música en todas las lenguas, y más en la de aquí. Al crecer y seguir explorando, pensé que por qué no hacerlo en la música que llevo oyendo toda la vida. Es una suerte que ahora el asturiano esté en auge mezclado con estilos modernos. Yo llegué tarde a esa mezcla, pero me alegra ver a tantos artistas trabajando en ello.

—Es el responsable de toda la parte gráfica de su proyecto. ¿Nace antes el diseño o la melodía?

—Actualmente me obsesiono con que, antes de empezar un proyecto musical, tengo que tener la portada del disco. Me pasó ya una vez, tenía una imagen en el escritorio desde hacía años y me imaginaba un disco a través de ella. También con mi trabajo de lo-fi hip-hop, que nació a partir de una foto de mis abuelos. Estudié diseño gráfico en la Escuela de Arte y me gusta tener el control de lo que suena y lo que se ve, creo que se entiende mejor si lo hace la misma persona. Es un poco eso de "Juan Palomo, yo me lo guiso y yo me lo como".

—El 4 de marzo llega a Encaja2, un formato muy íntimo y técnico dentro del escenario del Jovellanos.

—Es un espacio en el que siempre he querido tocar. El formato es solemne por el teatro y por la cercanía del público, pero lo que peor llevo es que la gente esté sentada. Muchas de mis canciones son para que la gente se ponga de pie y salte. Tocar un dembow fuerte con el público sentado es extraño, pero vamos a intentar que se levanten. No me preocupa que se grabe para Radio 3, cuando tengo presión me centro en pasarlo bien, igual que cuando estoy en el estudio. Si me obsesiono con que algo salga perfecto, es cuando tropiezo.

—¿Qué espera que se lleve el público de esa experiencia en "la caja" del teatro?

—Para empezar, ¡que se lleven un vinilo! (risas). Acabo de sacarlos y llevaré merchandising. Pero más allá de eso, quiero que se lleven una sensación difícil de explicar. Que luego vayan a sus colegas y les digan: "Tío, tienes que ir a ver a Ferla, no te lo puedo explicar, tienes que verlo".

—¿Qué le espera a Ferla Megía después de esta cita en Gijón?

—Seguiremos con la gira de "Páxaros 02" y tenemos un par de conciertos fuera de España, camino al Festival de Lorient en agosto, donde estoy programado. Y, por supuesto, seguir grabando. Tengo un disco en camino con colaboraciones que tienen muy buena pinta y tengo muchas ganas de "asoleyarlo" (sacarlo a la luz) ya.

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