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Sara Silva, protagonista de "El Circo de los Horrores: Prisionia": "La inteligencia artificial nunca podrá imitar el sentir humano"

La artista reflexiona sobre el espectáculo, que sube el telón en Gijón el 13 de marzo para denunciar la deshumanización y el control social a través de una cárcel experimental dirigida por esta tecnología en auge

Sara Silva Maldonado, protagonista de "El circo de los horrores: Prisionia", en la piel de "Azul".

Roberto Mejía / "Prisionia"

Sara Silva Maldonado (Barcelona, 2000) creció entre carpas y bambalinas. Hija de Suso Silva, Premio Nacional de Circo, se integró en la compañía del "Circo de los Horrores", que dirige su padre, con apenas seis años, formándose como una artista multidisciplinar que domina el canto, el baile y la interpretación. En esta ocasión, Silva asume el liderazgo absoluto de la compañía con "Prisionia", una propuesta que traslada al espectador a una cárcel tecnológica controlada a golpe de fríos algoritmos nacidos de una inteligencia artificial (IA) y que chocan con las emociones humanas. La artista destaca que el espectáculo nace de la necesidad de reflexionar sobre cómo la tecnología está mermando nuestra capacidad de conexión física y visual, convirtiéndonos en "seres autómatas". Silva encarna a Azul, un "error del sistema" que simboliza la rebeldía frente a un entorno deshumanizado. El espectáculo se instalará en el Parque Hermanos Castro de Gijón del 13 al 29 de marzo.

¿Cómo definiría la esencia de "Prisionia" para quienes aún no conocen esta nueva etapa de "El Circo de los Horrores?

Es una propuesta muy actual e innovadora que obliga al espectador a pensar desde que entra hasta que sale. Es pura energía, una mezcla de circo, teatro, música y coreografías con 40 personas en el escenario. Este año venimos a reventarlo todo y a explotar la temática de esta inteligencia artificial que nos controla desde cualquier esquina.

El espectáculo aborda el control social a través de la tecnología. ¿Cuál es el mensaje central que buscan transmitir?

La idea nació de una conversación con mi padre en la que le presenté el ChatGPT. Él es más analógico y yo más digital, y de esa discusión surgió la idea de crear una cárcel experimental regentada por una inteligencia artificial a la que llamamos "Madre IA". El espectáculo habla de la deshumanización, de cómo se nos olvida mirarnos a la cara, sentirnos y tocarnos. "Prisionia" es una prisión disfrazada de espectáculo para contar que estamos dejando a un lado el sentir, porque la inteligencia artificial nunca podrá imitar el sentir humano.

Usted interpreta a "Azul", el "Error 404". ¿Qué representa este personaje en ese entorno opresivo?

"Azul" es el único personaje que no ha podido ser controlado por la inteligencia artificial, de ahí que sea un error del sistema. Todo en ella, desde su nombre hasta su pelo, es un signo de rebeldía y descontrol. Ella es la que intenta sacar al resto de prisioneros de ese estado autómata en el que la IA los tiene atados.

Es la primera vez que asume el protagonismo sin su padre, Suso Silva, compartiendo escenario. ¿Cómo ha vivido esa transición?

Ha sido difícil. Llevo desde los cinco años en el escenario y estoy muy acostumbrada a echar una mirada atrás y ver que él siempre está a un lado. Verse sola en el escenario sin tu padre hace que sientas que falta algo, pero lo he llevado bien porque he crecido a la par que estos espectáculos. Ha sido el empujón que me hacía falta para decirme: "Sara, tú puedes". Además, el público que me ha visto crecer desde que repartía dibujos en el primer "Circo de los Horrores" me ha dado un apoyo increíble. "Si no hubieses sido tú, que eres sangre de su sangre, no sé quién mejor lo hubiera hecho", me dicen.

¿Qué exigencias le ha planteado este nuevo rol?

He salido de mi zona de confort, especialmente con la danza. He estado muchos meses preparándome con bailarines profesionales. Pero lo más complicado es la interpretación, el hablar desde la más pura verdad. Al final del show hablo sobre el hecho de que una IA nunca podrá imitar el sentir miedo, esperanza o liberación. Revivir y sentir eso en cada función para que choque en el espectador es un reto constante.

¿Se identifica personalmente con "Azul"?

Sí, ambas tenemos un carácter muy fuerte y somos muy guerreras. Compartimos esa vulnerabilidad que a veces cuesta mostrar, el querer presentarse como mujeres duras y fuertes no quita que tengamos esa parte de sensibilidad y empatía con todo lo que nos rodea.

¿A qué perfil de público cree que apelará más este discurso tecnológico?

Todo el mundo va a captar el mensaje, aunque quizás es más directo para la gente joven que pasa tanto tiempo ante el móvil. Pero miro a mi alrededor y veo que mis padres también están sumidos en esto. El control parece tenerlo la inteligencia artificial, pero en realidad lo tenemos nosotros, que decidimos hasta dónde les dejamos entrar en nuestras casas.

No es su primera vez en Gijón. ¿Cómo es su relación con el público asturiano?

Adoro el norte. Siempre nos reciben con un cariño especial y la acogida en Gijón es maravillosa. Dicen que el público del norte es frío, pero es mentira, con nosotros son increíbles. Estamos tan enamorados de la ciudad que hemos ampliado una semana más la estancia del show.

¿Con qué reflexión le gustaría que se marchase el espectador a su casa?

Me gustaría que no se fuesen indiferentes y que sigan haciéndose preguntas. Que no dejen que la inteligencia artificial nos coma por completo, que vivamos y sintamos como personas. No debemos deshumanizarnos, porque la elección final está en nuestras manos.

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