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Gijón se pone en marzo el disfraz de verano: "No se puede pedir más que este sol"

Turistas y locales invaden las calles tras unas jornadas de chubascos, atraídos por un domingo luminoso que invita a disfrutar la ciudad con paseos y terraceo

VÍDEO: La gente invade las calles de Gijón para tostarse al sol de invierno

O.L.

Gijón despertó este domingo con sorpresa. Y es que nadie esperaba la llegada tan súbita del sol y los cielos despejados después de sufrir durante las últimas jornadas intensos chubascos y frío invernal. Las temperaturas agradables y la ausencia de nubarrones animaron a oriundos y foráneos a echarse a las calles y convertir la playa y el Muro de San Lorenzo, el puerto deportivo, la plaza del Marqués y, como no, las terrazas y la cuesta del Cholo con sus cervezas, en una marea humana. "Hoy no se puede pedir más que este sol que hace", afirmaron los transeúntes, agradecidos siempre con el buen tiempo.

En las Letronas y los Jardines de la Reina el trasiego al mediodía era constante, aunque algunos estaba sentados cómodamente. Es el caso de Sandra Martínez y su familia que, tras años viviendo en Estados Unidos, decidió trasladarse con todos ellos —marido e hijo americanos incluidos— a vivir a Gijón. "Me enamoré de la ciudad cuando llevaba un programa de intercambio en el Instituto Jovellanos", confesó la mujer bajo la mirada de su padre, Senén, ovetense de nacimiento. "Gijón nos encanta, lo que más nos gusta es el ritmo de vida; tienes el espacio urbano, pero una tranquilidad que no hay en Madrid. Y, por supuesto, el mar", afirmó, mientras el grupo brindaba por disfrutar de una jornada tan lucida.

Las terrazas estuvieron cotizadas como tesoros, sobre todo las mesas bañadas por la luz del sol, como la que consiguió en la plaza del Marqués un nutrido grupo de jóvenes llegados a la villa marítima ayer desde Toro (Zamora), expresamente para asistir al concierto del cantante Enol. "Ayer comimos cachopo, que teníamos muchas ganas, y por la noche salimos de fiesta; había muchísima gente", explicó Lucía San José, quien se erigió como portavoz de la pandilla, para la que la ciudad de Jovellanos es también destino estival.

El Cholo, a rebosar

Unos metros más allá, en la emblemática Cuesta del Cholo, que estaba a rebosar, Sara Solís, Marta Solares, Alberto Yugo y María Fernández disfrutaban del calorín junto a "Dobby", el perro de unos amigos. "Venimos de la playa de pasear al perrín y ahora estamos tomando algo al sol, disfrutando con amigos", comentaba Sara Solís, sin prisa ni agenda complicada para lo que quedaba de día. "Comeremos cada uno en su casa y ver, veremos", afirmó, con intención de fluir.

En el puerto, Jorge Suárez, junto a su familia, apuraba las últimas horas en la ciudad tras asistir a la boda de su tía. "Es un muy buen domingo de despedida", afirmaba, mientras su madre, Isabel Almeida, recordaba sus raíces locales pese a llevar toda la vida en Madrid. Su plan de cierre de festejo fue imbatible: "Un paseíto y una fabada en casa de mi tía antes de volvernos".

Desde el País Vasco, un grupo de amigos de Lazkao (Gipuzkoa) aterrizó en la ciudad con la excusa del World Padel Tour. Arkaitz López y sus compañeros destacaban, por encima de todo, el ambiente del "poteo", es decir, tomarse unas cervezas o vinos. "Hoy se está muy agradable, ayer llovía", comentaban los vascos, mientras cargaba con los imprescindibles regalos de vuelta: "Llevamos algo de queso, sobaos y fabada para preparar allá". Para ellos, la esencia de Gijón reside en sus sidrerías y en ese espíritu de "tomar unos tragos" sin mirar el reloj y en un ambiente que recuerda a las jornadas veraniegas.

Incluso para quienes vienen de lejos, Gijón es atractivo. Camilo Martínez y Gabriela Coy, colombianos residentes en Madrid y de visita en Asturias, se fotografiaban en el Muro. Su objetivo era conocer la playa y, cómo no, poner a prueba el paladar: "Queremos probar el café como buenos colombianos, pero nos han recomendado que aquí lo que toca es la fabada".

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