Esteban Beltrán, director de Amnistía Internacional España: "La democracia y los derechos humanos han vuelto a niveles de 1985"
El veterano activista advierte de una "recesión democrática" global y señala que el "consenso" de que no hay seres humanos superiores a otros está "quebrado"

Esteban Beltrán, secretario en España de Amnistía Internacional. / Ángel González / LNE
Esteban Beltrán (Madrid, 1961), director de Amnistía Internacional España, analiza con preocupación un escenario global donde la democracia parece haber entrado en "recesión". Beltrán, que lleva a sus espaldas cuatro décadas de activismo, destaca que actualmente el 72 por ciento de la población mundial vive en contextos de autocracia y alerta sobre una creciente "deshumanización" de colectivos como los migrantes o la población palestina, un fenómeno que vincula directamente con las ideologías que provocaron la Segunda Guerra Mundial. En el ámbito nacional, el veterano activista pone el foco en el drama de la vivienda, calificando la falta de acceso a un hogar como "una violación de derechos humanos sostenida en el tiempo" y el principal problema de España en esta materia. Beltrán visitó ayer Gijón para participar en el diálogo "Crisis, ¿qué crisis?", donde diseccionó los riesgos que afronta el orden internacional y la necesidad de una resistencia civil organizada.
Siempre se suele decir que el mundo está en crisis. ¿Cómo definiría el momento actual?
El mundo nunca ha estado bien en cuanto a derechos humanos, pero es verdad que la ola democrática que comenzó hace más de cincuenta años ha dado paso a lo que se llama recesión democrática. Hemos visto cómo la democracia y los derechos humanos han vuelto a unos niveles de 1985. Más o menos el 72 por ciento de la población mundial vive ahora bajo gobiernos que hacen prácticas autoritarias. Los tres países más poderosos del mundo, que son Rusia, China y Estados Unidos, hoy tienen menos libertad que hace veinte años. Hay una represión mucho más fuerte de la disidencia y una proliferación de leyes que provocan un retroceso global. Lo peculiar de este caso es que es como si se quebrara el orden internacional que se dio después de la Segunda Guerra Mundial.
¿Qué es exactamente lo que se está poniendo en duda de ese orden establecido?
El punto fundamental es que el orden, el derecho internacional, la igualdad ante la ley o la presunción de inocencia están en cuestionamiento por primera vez en ochenta años. Se ha quebrado un consenso fundamental y es que no hay seres humanos superiores a otros. Este concepto era el central del nazismo y eso es lo que se quiso combatir desde el principio. Ahora mismo, con las personas migrantes o los palestinos en Gaza, hay una creciente deshumanización; la misma que dio lugar al nazismo y a la Segunda Guerra Mundial. Por eso es tan preocupante la situación.
¿Estamos ante una crisis pasajera o ante un cambio de sistema?
Hay un intento de deteriorar todo el sistema. No es una crisis temporal como pudo ser el año 2001 tras las Torres Gemelas. Ahora estamos en un intento de quebrar el orden para llegar a algo completamente desconocido que ponga en riesgo a miles de millones de personas. Lo que parece es un sistema en el cual lo que prevalece son los negocios. Ni siquiera hay una ideología detrás. Cuando se interviene en Venezuela, se hace para garantizar el negocio petrolero, no para defender derechos humanos. Se quiere vaciar de contenido el sistema internacional. Cuando se retiran las ayudas al desarrollo de un día para otro, significa que miles de personas van a morir por falta de vacunas o que niños no van a sobrevivir al hambre.
Ha mencionado la situación en Gaza. ¿Por qué cree que existe esa parálisis internacional ante lo que ustedes llaman genocidio, pero sí se alza la voz por Ucrania?
Es por la alianza que hay empresarial y de gobierno entre muchos países occidentales e Israel. Es una vergüenza. Se permite que Israel traspase todas las líneas rojas. Se ha permitido que se ocupen territorios enteros, hay setecientos mil colonos ilegales en Cisjordania. Se ha pasado de la ocupación al apartheid y de ahí al genocidio. Existe un doble rasero vergonzoso: mientras con Rusia se combate el acto de agresión con paquetes de sanciones, a Israel no se le ha impuesto ninguna. Ni siquiera la Unión Europea ha revisado sus relaciones basadas en el acuerdo de derechos humanos. Si no paramos esto, va a ser muy difícil recuperar ninguna credibilidad para los gobiernos europeos.
¿Qué papel juega Estados Unidos en este deterioro de la legalidad?
Es tremendo. Ya ni siquiera presumen de ser la mayor democracia del mundo, ahora hablan de sus intereses. El gobierno de Trump ha aniquilado la asistencia alimentaria y la atención a la salud, atacan a los jueces y desobedecen sus órdenes. Castigan la libertad de expresión y hemos visto a miles de estudiantes detenidos o expulsados. Existe una impudicia donde se hibridan políticas con una ideología de supremacismo blanco. El estado de derecho está en cuestión.
¿Qué puede decir sobre su uso de la fuerza?
Es que eso es parte de la quiebra de cualquier norma. La prohibición del uso de la fuerza se ha respetado más o menos durante ochenta años, pero ahora hay una tendencia a que se convierta en algo rutinario. Se interviene directamente sin ni siquiera buscar una apariencia de legalidad. Antes se buscaba una justificación, aunque fuera mentira, como las armas de destrucción masiva en Irak. Ahora ni eso. La legalidad suele proteger a los más débiles; sin ella, las personas no son protegidas por nadie.
Hay mucha gente que apoya las operaciones de Trump contra Irán con una agresividad extrema. ¿Cómo interpreta estas posturas en una sociedad como la española?
Eso es racismo puro y duro. Lo que es fundamental indicar es que los derechos humanos son para todo el mundo. Son para los civiles iraníes cuando son bombardeados por Estados Unidos y son para esos mismos civiles cuando son reprimidos groseramente por su propio gobierno. La cuestión aquí es proteger a la gente. Hay que recordarlo: Estados Unidos bombardeó una escuelita donde estudiaban 150 niñas. Las violaciones de derechos humanos cometidas por un país nunca han contribuido a disminuir las violaciones en otro país; al contrario, han contribuido a aumentarlas. No hay experiencia en la historia que diga que los crímenes de un gobierno se resuelven con bombardeos y crímenes cometidos por otro gobierno. Al final, los que sufren son siempre los mismos.
Ante este panorama, ¿qué le queda a la sociedad civil?
Necesitamos una movilización masiva y una reacción muy importante. La política de apaciguamiento que ha seguido Europa con Trump lleva al desastre. Ellos son muy firmes en su defensa de la crueldad; nosotros tenemos que ser muy firmes en la defensa de los derechos humanos. Hay que formar una coalición de gobiernos y sociedad civil. A veces las democracias se suicidan y votan a personas que luego las dañan, por eso hay que convencer a los votantes de esos líderes tóxicos de que ellos también tienen derechos, como la sanidad o la educación.
Hablaba antes de que priman los negocios. ¿Y las nuevas tecnologías?
El nuevo mundo es de desorden en el cual las empresas tecnológicas colaboran con los autócratas para crear un sistema donde se pone en cuestión el derecho a la intimidad y se intenta subvertir elecciones. TikTok colabora con China, Rusia manipula a través de sistemas digitales y Meta o X colaboran con Trump. No es que las empresas sustituyan a los estados, es que colaboran con ellos. Necesitamos regular esas empresas para que no causen daño.
En España, ¿cuál es nuestra asignatura pendiente?
El gran problema es el derecho a la vivienda. Es una violación de derechos humanos que se ha sostenido en el tiempo. La vivienda social en España es solo un 3,2 por ciento, mientras que la media europea es del 8 por ciento. Mientras esto no se resuelva, habrá un cuestionamiento de qué puede hacer la democracia por la gente. Antes la vivienda era vista como un bien o una inversión, pero en realidad es un derecho. Es el punto fundamental de violación masiva de derechos en nuestro país.
¿Cree que las leyes actuales son suficientes para revertir esta situación?
En España nunca hubo una ley para defender la vivienda hasta hace muy pocos años. Hay camino por recorrer. Asturias está aprobando una ley que lo reconoce como derecho y las zonas tensionadas son las únicas donde se puede controlar el alquiler. Pero falta decisión. En países como Alemania o Gran Bretaña la vivienda pública llega al 17 por ciento.
¿Cómo resumiría este presente que vive la humanidad?
La panorámica es muy peligrosa, pero también la podemos enfrentar. La labor de esta generación es, como decía Albert Camus, no arreglar el mundo, sino "evitar que se desmorone".
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