Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Miguel Ríos llega a Gijón con su nueva gira: "Cada vez somos más rockeros octogenarios siguiendo los pasos de Keith Richards"

El veterano intérprete actúa mañana viernes en el teatro de La Laboral

El artista bromea con que tendrá que "decir adiós a la francesa"

El cantante Miguel Ríos.

El cantante Miguel Ríos. / Lne

Miguel Ríos (1944, Granada) es el último guerrero del rock nacional. A punto de cumplir los 82 años y con 64 encima de los escenarios, se siente un poco Keith Richards, ya que "somos cada vez más rockeros octogenarios que seguimos sus pasos", afirma, sobre el excéntrico guitarrista de los "Rolling Stones". El intérprete desembarca este viernes, 13 de marzo, en Gijón, una ciudad que conoce bien; la que le brindó la oportunidad de tener su primer contrato profesional, alzarse con reconocimientos o compartir momentos mágicos con su inseparable amigo Víctor Manuel que, casualmente, toca al día siguiente sobre las mismas tablas. La cita será a las 20.00 horas, en el teatro de La Laboral, donde brinda un concierto enmarcado en su gira "El último vals", un nombre con reminiscencias de gira de despedida, un "comodín" que, asegurá, agotó hace 16 años con su tour oficial de adiós. "Así que me veré obligado a despedirme a la francesa", bromea el andaluz.

Tras seis meses de gira ¿cómo llega "El último vals" a La Laboral? ¿Siente que el espectáculo ha evolucionado desde que arrancó la gira?

Más que evolucionar, lo hemos perfeccionado. Tocar al menos una vez por semana hace que el concierto esté muy pulido. Lo que nos tiene con las pilas a tope, es la respuesta del público que se lo canta todo y lo disfruta desde que le doy la bienvenida. 

¿Qué sensaciones le transmiten los teatros en comparación con los conciertos multitudinarios? ¿Y Gijón en sí?

La primera vez que canté en La Laboral fue como invitado en un concierto de Víctor Manuel, hace más de treinta años. En los bises salimos Ana Belén y yo a compartir un par de canciones con Víctor. Cuando terminamos, un tramoyista le dijo a otro: "¡Es un trío mundial!". En Gijón, en 1962 tuve mi primer contrato profesional, en la Sala Acapulco del Hotel Hernán Cortés, y gané el tercer premio del Festival de la Costa Verde, en el 63. Luego seguí viniendo a actuar durante muchos veranos a los bailes de Somió; después, unas cuantas veces en la Plaza de Toros, Palacio de Deportes, para culminar en El Molinón. Creo que está será una de las veces que más cerca vamos a estar (del público), la emoción está garantizada.

Actúa el viernes y Víctor Manuel el sábado, en el mismo escenario. ¿Habrá cameo?

Hace un par de semanas comimos y lo comentamos. Pero no nos hemos citado en las tablas en esta ocasión. Verme al lado de Víctor en un escenario en esta ciudad ha ocurrido muchas veces, y siempre ha sido memorable. Aparte de en "El gusto es nuestro", hemos cantado juntos en el mítico "Mucho más que dos", en el homenaje al compañero Berto Turulla en El Molinón y en la celebración de su 50.º Aniversario de carrera. Siempre lo echo de menos cuando canto "El blues del autobús", porque recuerdo cuando le di la canción con la indicación de que en estribillo dijera "Vivo en la carretera"; me devolvió un himno para la gente de la música. 

En esta gira apuesta por un formato electroacústico con cuatro multiinstrumentistas. ¿Hay alguna canción que le haya sorprendido al reinterpretarse así?

Los "Black Betty Boys" es una gran banda que lleva unos cuantas giras conmigo. Está formada por José Nortes en las guitarras, Luis Prado, grandísimo pianista, con una gran carrera en solitario; Jorge Ruiz, al bajo, y Samu Terroso a la batería. Todos intercambian instrumentos donde muestran su ductilidad y maestría. Somos, básicamente, una banda de rock & roll. 

El disco se grabó con Nortes. ¿Qué aportó su mano?

Nortes ha aportado al disco su talento como guitarrista, la producción, el estudio Black Betty y la composición de todas las músicas, aparte de su bonhomía indiscutible. Pero el disco tiene otro puntal esencial, Luis Prado. Luis, aparte del piano y el órgano, ha grabado casi todas las baterías y el bajo, aportando su gran talento y la perfecta sintonía con Nortes. Fuimos trabajando las canciones, desde los apuntes musicales que me mandaba Jose, escribiendo las letras como un orfebre que juntara joyas. 

A estas alturas, con tantos temás míticos, ¿cómo logra un repertorio que satisfaga a todos sin que el concierto dure cinco horas?

Confeccionar la lista de canciones cuando llevas 64 años grabando discos suele ser una tarea algo complicada. Hay que incluir alguna de las canciones del disco que le da nombre a la gira, pero no tienes que olvidar que la gente viene por el conjunto de tu carrera y que las entradas cuestan pasta. Creo, por lo que veo en la gira, que he conseguido un repertorio que hace participar al público y se van a casa felices. 

El mundo parece obsesionado con la inmediatez y la Inteligencia Artificial. ¿Cómo cree que le afecta este tema a la música?

La IA en un mundo desregulado, como quieren Trump y sus amigos de Silicon Valley, sería vivir en el caos. No se debería dar un paso más sin leyes que limiten su oscuro poder. Sería el fin del modelo de un mundo que se ha regido por defender al individuo frente al poder de un instrumento que va a dejar en el paro a medio planeta. El daño que le puede hacer a la creación artística será catastrófico, pero que la IA tenga todas tus coordenadas, será terrible. Se cuenta que el ataque en el que murió el sátrapa Jomeini, fue diseñado por Inteligencia Artificial. 

¿Cómo ve el estado de la cultura? ¿El rock ha pasado a segundo plano? ¿La música en directo el último bastión?

Bueno, el mundo de la cultura es de los pocos colectivos que sigue estando por la defensa de la dignidad del ser humano y los derechos conquistados. Es probable que el rock haya perdido influencia política en el mundo latino. Pero en el mundo sajón, un tipo como Bruce Springsteen saca una canción y el poder lo siente. 

Viene de llenar el Auditorio Nacional de México en octubre y sigue con una agenda envidiable tras 64 años en el escenario. ¿Le da vértigo echar la vista atrás?

Me da alegría seguir en buena forma haciendo un oficio que es mi vocación. Cada vez somos más los rockeros octogenarios siguiendo los pasos de Keith Richards. 

"El último vals" tiene un eco a despedida. ¿Es un “hasta siempre" velado o un concepto artístico?

Es una canción de desamor en llamas. Yo agoté hace 16 años el comodín de la despedida (con su fira oficial a tal efecto) y me veré obligado a despedirme a la francesa. 

La gira terminaba en Sevilla, en mayo, pero amplían fechas, ¿no? ¿Qué hará después?

Nos va tan bien que terminaré el 8 de diciembre en Madrid. Haremos un concierto por semana hasta ese día. Los planes que tengo para el año que viene, tienen que ver con mi Fundación en Granada. Quiero dedicarle tiempo para conseguir recursos para los programas que se desarrollan. Básicamente, fomentar la formación musical en la enseñanza secundaria, promocionar en vivo el desarrollo de nuevas bandas y seguir colaborando en el estudio del efecto de la música en la edad tardía con un coro de personas mayores. En fin, intentando devolver parte de lo que se me ha dado. 

Si tuviera que elegir una sola frase de este disco que definiera su momento vital actual, ¿con cuál se quedaría?

"Si pudiera parar el tiempo sin palmar en el intento, volvería a llenar mi corazón de rabia y juventud”.

Para terminar, un mensaje para los gijoneses que tienen su entrada para este viernes.

Después de lo contado de mi ristra de actuaciones en esta tierra, lo primero que les diré será gracias por venir una vez más y, luego, ¡haré que se lo pasen de puta madre!

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents