"Veintiuno" aterriza en Gijón este sábado para subir la "Dopamina": "Ser famoso es una movida"
El grupo toledano llega al teatro Albéniz tras conquistar México y reventar las listas de éxitos con sus himnos instantáneos para dar su primer concierto propio en Asturias dentro de la gira "Mitología"

Por la izquierda, Rafa Pachón, Pepe Narváez, Diego Arroyo y Yago Banet, integrantes del grupo "Veintiuno". / Dani Valde
Para Diego Arroyo, vocalista de "Veintiuno", la fama no es lo que sale en los libros de texto ni lo que dictan las métricas de Spotify. A pesar de que su banda ha firmado algunos de los himnos más coreados del pop-rock español reciente, como la adictiva "Dopamina" o la generacional "La Vida Moderna" (junto a Love of Lesbian), Arroyo camina por la calle con la tranquilidad de quien aún no ha sido devorado por el personaje. Y lo prefiere. Para él, existe una frontera clara entre el éxito de un proyecto y lo que, de verdad, acarrea no poder ir a la vuelta de la esquina sin que te paren.
“Ser famoso es una movida; es que la gente, independientemente de lo que tú haces, sepa tu cara y tenga una opinión de ti. Nosotros no estamos ni cerca de eso, y disfrutamos no teniéndolo”, afirma con sinceridad, quien admite que algunas de sus canciones "son más conocidas que nosotros", pero con la consciencia de que cada vez el nombre de su grupo, que forma junto a Rafa Pachón (guitarra), Yago Banet (bajo) y Pepe Narváez (batería y percusión), sube escalafones. Esa filosofía de "lenta cocción" y pies en el suelo es la que traen este sábado 14 de marzo a Gijón, donde se subirán a las tablas del teatro Albéniz a las 21.00 horas en lo que es el debut en la ciudad y en Asturias de la banda con un show propio.
La trayectoria de "Veintiuno" no ha sido un golpe de suerte de la noche a la mañana. Llevan más de una década picando piedra, desde que empezaron a tocar juntos en su Toledo natal. Esa experiencia les ha dotado de un "oficio" que el vocalista defiende por encima de la inspiración divina. “Hay algo de manufactura y desarrollo técnico, cosas que puedes parametrizar y que estudias”, explica. Sin embargo, reconoce que para que una canción "lo pete", hace falta ese componente emocional que no se programa.
Ese equilibrio entre técnica y emoción les ha llevado recientemente a cruzar el charco. Su primera incursión en México hace apenas un mes fue, en palabras de Arroyo, “muy bestia”. En el mítico foro Indie Rocks! de la capital del país azteca se encontraron con un público que no solo conocía los singles, sino que coreaba cada letra del repertorio. “Es un poco disociativo”, confiesa Diego, respecto a que sean conocidos en un lugar tan lejano. “Las estadísticas de internet son un baremo, pero no son precisas. El barómetro real es ir allí, poner las entradas a la venta y ver que la gente hace el esfuerzo de ir a verte”, concluye.
Tras más de 50 conciertos en el último año con su gira "Mitología", la banda llega a Asturias sin querer cargar con el peso de las promesas que a veces hacen los artistas sobres sus bolos. Diego ha aprendido que en esta industria, mirar demasiado al futuro es peligroso: “Una cosa con la que he aprendido a vivir es a no tener expectativas, porque son gasolina que casi siempre juega en tu contra”. Por eso, su único deseo para la cita en el Albéniz es la conexión con el público. De hecho, lanza una petición a sus seguidores, y es que se olviden del móvil durante la hora y media de show. “Me gustaría que se parasen a valorarlo sin una pantalla entre ellos y nosotros”, les ruega.
A pesar del cansancio de una gira que no deja de ampliar fechas el motor creativo no se detiene. Acaban de lanzar "Vidas pasadas", un sencillo que bebe del pop-punk de los 2000 y de la influencia de figuras como Robe Iniesta, al que gustan de render homenaje tras su fallecimiento. Es parte de un nuevo imaginario que sigue expandiendo el universo de su disco "El Arte de Perder", lanzado en 2023.
Para cuando suene el primer acorde en Gijón, Diego Arroyo solo tiene dos peticiones para el público. Una, que "no esperen nada". Y dos: "Sé que es difícil, porque también me lo resulta a mí, tenemos todos los receptores de dopamina reventados, pero si pueden desconectar de la pantalla que tenemos todos pegada a la mano durante la hora y media que vamos a estar tocando delante de ellos y para ellos", porque a la "Dopamina" invitan ellos.
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