Las Casas Baratas del barrio gijonés de El Coto cumplen 100 años desde su planificación: "Es un orgullo vivir aquí"
Las 46 viviendas creadas para trabajadores municipales llegan al centenario con vecinos jóvenes y veteranos que residen "en hermandad"

VÍDEO: Sergio García / FOTO: Marcos León
Fue en 1926 cuando se iniciaron los expedientes para la construcción de una zona emblemática de Gijón. Un enclave con mucha historia, que nació con el objetivo de brindar viviendas dignas a obreros municipales y también a otros trabajadores que estuvieran interesados. Las Casas Baratas de El Coto continúan, un siglo después, a plena actividad. LA NUEVA ESPAÑA reúne a un grupo de vecinos para abordar un singular proyecto del que se beneficiaron muchas familias. "Es un orgullo vivir aquí", coinciden.
Son 46 viviendas las que se ubican en la llamada Colonia Albéniz, cerca de la parroquia de San Nicolás de Bari. Los trabajos para construirlas se adjudicaron en 1927. A partir de 1929 empiezan a habitarse. El Ayuntamiento impulsó estas casas en un terreno situado entre el antiguo cuartel y la cárcel, amparándose en una ley de 1924, bajo la dictadura de Miguel Primo de Rivera, que daba vía libre a los municipios para construir este tipo de edificaciones, cuyo artífice fue el arquitecto Miguel García de la Cruz.
El propósito era subsanar la precaria situación en la que vivía la clase obrera. Ahora bien, de "baratas" las casas, adosadas unas a otras, no tenían demasiado. La renta mensual era de 50 pesetas cuando los jornales rondaban las 10 diarias. Había tres tipos de viviendas en función de su distribución, con vestíbulo, dormitorio (o dormitorios), comedor, cocina, baño...
Marcos Costales, actual residente en una de ellas, posee un profundo conocimiento de las Casas Baratas. Su bisabuelo, Constantino Solares, fue uno de los primeros vecinos. De hecho, Costales todavía conserva el contrato de arrendamiento. Reliquias familiares que uno nunca quiere perder. "Saqué libros de la biblioteca para informarme", bromea Marcos Costales, que vive en una "casa barata" con su mujer, Victoria Díaz, y su hijo Marcos. Son numerosos los ejemplos por los que la vivienda ha pasado de generación en generación. Una herencia que los actuales vecinos reivindican.

Una mirada histórica a las Casas Baratas del barrio gijonés de El Coto, en imágenes / Marcos León / Cedidas a LNE
Los hogares tenían todos ellos un pequeño jardín particular. Obviamente el paso del tiempo ha llevado aparejado reformas interiores, aunque el exterior ya es más difícil de varias al ser edificios catalogados. Marcos Costales se encuentra muy a gusto en las Casas Baratas. "No lo cambio por nada", afirma. El lugar, que comprende cuatro manzanas, es una suerte de comunidad de vecinos encuadrada en un populoso barrio como El Coto. Los residentes comparten un grupo de WhatsApp en el que se habla de temas comunes como la seguridad o la iluminación.
Un grupo de WhatsApp para hablar de temas comunes
"Tengo claro que no voy a marcharme", sostiene con firmeza Arsenio Díaz, de 71 años, encantado con el jardín y la huerta de los que dispone en su casa, que da a la calle Avelino González Mallada. Díaz recuerda la época de la pandemia del covid, el confinamiento. Y cómo él podía evitar el encerramiento total y tomar el aire en el jardín. El vecino conserva escrituras de décadas atrás. Parece una práctica habitual en las Casas Baratas, la de conservar recuerdos en papel de la historia de estas icónicas viviendas.
Josefina Sierra, Rosario Ares y Josefa González, como quien dice, "nacieron" en las Casas Baratas. Son vecinas pero se consideran casi familia. La nostalgia se apodera de ellas al evocar tiempos pretéritos. "Si pasaba algo picábamos al timbre de la otra; todos éramos uno", comenta Sierra, cuyo padre era obrero municipal. Las tres declaran, eso sí, que se está recuperando ese espíritu de hermandad con los últimos "fichajes" de las Casas Baratas. Las acciones conjuntas van a más, como las decoraciones navideñas o antroxeras que promueven varios vecinos para vivir de manera más intensa, y coral, las festividades.
La renta mensual era de 50 pesetas cuando los jornales rondaban las 10 diarias
Ensalza Josefina Sierra que las casas, independientemente de los cambios que han experimentado con el transcurso de los años, "están preciosas". También recuerda que, antes, daba igual dejar las puertas abiertas. Ahora, remarca, "hay que tener cuidado". En ese sentido, las añejas viviendas cuentan ahora con verja de seguridad. Toda precaución es poca, y más teniendo en cuenta, por ejemplo, que el pasado año unos cacos asaltaron una casa tras arrancar la reja y reventar la ventana. Si algo piden los vecinos es una mayor vigilancia y también fomentar la accesibilidad, ya que para adentrarse en algunas de las calles que conforman el entorno de las Casas Baratas hay que subir unos escalones. Una rampa no vendría nada mal, subrayan.

Por la izquierda, Josefina Sierra, Arsenio Díaz, Rosario Ares y Josefa González. / Marcos León
A sus 68 años, Rosario Ares está encantada como vecina. Reivindica que todo está a mano: centros educativos, supermercados, ambulatorio, farmacia, la piscina... Y, por supuesto, el centro municipal integrado, que se halla a apenas unos metros de las coquetas viviendas unifamiliares. Josefa González, de 83 años, se retrotrae a su infancia. "Me acuerdo de la libertad de andar por aquí con las amigas", cuenta con melancolía.
En un inicio, que las Casas Baratas fuesen habitadas por obreros motivó que en varias ocasiones, algunas comisiones de vecinos acudiesen al Ayuntamiento para protestar porque debido a excavaciones y obras en el barrio, las tierras sobrantes se depositaban en el terreno comprendido entre General Suárez Valdés, la calle 4 y la F. Los vecinos querían que se limpiase la zona.
Begoña Fernández e Inés Barros, madre e hija, residen en Pola de Lena, pero esta última no descarta asentarse en un futuro en las Casas Baratas tras heredar la vivienda de su tía abuela. "Es como un pueblo dentro de la ciudad; veo mucha comunidad", señala la joven de 22 años. La familia visita El Coto de vez en cuando y, claro, se pasan por la vivienda. "Es muy cómoda, con un patio en el que da el sol", aplaude Begoña Fernández, que asimismo reivindica la "amabilidad" de los vecinos, un punto muy importante si su hija decide mudarse allí. "Queremos que se sienta arropada", resalta.
Las Casas Baratas representaron un plan revolucionario en el periodo histórico en el que llegaron. Se gestionaban con alquileres que permitían la propiedad al cabo de unos años y reflejaban el urbanismo higienista de la época. Un siglo después de su origen, las viviendas siguen plenamente vigentes, con unos vecinos que forman una gran familia y comparten el privilegio de integrar una comunidad, en su momento, pionera en Gijón.
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