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Una pluma en la Industrial, un café en el Jovellanos y paseos por la arena de San Lorenzo: el exministro de España que se "enamoró" de Gijón

El escritor y periodista Máximo Huerta aprovecha su visita a la capital marítima del Principado

Máximo Huerta, con los trabajadores de la Librería Industrial.

Máximo Huerta, con los trabajadores de la Librería Industrial. / LNE

"Gijón me enamoró". Esta es la contundente afirmación del escritor, periodista y exministro de Cultura del Gobierno de España, Máximo Huerta, tras su periplo en Asturias para presentar su nueva novela, "Mamá está dormida". El popular comunicador, que arrancó su viaje presentando la obra en el Club LA NUEVA ESPAÑA, no dudó en disfrutar de la capital marítima del Principado realizand compras, tomando un café y hasta paseando sobre la arena de la playa de San Lorenzo.

"Me enamoró esa forma tan suya de abrazar al visitante sin aspavientos, con la naturalidad de quien ofrece casa. Sentado en un café pegado al Jovellanos, al sol, paseo Begoña, vi la vida pasar. La de estos días. Lo bonito que va todo a pesar de las circunstancias", reflexionaba en sus redes sociales tras visitar la ciudad.

Máximo Huerta (Utiel, 1971) fue uno de los invitados por este periódico a su Club de prensa. Congregó a numerosos seguidores que escucharon sus confidencias en un Club abarrotado. En concreto, el origen de su obra, pues hace unos años que dejó Madrid para cuidar a su madre, en Buñol (Valencia). "Ahora estoy donde siento que debo estar, no tengo nostalgia del pasado", reconoció el periodista.

Al día siguiente estuvo en Gijón firmando libros. Y aprovechó la ciudad con visitas y compras. "Me enamoró la librería MOMO, ¡lo sabía!, un refugio luminoso de lectores, y Leticia —reina librera indiscutible de mirada cómplice— que convierte cada libro en una fiesta", reconoció Huerta.

Máximo Huerta, en Gijón.

Máximo Huerta, en Gijón. / M. H.

El escritor, especialmente, agradeció las numerosas muestras de afecto recibidas. "El cariño constante, la ternura inesperada, las historias que me regalasteis sin saber que también me estaban salvando el día. Porque, no se nota (o sí), pero el cansancio y la preocupación generan ojeras. Por unas horas olvidé zozobras", desveló.

Todo fueron loas a la ciudad. "Hubo instantes en los que sentí que el tiempo se había detenido: un abrazo, una foto con risas nerviosas, alguien que me confesaba que había llorado con una página, otra persona que decía haber encontrado consuelo. Y entonces entendí que los libros también son eso: una casa portátil donde cabemos todos. Bueno, una autocaravana", añadió.

Paseando por San Lorenzo.

Paseando por San Lorenzo. / M. H.

También visitó otros negocios, como la Librería Industrial. "Se me rompió la estilográfica antes de la firma, fui corriendo a La Industrial, y allí me la intentaron arreglar. Adorables. En fin, que me compré otra. Soy como los calamares, que necesita su tinta en pluma", confesó el escritor.

En el emblemático negocio gijonés disfrutaron de la visita y de sus palabras. "Nos dejó una anécdota que nos hizo especial ilusión: queríamos agradecerle la visita y nos contó que, al llegar a Gijón, preguntó a una señora por la calle cuál era la mejor librería de la ciudad… y le indicó que viniera aquí", relatan desde la librería.

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