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Alejandro Romero, presidente de la Asociación de Vecinos "Los Ríos" de Contrueces: "Antes no había ni desagües, pero sí mucha droga; la gente tenía miedo de vivir aquí"

El veterano líder afronta su reelección el 24 de marzo por un último periodo al frente del colectivo, un que "tantas cosas logró" por el barrio, con la meta de encontrar "relevo generacional" para tomar el testigo tras sus 39 años como dirigente

Alejandro Romero, presidente de la Asociación Vecinal "Los Ríos", frente a uno de los locales del colectivo de Contrueces.

Alejandro Romero, presidente de la Asociación Vecinal "Los Ríos", frente a uno de los locales del colectivo de Contrueces. / Ángel González

Alejandro Romero cumple 82 años en abril y es la memoria viva y el motor de la Asociación de Vecinos "Los Ríos" de Contrueces, un barrio en el que reside desde 1973. Miembro nato de la entidad y presidente durante los últimos 39 años, Romero recuerda cómo en sus inicios la zona carecía de asfalto y de servicios básicos, llegando los vecinos a "utilizar madreñas" para transitar entre el barro hace menos de medio siglo. "No había desagües, pero sí mucha droga; la gente tenía miedo hasta de venir a vivir aquí", recuerda. Bajo su dirección, la asociación no solo logró la construcción de colegios y parques, sino que incluso actuó como cooperativa para edificar tres bloques de viviendas a precios asequibles para los vecinos. La asamblea general de la asociación el próximo 24 de febrero ratificará, salvo sorpresa, su candidatura única para un nuevo mandato de dos años al frente de la institución en los que buscará encontrar a un equipo que tome el relevo para continuar la labor.

¿Cómo se siente al repetir una vez más?

Bueno, la verdad que yo ya no me quería presentar a esta. Ya estuve en las últimas y en las penúltimas diciendo que no, pero no se presentó nadie más. A mí me da pena que después de tantos años esto termine desapareciendo y por eso aguanté. Ahora ya les he dicho a los miembros de la junta directiva que nos presentamos, que vamos a ser los mismos, que mi idea en estos dos años es intentar hacer un grupo que pueda tirar por la asociación en las próximas elecciones. Llevo muchos años, 39 exactamente. No creo que sea lo lógico, lo normal es que haya otra gente que tire por ello. Un barrio, si no tiene una asociación que luche un poco, queda abandonado.

¿Hasta ahora no surgen candidatos?

Pues para esta ocasión pensaba que la vicepresidenta se quedaría como presidenta, pero al final por problemas de salud nos dijo que no se atrevía. En la asamblea pienso decirles que si hay alguien que quiera tirar por la asociación, aunque de momento no quiera presentarse por miedo, yo me quedo con él para echarle una mano y orientarle con lo poco o mucho que yo conozca. Pero tienen que ser ellos los que se encarguen de tirar por el barrio.

¿Cómo era el barrio cuando empezó a luchar por él?

Cambió muchísimo. Antes había más problemas y muchas necesidades. Aquí teníamos calles de tierra, sin urbanizar. No había desagües, pero sí mucha droga; la gente tenía miedo hasta de venir a vivir aquí. Entonces había otra forma de lucha que yo creo que era más fácil. Ahora la gente está más acomodada. Los jóvenes hoy no los quitas de andar con los teléfonos y las personas mayores, una vez que se jubilan, ya no quieren meterse en líos. Esta asociación tiene dos locales y ha conseguido tantas cosas...

¿Cuáles aprecia como los logros más importantes?

Los dos colegios no existían; eran barracones hechos de paneles con techos de uralita. Conseguimos que se hiciera y que se cubrieran las pistas para poder hacer deporte. El Parque de las Palmeras tampoco existía, eran casucas de planta baja donde había mucha droga porque estaban ocupadas. También logramos la Escuela Infantil. Incluso hicimos tres bloques de viviendas como cooperativa, la asociación sola. Salieron muy bien de precio, a 120.000 euros con tres habitaciones, garaje y trastero, cuando al lado, por libre, pagaban 240.000. Eso atrajo mucho a la gente. También organizamos cabalgatas de Reyes, carnavales y la hoguera de San Juan. Hacíamos unas cabalgatas fenomenales, la verdad.

¿Y qué recuerdos tiene de aquellos tiempos?

Para bajar a Gijón en los años 70 bajábamos de madreñas y las escondíamos por Ceares para luego poner los zapatos y seguir camino. Al subir hacíamos lo mismo. No había asfalto, era todo camino de tierra y tenías que ir por entre el barro. Donde hoy están Los Fresnos no existía nada, solo casucas. Contrueces era como un pueblo. La gente se saludaba todo el tiempo por la calle. Todavía hoy queda algo de eso, pero antes era un pueblín donde hasta las señoras salían a la puerta de los edificios a hacer punto.

¿Qué reivindicaciones tienen ahora?

Lo que más falta hace es el instituto de secundaria. Existía el compromiso de que se iba a hacer en los terrenos de la antigua fábrica de Rubiera, pero con la crisis de la construcción la empresa sevillana que compró el suelo se echó atrás y no se ha edificado nada. Esa espina nos queda todavía. También tenemos pedidas cosas menores, pero necesarias, como el reasfaltado de la Carretera del Obispo y la calle Río Narcea; o los juegos biosaludables para mayores que nos prometieron y no han puesto. Otro tema son los pasos de peatones en la avenida Gaspar García Laviana, que son muy largos y los coches pasan a velocidades enormes. Pedimos que pusieran semáforos sonoros para que las personas mayores sepan cuándo se va a agotar el tiempo, porque no les da tiempo a cruzar; o colocar marquesinas de autobús que tengan los horarios. También pedimos pintar la escuela infantil con dibujos alegres para que no parezca un búnker de hormigón, pero pasan las mandatos y sigue sin hacerse.

Dice que tiene cosas pedidas que faltan y ha conocido a casi todos los alcaldes. ¿Cuál cree que es el que mejor les ha entendido?

Hubo uno que olvidaré nunca por lo sencillo que era y por lo que luchaba por los barrios: Palacios. Se los pateaba. Lo llamabas a las ocho y media de la mañana y ya lo encontrabas en el Ayuntamiento, preguntándote dónde estabas, para ir a verte. No tenías que pedir cita con él. Era un paisano que echo mucho de menos. Era una persona con la que se podía hablar perfectamente. También te digo de Carmen Moriyón, que por ella está la Escuela Infantil, que, si no, no se hubiera hecho. Moriyón puso mucho empeño en ello. Las ayudas del programa de barrios degradados también te digo que fue gracias a ella.

¿Qué espera para el futuro de la asociación?

El año que viene cumplimos 50 años. El aniversario lo celebraremos de algún modo que ya anunciaremos. Espero que alguien venga con decisión de hacer algo bien por el barrio y se vea capaz de llevarlo adelante. Si la persona que entre quiere hacerlo sola, bienvenido sea. Si pide que le echemos una mano, nos quedaremos para apoyar con lo que falta. Lo importante es que la asociación no muera.

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