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El escritor Gonçalo M. Tavares, el "Kafka portugués", visita el Poex de Gijón: "Importa hacer literatura fuerte, violenta, radical"

El Premio Formentor reivindica las letras como herramienta para hacer frente a una “actualidad frenética” y el valor de la “presencia humana” en un mundo cada vez más digital

Gonçalo M. Tavares, ayer, en el Antiguo Instituto.

Gonçalo M. Tavares, ayer, en el Antiguo Instituto. / Juan Plaza

Gonçalo M. Tavares (Luanda, Angola, 1970) es una de las voces más singulares y potentes de las letras europeas contemporáneas. El autor, que visitó este domingo Gijón en el marco de Poesía en Xixón (Poex), destaca la importancia de recuperar la "vibración humana" en un mundo dominado por lo virtual y la lectura pública como un “retorno necesario a lo físico”. Tavares, ganador del prestigioso Premio Formentor 2026 (galardón predictor de futuros Nobel de Literatura) revela que su método creativo exige alejarse de la inmediatez, llegando a guardar sus manuscritos años antes de publicarlos, como ha sucedido con su reciente epopeya sobre el fin de Estados Unidos. El escritor, a quien la crítica a menudo etiqueta como el "Kafka portugués", reflexiona sobre la traducción (protagonista de su acto en el festival poético junto a su traductora, Lauren Mendinueta y la obra "Las botas de Mussolini") el peso de los premios y la utilidad del arte y la literatura para aminorar una “actualidad frenética”

Visita Gijón para leer poesía. ¿Es la lectura pública el estado natural de la literatura?

Sí, es importante cada vez. El estar presente es un tesoro, es oro. Leer públicamente, en voz alta, es poner en movimiento los sonidos de la literatura, pero también la vibración humana de la presencia. En esta época de realidad virtual y creaciones falsas el cuerpo humano es esencial y hay que regresar a él.

En el Poex se aborda este año la cuestión de la traducción. ¿Traducir significa pérdida o expansión del texto?

Es como transportar agua, siempre se pierde algo en el camino, pero también se va a ganar que el texto llegue a más personas. También tiene doble autoría, del autor y el traductor. La traducción es algo absolutamente maravilloso y los traductores, como en mi caso Lauren Mendinueta, también. Son muy respetados, muy elogiados; son artesanos de la lengua.

¿Qué descubrió sobre sí mismo al leerse en otras lenguas?

Leerme en inglés u otras lenguas es como leer otro libro, además me han traducido a muchos idiomas de las que no entiendo ni los caracteres como el japonés, el árabe, el cirílico, etc. Es mágico, porque significa entrar en una nueva cultura. En castellano siento el texto muy, muy próximo del original.

¿Hay alguna palabra de su obra que sea intraducible?

No hay palabras intraducibles. Se puede hacer con todas, aunque sea usando más de una palabra. Aunque nunca podrá ser lo mismo, ya que la traducción no es literal, claro.

¿Es su literatura una herramienta para unir los retazos de una realidad sin sentido? ¿Qué piensa de la actualidad que vivimos?

El mundo, la realidad, se está acelerando como nunca. Todos los días pasan muchas cosas, hay noticias sin parar. Me parece que la literatura, el arte, son también un espacio de resistencia a la barbarie, la estupidez que nos acecha. Diría que la literatura sirve para aminorar esa velocidad. La lectura exige aislamiento y tranquilidad, eso es ya revolucionario porque el silencio y la inmovilidad son muy necesarios en el mundo frenético.

Tras ganar el Formentor, ¿se siente cómodo en una lista con nombres como Borges, Beckett o Gombrowicz?

Ha sido un gran honor y una gran alegría estar en esa lista maravillosa de escritores extraordinarios. Muchos que han ganado el Nobel. Y lo más importante es que son escritores radicales en el sentido de intransigentes. Hacen su literatura no pensando en modas literarias ni en nada de eso, sino una arriesgada, con audacia, con coraje.

Saramago lo señaló como su sucesor y ahora los ecos del Nobel resuenan con más fuerza.

La gente me pregunta mucho sobre esto, pero los premios no dicen nada, lo que habla de un escritor es su literatura y escribir es una necesidad orgánica. Si gano un día el Nobel, o no, no es la cuestión, lo importante es hacer una literatura fuerte, que sea violenta en el mejor de los sentidos, radical; una que intente crear nuevos géneros literarios, hacer cosas nuevas. Eso es en lo que estoy enfocado.

¿Qué le parece que le llamen "el Kafka portugués"?

Me honra que me comparen con Kafka u otros grandes escritores. Mis libros son de otro mundo también y los tengo muy distintos entre sí: con frases cortas, frases largas, locos, muy racionales, geométricos. Mi obra es muy distinta y todos los autores están cerca y lejos de mí al mismo tiempo. Y casi siempre tardo años en publicar después de escribir. "El fin de Estados Unidos de América" ha salido como seis años después de escribirlo.

¿Cree que la Inteligencia Artificial conseguirá algún día escribir con “alma”?

La inteligencia artificial es sinónimo de pereza intelectual, aunque es seductora en el sentido que puede hacer que los humanos dejen de pensar, de ahorrarles la tarea. Para escribir le falta experiencia vital, afectividad, sufrimiento… para poder hacer textos literariamente buenos. Veremos lo que viene, pero no me gusta la idea de inteligencia artificial.

Si pudiese invitar a uno de sus personajes, a un "Señor" de su "Barrio", para tomar algo hoy, ¿a quién elegiría?

Tal vez invitase al señor Brecht, un homenaje a Bertolt Brecht, para saber lo que piensa del mundo de hoy. Él intentaba comprenderlo y también actuar en él. Podría ser alguien con quien hablar sobre cómo la sociedad puede cambiar o no; y sobre las utopías y distopías del siglo XX y cómo las vería en el siglo XXI.

Si el mundo se acabara mañana, ¿qué libro rescataría?

No sé si la pregunta es sobre los míos o de otros, pero igualmente no sabría responde. Cada libro es un animal distinto que tiene sus cualidades, sus características. Entonces es como preguntar por salvará a un solo animal en el Arca de Noé. Hay tantos animales y cada uno tiene su razón de existir. Sería una injusticia salvar solamente uno.

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