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Mosaico de afectos para un "poeta con mayúsculas": el POEX de Gijón homenajea a Javier García Rodríguez

La viuda y la hija del literato encabezan un emotivo acto arropadas por más de una decena de escritores como Manuel Vilas, Marta Sanz o Fernando Beltrán, quienes recordaron al vallisoletano tanto desde el afecto como por sus letras

"Hay algo profundamente extraño y hermoso en descubrir que alguien puede faltar y al mismo tiempo seguir hablándote. Ahí es donde la escritura hace algo que se parece un poco a desafiar la pérdida. No devuelve a nadie, pero lo preserva de una desaparición completa. No vence a la muerte, pero le discute un poco ese territorio". Con estas palabras, Claudia García Morán rindió tributo este sábado la memoria de su padre, Javier García Rodríguez, reconocido escritor y catedrático de Teoría de la Literatura de la Universidad de Oviedo, fallecido en noviembre de 2025. La joven lo hizo en el seno del homenaje al autor titulado "Mi vida es un poema", celebrado en el Antiguo Instituto de Gijón en el marco del festival Poesía en Xixón (POEX). "Lo que yo no sabía entonces es que acabaría compartiendo mi vida con un poeta. Un poeta con letras mayúsculas", afirmó su viuda, María José Morán, al recordar los inicios de su relación en sus años universitarios durante el acto, en el que estuvieron arropadas por más de una decena de escritores, poetas y amigos íntimos del autor, quienes dedicaron palabras y versos para celebrar la huella imborrable que el literato de origen vallisoletano dejó en cada uno de ellos.

La hija del autor de títulos como "Barra americana" ofreció una semblanza cargada de ternura y admiración, describiendo a su progenitor no solo como un intelectual, sino como "una manera de estar en el mundo" por su "inteligencia, ironía, curiosidad, generosidad, cultura y amor". La joven recordó cómo su infancia fue un campo de juegos y diversión gracias a la compañía y ocurrencias de su padre. Como ejemplo, puso "La tienda loca", un libro que el profesor rellenó con "pequeñas historias que inventó para mí" y que hoy se ha convertido en refugio tras la pérdida. 

"Supongo que por eso hoy volver a ese libro es también volver... es como una forma de volver a estar con él", manifestó, ensalzando a las letras como una herramienta para enfrentar la pérdida y el duelo, en este caso. Como broche final, la chica interpretró, con Alfredo González al teclado, "Calle Melancolía", de Joaquín Sabina, una de las "canciones predilectas" del homenajeado.

Por su parte, María José Morán destacó la capacidad de su esposo -"Javi", como ella le llamó siempre- para manejar el lenguaje. "Tenía esa mirada, la de saber llevar el lenguaje más allá y hacer que sus poemas flotaran", explicó, subrayando que para él la poesía era el género que permitía que la comunicación alcanzara su "punto máximo". La mujer compartió con el público el hallazgo de poemas manuscritos e inéditos de la juventud del fallecido, escritos en 1990 mientras se encontraba en Iowa (EE. UU.) y ella en Londres, manteniendo durante ese año la relación a distancia. "Me hacen una ilusión especial ya que pienso que ahí estamos los dos", confesó antes de dar lectura a los versos, en los que se habla de amor.

Un mosaico de afectos

El tributo se convirtió en un mosaico de afectos donde Fernando Beltrán y Manuel Vilas dibujaron la figura más icónica del literato. Beltrán recordó un viejo encuentro en una playa asturiana donde le entregó a una Claudia niña una figura de alambre que Javier custodió en su memoria como un tesoro "toda la vida" y que practicamente fue el inicio de su amistad; también, regaló a la joven una serigrafía del proyecto cultural "Palabras imaginadas", confeccionado por el diseñador paraguayo Diego Giaccone a partir de una palabra, que en el caso de García Rodríguez fue "hija". Por su parte, Vilas, con su habitual humor, confesó su "envidia" por la "elegancia" del homenajeado haciendo alusión a una gabardina que le vio en una ocasión pero, sobre todo, por la relación que tenía con su familia: "Ese amor que os teníais es un auténtico triunfo de la vida", sentenció Vilas dirigiéndose a la viuda durante el acto, gemelo al realizado la semana pasada en el festival al también fallecido Xuan Bello.

Marta Sanz y Rodrigo Olay también tomaron el micrófono. Sanz destacó el gusto "desmesurado, vampírico y apasionado por las palabras" de un hombre que tenía la generosidad de "empoderar" a sus colegas hasta límites exagerados. Esa misma agudeza la recordó Olay, quien rescató la faceta más provocadora y divertida de García Rodríguez, rememorando sus pullas y una lección vital: "Da gracias a todo lo que la poesía te está regalando".

Igor Paskual y Amanda Sorokin, coordinadora y maestra de ceremonias del acto, también tuvieron intervenciones que sobresalieron. Paskual destacó del escritor pucelano que que poseía el don de hacer brillar a los demás en las presentaciones: "Te hacía sentir el puto Borges; tenía esa capacidad de elevarte". Sorokin, que guio el homenaje, concluyó que lo que hacía especial a García Rodríguez era su capacidad de convertirse en alguien insustituible en la vida de los demás sin necesidad de ser íntimo, gracias a un "deseo genuino de ayudarte en la medida que le fuera posible".

Junto a ellos, también prestaron su voz y sus versos para completar el retrato coral Yasmina Álvarez, Alejandro Basteiro, María Fernández Abril, Jorge García Torrego, Alfredo González, Cristina Gutiérrez Valencia, Guillermo Lorenzo, Aurora Luque, Fernando Menéndez y Nacho Ortega, en un acto que también contó con la presencia de Jaime Priede, director del POEX, certamen que culmina estre sábado tras nueve diez intensos días, y la concejala de Cultura de Gijón, Montserrat López Moro.

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