La figura de la semana: José Manuel Fuentes González, el ingeniero que creció goleando en El Coto
El director de producción y cadenas de suministro de Indra es sportinguista, antiguo socio del Grupo, su padre fue militar, trabajó en Renault, vivió en Argelia e Irán y es un avezado chef de cocina asturiana

José Manuel Fuentes González. / Mortiner

Cuentan los entendidos que la Historia a veces rima y parece un círculo. La reflexión encaja bien con José Manuel Fuentes González, director de producción y cadena de suministros de Indra, cuya carrera profesional le ha llevado por destinos lejanos como Francia, Irán, Argelia o Marruecos y ahora, en cierta manera, le ha traído de vuelta a casa. Y es que aunque este ingeniero industrial, director de las ocho fábricas de la multinacional de Defensa, vive en Madrid se siente muy cerca de Gijón por muchos motivos. Y uno de ellos es haber sido un engranaje fundamental en el desarrollo de la fábrica impulsada por Indra en pleno corazón de Naval Azul, donde este lunes se alcanzó un nuevo hito: presentar la nueva pista en la que se probarán los vehículos blindados que salgan del antiguo Tallerón.
Nacido en 1972, su vida guardó relación con la Defensa desde el principio porque su padre, que se llama como él, fue militar del Ejército de Tierra y estuvo destinado no pocos años en el antiguo cuartel de El Coto. Su infancia transcurrió en el piso de sus padres (su madre se llama María Belén González) donde fue un crío feliz que soñaba con marcar goles en El Molinón. Muchas tardes las pasó jugando al fútbol en el patio de su comunidad de la calle Balmes con sus amigos de la infancia, en canchas que había que imaginarse y con porterías delimitadas por chaquetas tiradas en el suelo. De esas que si el balón iba un poco por encima del portero se gritaba "alta" y no había VAR del que tirar.
Socio del Sporting durante muchos años, incluso cuando ni siquiera vivía en Asturias, el fútbol en particular y el deporte en general siempre se han contado entre sus pasiones. Era socio también del Grupo Covadonga, donde jugó al tenis, hizo natación y también atletismo. De hecho, ahora, sigue saliendo a correr siempre que tiene ocasión. La cocina también se cuenta entre sus aficiones, pero ya llegaremos a eso.
Decíamos que la infancia la pasó en El Coto. Fue alumno del colegio Ramón de Campoamor e hizo el COU en el instituto de La Laboral. Llegó a matricularse en Ingeniería Industrial en Gijón, pero a su padre le trasladaron a Valladolid. Así que su etapa universitaria le tocó hacerla a la ribera del Pisuerga, una ciudad que quien la conozca sabe que no destaca por ser tan abierta como Gijón. Fuentes González, en su etapa universitaria, escapó rumbo norte muchos fines de semana para seguir viéndose con sus amigos de toda la vida. Dice bien de él que ahora, incluso con el paso de los años, sus amistades siguen siendo las de niño.
Valladolid, sin embargo, tenía una cosa buena para él. Si el deporte siempre se contó entre sus aficiones, todo lo relacionado con el automóvil le enamora. Y en Valladolid está una de las fábricas de Renault. Empezó en la fábrica de Palencia y luego volvió a la de Pucela para posteriormente marchar al extranjero. Ha sido director de fábrica en Francia, Argelia, Marruecos y... en Irán. De hecho del país pérsico, tan de actualidad, tuvo que marchar junto al resto de empresas europeas con la primera llegada a la presidencia de Estados Unidos de Donald Trump. Su último puesto en Renault fue en Valladolid. ¿Recuerdan lo de que la Historia rima?
En su carrera profesional hay una persona que le ha marcado. Se trata de José Vicente de los Mozos, hoy en día consejero delegado de Indra y antes máximo responsable de fabricación de Renault en el mundo. De los Mozos llegó a Indra en 2023 y se puede decir que fichó a Fuentes González, cuya llegada a la multinacional coincidió con el auge de un sector que no para de crecer y ofrecer posibilidades.
Esa es, grosso modo, la biografía de este ingeniero gijonés, casado y con un hijo. Pero para conocerlo un poco mejor hay que remarcar su querencia por Gijón. Afincado en la capital de España regresa a casa más o menos cada dos semanas. Curiosamente, el dato coincide con la frecuencia con la que el Sporting juega en El Molinón. Ir al templo rojiblanco es una de las cosas que encantan a este gijonés que, por cierto, tiene buena mano para la cocina.
Su toque culinario lo desplegó en la pandemia. Le pilló el virus en Argelia y allí se dedicó a cocinar fabada y pote para sus compañeros españoles. Ponerse el mandil es un arte que sigue practicando. Suele cocinar los fines de semana. Cocina asturiana, por supuesto. La materia prima de calidad la tiene asegurada porque sus padres tienen una coqueta huerta en un pueblo de Grao. Eso sí, cuentan los que le conocen que cuando es su madre la que se pone a los fogones ahí no hay competencia posible.
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