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Ceferino Medina, el jubilado de 77 años que vive en una zona privilegiada: "Se ve todo Gijón"

"Baldornón cambió, pero tiene tirón", afirma este agricultor retirado que destaca la mejora de caminos y añora la vida de antes en la aldea

VÍDEO: Personajes de la zona rural de Gijón: Baldornón

S.G./Á.G.

Baldornón

LA NUEVA ESPAÑA, en colaboración con CajaGijón. La Rural, inicia hoy una serie que, cada lunes, recorrerá una a una las 25 parroquias del concejo. A través de vecinos destacados y personajes entrañables de las aldeas, pilares de la vida de la comunidad, se dará valor a la cultura de los pueblos y a sus protagonistas. También se hará memoria de lo vivido, del presente y se vislumbrará el futuro de la zona rural gijonesa.

Ceferino Medina Meana recibió el pasado mes de noviembre un homenaje por parte de sus convecinos de la parroquia de Baldornón. "Estuvo muy bien, eh; y la comida también", bromea Medina, sentado junto a su panera y rodeado de panoyas. El hombre supura "ruralidad" por los cuatro costados. Residente en el barrio de Salientes, disfruta, a sus 77 años, de la "tranquilidad" de Baldornón. Ya jubilado tras dedicarse a la agricultura, todavía tiene energía para pasar largos ratos en su mimada huerta.

Resopla Ceferino Medina antes de hablar de Baldornón. Le parece que "cambió, esto ya no es lo que era", señala mientras descansa en un banco situado a la entrada de su casa. Le embarga la nostalgia. Su hogar también cambió mucho. Se reformó en 2007. Allí mantiene, de recuerdo, un tonel de lo que un día fue un llagar. Cuenta Medina que ahora quedan pocos vecinos de antaño. El tiempo pasa. Por contra, reconoce que muchos gijoneses han caído "víctimas" del embrujo de Baldornón, una de las parroquias que más lejos queda de la trama urbana de Gijón.

Ceferino Medina vive con una hija, su yerno y un nieto. Está encantado en Salientes y con su huerta, que hace décadas era un filón para vender los productos en Pola de Siero. "Es época de plantar pimientos, tomate, lechuga... y luego a arar la tierra para el maíz y las fabes", sostiene el vecino, un "manitas" en toda regla y aficionado a la mecánica. Es habitual verle echar un cable a quien lo precise. "Me llaman a veces para reparar averías de agua", dice. Pero se queda corto porque le requieren para todo: talar un árbol, reparar una muria, cualquier apaño en Baldornón lleva su nombre.

"Me gusta limpiar, desbrozar y plantar", comenta Ceferino Medina mientras echa un vistazo a antiguas herramientas como la selladora o la sembradora. Una maquinaria de la que no se quiere deshacer. Lamenta que la ganadería ya prácticamente es cosa del pasado en Baldornón. Él, eso sí, tiene sus ovejas y gallinas. Otro aspecto que echa de menos es una mayor fraternidad vecinal. "Antes había más unión, ahora va cada uno por lo suyo", subraya.

Ceferino Medina, junto a su huerta.

Ceferino Medina, junto a su huerta. / Ángel González

Con el transcurrir de los años, no obstante, Baldornón ha experimentado mejoras. Por ejemplo, en los caminos. "Antes era todo de piedra; para ir a la escuela en Fano muchas veces íbamos por los senderos", proclama Ceferino Medina sobre una parroquia extensa en territorio pero no muy prolija en habitantes. Y donde las viviendas, además, están bastante dispersas. A metros de la casa de Medina, en Salientes, están el lavadero y la fuente. "El agua es muy buena", asegura el veterano vecino, que se arregla con el coche porque el autobús no pasa muy asiduamente. En otro aspecto, el saneamiento, la parroquia también ha mejorado lo suyo. Para Ceferino Medina, vivir en Baldornón puede llegar a parecerse a vivir en el paraíso... con un asterisco. Echa en falta algún bar más para socializar más allá de Casa Rubiera, en el barrio de Santolaya, con menor actividad que hace años.

Una limpieza más intensa y el arreglo de algún que otro camino figuran en la lista de deberes que Ceferino Medina pone al Ayuntamiento. En Salientes hay "vecinos" salvajes, como quien dice. "Los tengo todos los días por aquí; hay una finca abandonada cerca y ahí están", asevera Medina, que ya se ha acostumbrado a los jabalíes. No hay miedo. Un pastor eléctrico protege la huerta. "Y lo respetan de momento", festeja.

Baldornón ofrece una perspectiva privilegiada. "Se ve todo Gijón", ensalza Ceferino Medina, para el que la zona "más bonita" es su querido barrio de Salientes. "Es un entorno tranquilo, con tirón; la gente compra muchos terrenos y se están haciendo muchas casas", destaca el vecino, que toca madera para que los temidos robos en viviendas no les afecten.

La media de edad en la parroquia es alta. No hay demasiados niños, admite Ceferino Medina, uno de los residentes a los que más cariño se le tiene en Baldornón. Prueba de ello es el baño de masas que se dio hace unos meses en el tributo que le brindó la asociación "La Raposa". Baños que también puede darse Medina en la piscina que tiene junto a la huerta. Una huerta que atiende con mimo y donde luce un color verde que Ceferino Medina quiere seguir contemplando en la inmensidad de Baldornón.

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