El director del programa de televisión "Salvados", "Gonzo", llega a Gijón: "La atención es la materia prima ahora: es lo único que quieren de nosotros"
El periodista Fernando González, "Gonzo", este jueves el frenetismo un periodismo enganchado a la velocidad, al igual que la sociedad, que se cree "libre", pero que cae en un consumo "cada vez peor" y que "esclavizador"

Fernando González, "Gonzo", director de "Salvados". / Atresmedia/Producciones del Barrio
Fernando González "Gonzo" (Vigo, 1976), periodista de larga trayectoria y rostro más que afianzado como director del programa "Salvados", reflexionará en Gijón este jueves, día 26 de marzo, sobre la necesidad de recuperar la "pausa" en su oficio y en una sociedad dominados por una inmediatez que, a su juicio, erosiona la capacidad crítica del ciudadano. El gallego sostiene que el sistema actual ha convertido la atención humana en una "limitada materia prima" que se regala a estímulos externos, lo que genera una preocupante "falta de concentración". El reportero advierte de que nos encontramos más cerca de la "aparente libertad" de Huxley que de la represión de Orwell y lamenta de un "consumo que esclaviza" donde se "viaja, come y viste peor" que antes. El encuentro, titulado "La importancia de la pausa", se celebrará en el Zephyr Cocktail Bar a partir de las 19.00 horas enmarcado en los encuentros de Nordeste +.
¿Por qué propone la pausa como herramienta para analizar nuestra realidad actual?
Ya hace mucho tiempo que se viene hablando de la inmediatez, sobre todo en los medios. Hay más ganas de ser el primero en dar una información a veces, o ser el que más visitas tiene una información, que ser el que mejor dé la información o más completa cuente una historia. Ahora lo que consumes mucha gente quiere que dure poco tiempo, consumirlo y que le llene, pues como muy rápido. Y cuando vas a una conversación tienes que sentarte con ganas de masticar, de escuchar, es decir, de tener un rato de pausa, que no significa estar parado; a veces digerir con pausa es digerir mejor.
Estamos bombardeados de estímulos, cómo parar.
Es que la atención es materia prima ahora. Lo único que quieren de nosotros es la atención. Por lo tanto, cuando no nos damos cuenta de eso y concedemos ese espacio a los canales de televisión, páginas web, redes sociales... evidentemente perdemos capacidad de atención porque para responder a todo no puedes atender mucho. Y nuestro cerebro es como una esponja, funciona en base a lo que le acostumbras. Y no es que tengamos cada vez menos capacidad de atención, es que cada vez regalamos a más elementos externos nuestra limitada capacidad de atención. Al final el gran perjudicado es uno mismo, porque si no atiendes a nada en concreto o a muchas cosas a la vez, la capacidad de que filtres, de que asimiles, de que interiorices, se reduce sin ningún tipo de duda. Nuestro cerebro está ante una realidad que no habíamos vivido desde que habitamos el planeta y eso nos afectará seguro, porque no hay capacidad de concentración.
¿Cómo cree que esta aceleración afecta a la política y a la toma de decisiones?
El poder está muy atento a cómo consumimos o a qué nos adaptamos como sociedad. Y cuando vieron que nos adaptábamos a que cada día nuestra vida pudiese cambiar por decisiones que tomaban ellos, es mucho más fácil tomar decisiones alocadas, decir frases sin sentido o seguir estrategias comunicativas o políticas que ponen en riesgo la estabilidad. Total, la peña ya está acostumbrada a que pasen cosas locas cada poco tiempo, no nos lo van a penalizar. Yo recuerdo en el año 2017 en España empezó el "día histórico" con aquello del procés. Y alguien dijo: "nos hemos acostumbrado a días históricos por encima de nuestras posibilidades". Pues eso también fue un cambio de paradigma para los políticos.
¿Qué papel juegan las redes sociales en esta adicción a la novedad?
En redes sociales se viven muchos subidones. Por lo tanto, cuando no los tienes, los echas de menos. El mono de que pase algo. Como consumidor de noticias, me refiero. Nos hemos enganchado y es la droga que no nos paran de dar. Eso también hace que vivamos en un mundo cada vez más acelerado. Lo que yo sí fui consciente es que cuando me aburro o cuando mi tren de vida para, lo que estoy pendiente es a ver si pasa algo, porque eso te genera una especie de dopamina y de tu atención está centrada en algo que te retribuye y que te da placer.
Siguiendo esa línea, ¿cree que estamos caminando hacia una distopía tecnológica similar a la de las grandes novelas del siglo XX?
Es distópico y al mismo tiempo lo bueno de que la ciencia ficción nos enseñe el camino. Que lo clásico, lo que siempre ha estado de actualidad, es lo que nos puede salvar. 1984, cuando se publicó en su día, supo ver hacia dónde podíamos ir porque en el fondo los anhelos de los que hoy disponen de tecnología no son distintos de los anhelos de los poderosos cuando se escribió el libro. Pero creo que estamos más en "Un mundo feliz" que en "1984". En 1984 era la represión absoluta, pero en "Un mundo feliz" era la aparente libertad donde realmente no lo eras. Hoy en día esa libertad podría ser el aparato que tenemos en la mano todo el rato que nos está distrayendo de la realidad. Al no estar atento a lo importante, la percepción es muy distinta y todo lo que nos entretiene efectivamente nos hace creer que somos mucho más felices.
En "Un mundo feliz" la gente se distraía con la "soma", que podría ser esa "libertad" que da el móvil.
Sí. Y hoy podemos viajar a sitios donde no podíamos viajar hace unos años y uno dirá: "pues somos más libres". No, no tiene nada que ver con eso. Simplemente podemos consumir más. Y consumir más te lleva a ser más esclavo todavía, porque esa ansia de consumir te obliga o te hace entregarte a aquello que te hace ganar o tener el dinero para poder tener ese consumo. Y aparte los consumos cada vez son de menos calidad: viajas peor, comes peor, te vistes peor. Entonces sí, estamos más en "Un mundo feliz" que en "1984".
¿Cómo sobrevive un programa como "Salvados" en este ecosistema de pura velocidad?
Pues las tablas de salvación siguen siendo las mismas. Hay cuestiones que se ponen de moda o que funcionan por momento porque son novedosas, pero suelen acabar cansando. El paso del tiempo lo que queda es lo que es clásico, y eso sigue siempre funcionando. El contar una historia que apele a emociones, que trate al espectador con respeto, puede que tenga momentos mejores o peores, pero ahí está "Salvados" que lleva 18 años en antena. Pelear contra eso se hace complicado, pero también estamos viendo que cada año tenemos más porcentaje de audiencia. Si ves cien vídeos en cincuenta minutos, llega un momento en el que te das cuenta de que no te acuerdas de la inmensa mayoría de lo que has visto. Pero si has visto un contenido que te ha durado cincuenta minutos, tres años después es muy probable que te acuerdes de ese programa y que te haya aportado algo.
¿A qué político entrevistaría enchufado a un polígrafo?
Yo creo que los políticos están ya tan acostumbrados a la mentira que ni el polígrafo los pilla. Más que polígrafo lo que hay que ponerlos es ante la gente, ante el sentido común. Funciona el sentido común, los desarma más que un polígrafo me parece. Nosotros, por ejemplo, estamos apostando por el mensaje en positivo más que por el ir a descubrir el lado negativo. Creemos que tiene mucha más fuerza que nunca el contar una injusticia no señalando a quién la comete, sino contándolo desde la fuerza y la perseverancia de quien sufriéndolo no se queda callado. Los espectadores muchas veces nos sentimos más apelados y más unidos a alguien que puedes ser tú o que podría haber sido tú o que puede ser tu vecino, que no alguien que queda a muchos escalones de la escala social por encima de ti.
Para terminar, tras tantos años recorriendo el país, ¿cuál es la verdad más dura que ha descubierto sobre España?
Que el rencor con el vecino está muy instaurado independientemente de la parte del país en la que estés o de lo grande o pequeña que sea la ciudad en la que estés. Que hay veces donde el placer de uno es el dolor del de al lado. No del que está muy lejos, sino del de al lado. Eso es lo que más me ha dolido descubrir.
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