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El drama de una niña cubana con un síndrome raro: no puede ir al colegio al no estar empadronada

La pequeña no puede acceder al transporte escolar ya que su familia tiene imposible empadronarse por la dificultar para alquilar piso

Yruama Álvarez, con su hija Emily, de espaldas, en el puerto deportivo.  | JUAN PLAZA

Yruama Álvarez, con su hija Emily, de espaldas, en el puerto deportivo. | JUAN PLAZA

Gijón

Un trámite burocrático sin demasiada importancia está impidiendo que una niña con necesidades especiales pueda ir a clase. Yruama Álvarez, cubana, cuenta que, viendo que la situación de su país se estaba haciendo ya "insostenible", ha emigrado a Gijón con sus dos hijas, una adolescente de 14 años, que ya está yendo al instituto con normalidad, y la pequeña Emily, que tiene 11 años y padece un síndrome raro que afecta a sus capacidades motoras e intelectuales. Tras superar el proceso de evaluación para escolarizar a la niña, se dictaminó que por sus necesidades la pequeña debía formalizar su matrícula en el colegio de educación especial de Castiello, pero el trámite para acceder al servicio de transporte para llegar al centro se ha bloqueado porque la familia no se puede empadronar. "Mi otra hija está yendo a clase sin problemas. Y yo no me puedo empadronar todavía porque no puedo alquilar una vivienda. Si cuido de ella no puedo trabajar", asegura la madre.

El "bloqueo" burocrático, siempre según el relato de la progenitora, no tiene tanto que ver con la matriculación en el colegio –la ley en estos casos prioriza el derecho de los menores a estar escolarizados–, sino con el servicio de transporte que el Principado gestiona para este centro de educación especial, que tiene una ruta específica para llevar y traer alumnos. Una ruta que no es la primera vez que genera quejas entre las familias –hace pocos meses varias de ellas se quejaban de retrasos en la recogida– y que para Álvarez es la única opción "viable" para su hija, ya que asegura que no podría llevarla por sus propios medios.

"Yo ya me había informado de que en Gijón existía este colegio y, al principio, me dijeron que el trámite era fácil y que en 15 días estaría resuelto. Hasta me llevaron a ver el centro", asegura Álvarez, que insiste en que este problema no depende del equipo educativo de Castiello, que no tiene competencias en la gestión del transporte. Esta madre asegura que no le han llegado a explicar por qué la niña necesita estar empadronada para poder acceder al servicio de transporte para ir al cole. La familia, cuenta, se está quedando de prestado en casa de una conocida que no puede empadronarlas en su domicilio, porque se trata, dice, de una persona vulnerable que tiene una prestación social, y que la podría perder si formaliza ampliar su unidad familiar. "Y claro que estoy buscando rentas, pero es imposible. Lo más ‘económico’ son 650 o 700 euros por pisos con una habitación, y los que he visto no aceptan niños", añade la progenitora. Este problema es conocido: hay propietarios que prefieren no alquilar a familias con menores por un temor ya extendido a que se declaren vulnerables y no puedan ser desahuciadas.

Salir de Cuba "fue complicado"

"Yo soy abogada y me costó mucho tomar la decisión de venirme aquí, pero con la niña en casa tampoco puedo trabajar", completa la afectada, que asegura que la conocida que las está acogiendo ha firmado un documento donde acredita que tanto la madre como sus hijas están viviendo en Gijón. "Pero no les sirve; quieren el padrón", lamenta Álvarez, que dice no tener más opciones. "Por mi cuenta no puedo llevarla y en transporte público supondría coger dos autobuses y caminar unos 20 minutos. Emily no puede andar durante más de cinco seguidos", asegura Álvarez.

El padre de la niña, separado de la madre, reside en Madrid y no puede ayudarlas. "Salir de Cuba fue muy complicado. La asistencia sanitaria y la educación están en estado crítico. No podíamos quedarnos más tiempo allí", asegura. La pequeña padece el síndrome de Rubinstein-Taybi. "En Cuba tardaron muchos años en dar con ese diagnóstico. Y fue gracias a un pediatra español que nos vio un día en un restaurante, vio a la niña, y nos facilitó el contacto de una genetista buenísima. Desde ese día supe que haría todo lo posible por venir a España", concluye.

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