Gijón exhibe fervor por La Borriquilla en un Domingo de Ramos soleado y "de tradición": Cimavilla, Begoña y Somió se echan a las calles para abrir la Semana Santa
Los feligreses muestran su devoción en las procesiones que representan la triunfal entrada de Jesús en Jerusalén: "Es un día emotivo"
"Por encima de las diferencias políticas, sociales y culturales, somos gijoneses y hermanos", defiende Javier Gómez Cuesta, párroco de San Pedro

VÍDEO: Sergio García / FOTO: Marcos León
Gijón ha entrado, de lleno, en la Semana Santa. Para muestra, las multitudes que se echaron a las calles para vivir, con pasión y devoción, un Domingo de Ramos que tuvo una destacada protagonista: La Borriquilla. El fervor se apoderó de Cimavilla, Begoña y Somió, que disfrutaron de unas solemnes procesiones en las que no faltaron, claro, la bendición de las palmas y ramos. Centenares de familias acudieron a la llamada de la fe en una soleada jornada que servía también para perpetuar "una tradición". "Es un día muy emotivo", aseguraron los feligreses.
Las inmediaciones de la Capilla de los Remedios, en Cimavilla, estaban atestadas al mediodía. Había mayores y pequeños, muchos de ellos con el laurel en alto para conseguir el bien más preciado, la bendición de Javier Gómez Cuesta, párroco de San Pedro, que tomó la palabra antes del inicio del recorrido. "Es el día de los niños", afirmó Gómez Cuesta, que invitó a toda la ciudadanía a "aclamar al Señor" y a "cuidar más el corazón" de los más pequeños. También abogó por un Gijón "agradable, entrañable y fraterno". "Por encima de todas las diferencias políticas, sociales y culturales, somos gijoneses y hermanos, y la fe es un vínculo fundamental", ahondó el párroco.
Previamente a la procesión hubo un minuto de silencio en memoria de Miguel Ángel Fernández, cofrade de la Santa Misericordia fallecido este año. Un cariñoso momento que precedió al sonido de la carraca y al acompañamiento musical cortesía de la Agrupación Musical Sagrado Corazón de Jesús. Los integrantes de la Cofradía del Niño del Remedio también formaron parte de la comitiva. Algunos de ellos trasladaban la imagen del Niño Jesús. También estuvieron miembros de las Hermandades de la Santa Misericordia, la Vera Cruz y el Santo Sepulcro.
Inés Torrealdea y su hijo Álex Villalobos, y Lorena Martínez y su hija María Artime, observaron el arranque de la procesión desde la plazuela de Jovellanos. "Me emociona mucho", confesó Martínez, que acostumbraba a pasar la Semana Santa en León por cuestiones familiares y con fechas como la de este Domingo de Ramos se va curtiendo en la idiosincrasia festiva local. "Que las tradiciones no se pierdan", deseó Inés Torrealdea. El ramo de su hijo Álex, de once años, estaba "empapado", bromeaba. Sinónimo de objetivo conseguido, la bendición de Javier Gómez Cuesta, que no daba abasto ante las peticiones de unos entregados feligreses.

El Domingo de Ramos en Gijón, en imágenes / Marcos León
En la iglesia de San Pedro desembocó la procesión de La Borriquilla, en cuya carroza varios críos vivieron el trayecto. Resonaron los aplausos en Campo Valdés cuando arribó la Cofradía del Niño del Remedio, antesala de la llegada de La Borriquilla, que representa la triunfal entrada de Jesús en Jerusalén. Con la interpretación del himno de España finalizó el recorrido. Quedaba la misa en el templo. Lucía Rivera de Semana Santa sabe un rato, pues fue cofrade en la Vera Cruz. "En la familia siempre hemos sido muy devotos de estas fiestas tan señaladas", subrayó Rivera, que en su momento procesionó de manola. Su marido, Teo Gavela, portaba los ramos, debidamente bendecidos a las puertas de San Pedro.
Ramos y palmas al cielo en Begoña
Una estampa también intergeneracional brindaba el paseo de Begoña, concretamente los alrededores de la iglesia de los Carmelitas. Los vendedores de laurel apuraban los últimos negocios antes de que La Borriquilla hiciese su aparición para alegría de los fieles, que elevaban al cielo sus ramos y palmas. "¡Aquí, aquí!", exclamaba una mujer, tratando de captar la atención de Fidel Gil, párroco de Nuestra Señora de Begoña, para que este le echase agua bendita. Había asimismo unos cuantos niños que veían la escena a hombros de sus padres, ensimismados con la imagen de La Borriquilla.
Emma Muñiz y Diego Tejón llegaron a Begoña con antelación, con sus hijos Román, Clara y Alicia, de diez, doce y quince años, respectivamente. El verde del laurel sobresalía en esa viñeta familiar. Los cinco, gijoneses, residen en Madrid, pero por vacaciones están en la ciudad y ni por asomo querían perderse el Domingo de Ramos en Begoña. "Siempre venimos aquí, es una tradición; y luego, a ver a los padrinos", aseguró Emma Muñiz. "No somos tampoco muy religiosos, pero esta tradición la mantenemos durante muchos años; toca correr detrás de La Borriquilla", bromeaba Diego Tejón.
Con firmeza agarraba su palma Daniela Testa, de cuatro años, ante la mirada de sus padres, David Testa y Patricia Cueto. Restaban aún minutos para el comienzo de la procesión pero había que agenciarse un sitio. El término "tradición" volvió a salir a la palestra para explicar por qué estaban allí. "Es una manera de continuar el legado que nos dejaron nuestros padres; nos gusta mucho esta época de Semana Santa", sostuvo Cueto, que animaba a la cría a tocar "al burro", una meta que compartían muchos de los presentes.
Una celebración a preservar
A golpe de tambores se abría paso La Borriquilla por Begoña. Los feligreses, colocados a ambos flancos del paseo, exteriorizaban su devoción. La presencia de las casetas del Mercado de Semana Santa obligaba a apretarse un poco, pero no había inconveniente alguno. Muchos aprovechaban también para inmortalizar la ocasión con sus móviles, con fotos y vídeos. Fani Fanjul acudió con sus hijas, Vicky y Sofía Menéndez, de catorce y ocho años. Y con el padrino de estas, Ignacio Menéndez. Se debatieron entre Begoña y Cimavilla para vivir el Domingo de Ramos, pero finalmente pesó lo tradicional y se decantaron por la primera opción. "Hay que darle continuidad a estas celebraciones para que las nuevas generaciones las tengan muy presentes", aseveró Fanjul.
El fervor se expandió también hasta Somió. La mañana empezó con la bendición de ramos en la Capilla de las Madres Agustinas y siguió con la procesión de La Borriquilla hasta la iglesia de San Julián. El párroco, Luis Muiña, se encargó de bendecir ramos y palmas en un Domingo de Ramos familiar y apasionado en Gijón, que ya festeja su Semana Santa entre multitudes.
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