El sosiego ante el auge residencial: Horacio Cuesta, el amigo de Quini que está encantado en esta parroquia de Gijón
"En Cabueñes se nace, se cura, se estudia, se trabaja y se quema", reivindica el agricultor jubilado, de 88 años, que encuentra la paz en su huerta

Horacio Cuesta Cifuentes, en la plantación de aguacates en los prados de su casa, en el barrio de Cefontes, Cabueñes. / MARCOS LEÓN
Horacio Cuesta Cifuentes es uno de esos parroquianos de pura cepa, un entusiasta de la zona rural, de su naturaleza y de su ambiente tranquilo. Un "paisano" de 88 años que no cambia por nada del mundo su vida en Cabueñes, en su casa de Cefontes. Hay una frase que tiene grabada en su cabeza para sintetizar las bondades de Cabueñes. "Aquí se nace, se cura, se estudia, se trabaja, se muere y se quema; hay de todo", afirma Cuesta, homenajeado hace unos meses por la asociación vecinal "Fontevilla".
Un hospital que se avecina a un ambicioso proyecto de ampliación, la Universidad Laboral, el Jardín Botánico Atlántico, el tanatorio, el Parque Científico y Tecnológico... En Cabueñes hay movimiento. Ahora bien, a Horacio Cuesta le gusta más el sosiego de su entorno, la paz que le da comprobar la evolución de su huerta o la vigencia de su hórreo. "Antes se trabajaba muchísimo; mis padres, mis abuelos... No había sábados ni domingos, no sabían lo que eran unas vacaciones", rememora el veterano vecino, que se dedicó profesionalmente a la agricultura y, en menor medida, a la ganadería.
En la huerta, en compañía de manzanas, tomates o fréjoles, Horacio Cuesta es feliz. Como lo fue en octubre, en el mencionado tributo que le brindaron sus convecinos. También fue agasajado Marcelino Álvarez, "un gran hombre", como le define Cuesta. En ese sentido, el avezado residente en Cefontes señala que "de joven colaboré en todo lo que pude".
Una de las pasiones de Horacio Cuesta es el Sporting de Gijón. Su "pobre" Sporting, dice apenado por el momento que atraviesa el club. Cuando sale de Cabueñes, a Horacio le encanta caminar por las mañanas por el Muro de San Lorenzo. Unas "excursiones" antes de volver a Cefontes, un barrio "tranquilo y en el que se está edificando bastante". Bromea Cuesta al hablar de la parroquia en su conjunto. "Si vienen los que murieron hace veinte años, no sabrían si están en Cabueñes o en Estados Unidos; ha cambiado mucho", sostiene.
"Cabueñes es una zona residencial muy buena", resalta Horacio Cuesta, que festeja el avance en el estado de los caminos. "Antes eran caleyes", comenta el vecino en el salón de su casa. Fuera, el verde se expande en los vastos prados propiedad de la familia. Por allí se pasan muy habitualmente Lourdes y Alejandra, las hijas de Horacio, que ya trabajan en un proyecto de huertos de ocio. El nombre está decidido: "Los huertos de las hijas de Horacio". Cortita y al pie.

Horacio Cuesta, con sus hijas Lourdes, a la izquierda, y Alejandra. / Marcos León
Quien intente sacar al jubilado agricultor de la zona rural lo va a tener complicado. "Si me dan la calle Corrida entera no la quiero", señala Horacio Cuesta, que reivindica la escasez de ruido como una de las ventajas de vivir en una parroquia. Amante de la buena sidra, Cuesta tiene cerca de su casa el lavadero de Cefontes o el llagar El Trole, donde "se hacen espichas de gran nivel". Y, justo frente a su hogar, el vivero municipal. "Aquí nacían todas las flores de Gijón", subraya el vecino, al que se le iluminan los ojos al evocar a un ilustre, Enrique Castro, "Quini". "Vino un día de casualidad buscando un llagar para llevar sidra dulce y desde entonces nos hicimos amigos", relata Horacio Cuesta mientras contempla, absorto, la camiseta que le regaló el mítico exjugador rojiblanco, que luce enmarcada en la pared. Quini estuvo en varias ocasiones en casa de Cuesta. Sin ir más lejos, el día de su fallecimiento, en 2018. "Era mejor persona que futbolista, y eso que batió muchos récords", proclama Horacio Cuesta.
Aunque guarda un inmenso cariño por Cefontes, destaca Cuesta la zona de Cimavilla y, en particular, su perspectiva. "Es muy bonita y desde allí se ve la playa y todo Gijón", ensalza el vecino, que echa la vista atrás para recordar sus tiempos en la escuela. "Íbamos con las madreñas y jugábamos al fútbol en el recreo", manifiesta Horacio Cuesta, para el que "el futuro de Cabueñes ya está hecho". La parroquia "llama mucho la atención", recalca el vecino, que añora el espíritu de aldea y, si tiene que pedir algo, echaría en falta pistas deportivas o parques para los más pequeños. Lleguen o no, a Horacio Cuesta Cifuentes nadie le mueve de Cabueñes, parroquia en crecimiento, relativamente cercana al núcleo urbano y que jugará un papel determinante en el porvenir de Gijón.
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