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De la eutanasia de la joven Noelia Castillo al acogimiento de los inmigrantes: Gijón se vuelca con la reivindicativa y multitudinaria procesión del Miércoles Santo

El párroco de San José, Fernando Llenín, critica en su sermón que la eutanasia es "una derrota social" tras realizar las cofradías un recorrido con novedades en los pasos

VÍDEO: Así fue la procesión del Encuentro en Gijón

Nico Martínez

Solemne, emotiva y muy reivindicativa. La procesión del Encuentro Camino del Calvario reunió este Miércoles Santo en las calles del centro de Gijón y en la plaza Mayor a una multitud de fieles que arroparon al novedoso paso de Jesús Nazareno con el Cirineo y la Verónica sobre una misma estructura, así como a los de la Virgen Dolorosa y San Juan Evangelista. Con las imágenes ubicadas en el centro del ágora gijonesa, el párroco de San José, Fernando Llenín, alzó la voz para denunciar los casos de violencia que sufren las mujeres o los jóvenes excluidos. Además, poniendo el foco en el reciente fallecimiento por eutanasia de la joven Noelia Castillo, el religioso defendió que “el suicidio asistido no es un acto médico, sino la ruptura deliberada del vínculo del cuidado, y constituye una derrota social”.

El discurso de Llenín arrancó alrededor de las 21.30 horas. Los soportales de la plaza Mayor lucían a rebosar. Más allá de los cofrades que habían salido previamente desde San José y San Pedro, en el ágora de la ciudad había cientos de gijoneses y visitantes que quisieron presenciar el instante más esperado del Miércoles Santo. Cuando el paso del Nazareno ya estaba frente a la Virgen, el religioso arrancó su sermón recordando los momentos complicados que vivió Jesús durante el Calvario y haciendo hincapié en el “gesto compasivo” de Verónica, la mujer que enjugó las lágrimas del dolor y contempló el rostro del Señor. Esa capacidad la comparó Llenín con la de aquellos hombres y mujeres que en la actualidad cuidan a aquellos que “no pueden vivir, se les expulsa o se les niega el futuro”.

Ante esta situación, Llenín subrayó que “el gesto de la Verónica se convierte para nosotros en una provocación para no ser indiferentes”. “Ningún gesto de afecto hacia quien vive en el dolor, en la soledad o en la necesidad será olvidado”, añadió el religioso, antes de poner el foco en casos como el de Noelia Castillo. “Hoy contemplamos a tantas 'Noelias', cuyas heridas profundísimas reclaman respuestas verdaderamente humanas, que no sean provocar la muerte. Cuando la vida duele, la respuesta no puede ser acortar el camino, sino recorrerlo juntos. Solo así podremos construir una sociedad verdaderamente justa, donde nadie se sienta solo ni descartado”, desarrolló.

Acoger al que llega desde otro país

El resto del sermón lo centró en la denuncia hacia aquellos “orgullosos” que desprecian o sienten indiferencia hacia los inmigrantes que llegan “en busca de un futuro que les es negado en su país de origen”. “Se trata de ver en el emigrante y en el refugiado no solo un problema que debe ser afrontado, sino un hermano y una hermana que deben ser acogidos, respetados y amados”, recalcó Llenín. El Encuentro llegó a su fin con el esperado saludo entre los pasos.

Pero la actividad de los cofrades había empezado mucho antes. En torno a las 20.15 horas, la Vera Cruz partió desde San José con grandes novedades. A diferencia de los años anteriores, en los que la Verónica iba en un paso y Jesús Nazareno con el Cirineo en otro, esta vez el nuevo trono de 6,40 metros de largo permitió que las tres imágenes se lucieran sobre una misma estructura con las vestimentas que les colocó el sevillano Ignacio Juan Fernández Barrionuevo-Pereña, el vestidor oficial de la Vera Cruz.

Thiago, de 11 meses, el cofrade más pequeño

En total, 32 porteadores se encargaron de trasladar el paso desde San José hasta la plaza Mayor. Iniciaron la marcha tras escuchar el golpe de martillo que dio Jonatan Marcos Llorente, el responsable de la empresa que aplicó el barniz al chasis para la Semana Santa. Entre las decenas de cofrades de la Vera Cruz que iban por delante de los porteadores estaba el pequeño Thiago, de 11 meses, quien está viviendo su primera Semana Santa procesionando dentro del carro en el que le lleva su madre, Noemí Martínez.

A paso lento y acompañados por once agentes de la Policía Nacional y por la agrupación musical del Sagrado Corazón de Jesús de Oviedo, la Vera Cruz llegó a la plaza Mayor con un paso engalanado con rosas, estátices, cardos azules, iris, liatris, esparragueras moradas y clavelinas rojas.

Media hora después, desde San Pedro salieron con la banda de la Cofradía del Beso de Judas de Avilés los cofrades de la Misericordia, que acababan de imponer sus medallas a 16 nuevos hermanos. Llevaban sobre sus hombros a la Virgen Dolorosa, que lucía el manto que ha restaurado la Real Fábrica de Tapices. La imagen iba acompañada de gladiolos, rosas blancas, alstroemerias, ásteres y hortensias. Unos segundos más tarde iniciaron su recorrido hacia la plaza Mayor los del Santo Sepulcro con San Juan Evangelista, cuyo paso contaba con rosas rojas, alstroemerias, solidagos y crisantemos. Gijón disfrutó al máximo del Encuentro y la ciudad ya está lista para las jornadas en las que se esperan las procesiones más multitudinarias por el impacto del turismo.

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