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Por las guerras, los niños y los enfermos en una emotiva procesión del Sábado Santo en Gijón

Decenas de personas arropan a la virgen de la Soledad en la procesión por Cimavilla

Vídeo: Procesión del Sábado Santo en Gijón

Vídeo: I. Peláez | Foto: Ángel González

I. Peláez

I. Peláez

Silencio maestrante. El sol bañaba las imágenes de los cofrades en la explanada del Campo Valdés, igual que los últimos azotes de la pleamar golpeaban el Muro de San Lorenzo. Aguardaba la talla de San Juan Evangelista, obra de Rafael García Irurozqui, envuelto el paso en rosas y astromelias rojas y margaritas verdes, reposaba sobre los hombros de los penitentes de la Santa Misericordia. Los penitentes de la Vera Cruz, con crespones negros y su bandera plegada en señal de luto, abrían el camino de la procesión del Sábado Santo, la más madrugadora la Semana Santa gijonesa que cada año va sumando más fieles. Bajo los pórticos de San Pedro, la Virgen de la Soledad, rodeada de liliums, rosas y alhelíes blancos, aguardaba entre el olor a salitre e incienso y conciso sonido de las horquillas.

Cuando el reloj marcaba las nueve de la mañana tomó la palabra el párroco de San Pedro, Javier Gómez Cuesta, para pronunciar el primer misterio. Fue dedicado a todos aquellos que sufren las guerras, parafraseando al Papa León XIV, y recordando los once conflictos bélicos que hoy día generan impacto en el mundo. Palestina y Oriente Medio, destacó. Comenzaba así una procesión emotiva, con un recorrido que discurre íntegramente por Cimavilla, que congregó a decenas de personas, muchos de ellos turistas que comenzaba sus paseos matinales al calor del buen tiempo.

La imagen de la Soledad, encumbrada por los cofrades del Santo Sepulcro, avanzaba para encarar la subida del Escultor Sebastián Miranda. Volvió a tomar la palabra Gómez Cuesta, esta vez para acordarse de los enfermos y poner en valor la labor que desempeñan médicos y enfermeros en los hospitales gijoneses. Ya camino de la calle Las Cruces, con vecinos asomándose a sus ventanas, el párroco de San Pedro tuvo un recuerdo para los cofrades difuntos.

La comitiva avanzaba por la estrecha calle Rosario. Los fieles seguían los rezos marcados. Fue el cuarto misterio un guiño a los jóvenes y niños que sufren la explotación infantil. También, claro, hubo mención a los no nacidos bajo la atenta mirada la Virgen de la Soledad, de riguroso luto en su manto.

Ya encarando la llegada a la calle Óscar Olavarría por Artillería entraron en escena los emigrantes. Para ellos fueron las palabras de Gómez Cuesta, que denunció la divisón social y cómo la brecha entre países ricos y pobres todavía sigue ampliándose cada día. Gijón y las familias fueron el broche a los misterios, con los fieles apretados contemplando las dos imágenes frente a la capilla de la Soledad.

Ignacio Alvargonzález, presidente de la Junta Mayor de Cofradías y Hermandades de Gijón, tomó entonces el micrófono para cumplir con otra de las tradiciones del Sábado Santo al entonar la Salve Regina. Con un "podéis ir en paz" despidió Gómez Cuesta la procesión de la Soledad de María anunciando la Resurrección está cerca.

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