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La figura de la semana: Paloma García Díaz, la comprometida guardiana del pasado

Trabajadora, optimista y decidida, esta mujer, veterana primero a pie de yacimiento y en la gestión patrimonial después, representa los valores de la conservación del legado que el mundo romano y castreño dejó en la ciudad, una materia que, además, da a conocer excelentemente gracias a sus grandes dotes divulgadoras

Paloma García Díaz

Paloma García Díaz / Mortiner

Gijón

Corría el año 1981 cuando una joven estudiante de Prehistoria y Arqueología se acercó a su profesora en la Universidad Autónoma de Madrid, la arqueóloga Carmen Fernández Ochoa, con una petición que, sin lugar a dudas, nacía de una fascinación profunda por la materia: quería participar en verano en las excavaciones que la docente lideraba en Gijón, en Cimavilla, para sacar a la luz la antigua muralla del antiguo enclave romano. Fernández Ochoa le advirtió de que no había presupuesto para pagarle o alojarla, pero el interés de la chica era tal que no aceptó un no por respuesta: no le importó que no hubiera remuneración y se quedó en casa de sus tíos. Aquel viaje iniciático, realizado gratis et amore, fue el comienzo de una larga y prolija carrera que llevó a aquella alumna a ser, desde hace un cuarto de siglo, la directora de los Museos Arqueológicos de Gijón. Su nombre es Paloma García Díaz y no es extraño que haya alcanzado tal hito. Quienes mejor la conocen la describen como una persona abierta, optimista, sumamente trabajadora y, sobre todo, comprometida y decidida en todo lo que se propone, también en la divulgación, que ahora está en boga en la ciudad gracias al extenso programa de "Convivium: arqueología de la dieta mediterránea", que se impulsa desde su área.

Aunque García nació en Madrid, en 1963, sus raíces y su corazón siempre han latido en el norte porque es hija de padres asturianos, en concreto de Sandamías, en Pravia. Su familia es de las que aunque esté a cientos de kilómetros de la tierrina toda la vida ha tirado para ella. La parentela regresaba al pueblo en cada vacación y oportunidad, haciendo que la protagonista de estas líneas, pese a lo que ponga en su DNI, sea más asturiana que nadie. En términos formativos, durante sus años universitarios en la Autónoma su vocación era ya muy clara, cuentan, lo cual llegó a enlazar con su amor por el territorio praviano en su tesina o memoria de licenciatura, en la que decidió investigar las vías romanas de la zona, la Vía de la Mesa.

Aquellas prácticas en la muralla de la villa marítima la sumergieron en una realidad apasionante a nivel académico en lo que se conoció oficialmente como "Proyecto Gijón", pero también cruda por el contexto temporal. En aquella época los cascos históricos no eran como hoy, ya reconocido su valor histórico, recuperados y lugares de interés turístico, sino más bien zonas deprimidas. Cimavilla no era menos y la arqueología era aún una desconocida para muchos vecinos que ponían en duda la importancia de los hallazgos. Por otro lado, casi diariamente, debían ponerse los guantes para limpiar las jeringuillas que los toxicómanos de la época de la heroína dejaban en el yacimiento tras saltar las vallas por la noche.

Las excavaciones duraron varios ejercicios a principios y les siguió otro hito. Mientras el equipo liderado por Fernández Ochoa excavaba frente al palacio de Revillagigedo, descubrieron que la muralla no seguía la línea recta que marcaba la tradición, sino que hacía una curva hacia el interior. Aquel hallazgo fue la clave y tras el se dio paso a la entrada en las Termas romanas de Campo Valdés, un proyecto en el que Paloma se volcó con una entrega absoluta, de las que quitan el sueño y también; sobre esas fechas, fue cuando se instaló definitivamente en Gijón tras tantas campañas a sus espaldas.

El reconocimiento a su capacidad técnica y su compromiso con el patrimonio local llegó en diciembre de 1999, cuando, tras superar la oposición, fue nombrada directora de los Museos Arqueológicos de Gijón, una red que incluye el Museo de las Termas Romanas de Campo Valdés, el Parque Arqueológico-Natural de la Campa Torres –que ahora mismo se encuentra en pleno proceso de modernización– y el Museo de la Villa romana de Veranes, que se abrió en 2007 bajo la batuta de esta mujer, que a nivel personal también ligó su vida a la disciplina, casándose con un arqueólogo y siendo madre de una hija que estudia arquitectura.

Su labor como directora de museos sus colegas la definen como ejemplar en España, demostrando ser una buenísima divulgadora y una gestora creativa que viaja incansablemente al extranjero, tanto nacional como internacional, para observar, aprender y reproducir con acierto las mejores ideas. Con el optimismo por bandera y la fidelidad a los investigadores como norma, a los que siempre tiene en cuenta y no olvida porque durante años ella fue uno de ellos, Paloma García Díaz ha logrado que Gijón no solo conserve sus tesoros patrimoniales, sino que los entienda y ponga en el máximo valor.

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