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Los hosteleros del Cholo en Gijón restan importancia a las caídas en la cuesta: "Son anecdóticas"

"Poco pasa para la gente que hay; se comportan de forma ejemplar", coinciden desde los negocios del icónico enclave, masificado por miles de personas en unos festivos de Semana Santa que califican "de locura total"

La Cuesta del Cholo, en una de las jornadas festivas de la Semana Santa 2026.

La Cuesta del Cholo, en una de las jornadas festivas de la Semana Santa 2026. / Lne

Miles de turistas y gijoneses han convertido la Cuesta del Cholo en el epicentro absoluto del tardeo en esta Semana Santa, un llenazo favorecido por el buen tiempo que, sin embargo, ha reabierto el debate sobre la seguridad y la presunta necesidad de colocar un graderío en el enclave. A pesar de los dos accidentes registrados en el último mes -uno de ellos con resultado fatal y otro ocurrido este mismo sábado-, los responsables de los negocios que dan vida a la zona mantienen una postura común frente a la supuesta peligrosidad del murete: "Pocas cosas pasan para la cantidad de gente que se junta aquí". Esta sentencia resume el sentir de los hosteleros del icónico enclave playu, quienes, encantados por otro lado con unas jornadas que fueron "locura total" y en la que por momentos se agotaron las exitencias de sidra o cerveza, restan peso a la polémica y defienden que el comportamiento general es ejemplar a pesar de las aglomeraciones.

En el margen izquierdo de la cuesta, Roberto Cristóbal, del restaurante El Planeta, analiza estos días pasados con satisfacción. Para Cristóbal, el éxito se debió a una concentración de público gijonés que en verano suele dispersarse hacia zonas de recreo o montaña, a fiestas de prao o que se van fuera de Asturias, que se han juntado con los turistas llegados de fuera. "El buen tiempo ha hecho que tengamos gente desde el martes", explica, destacando las numerosas visitas tanto nacionales como extranjeras. Restó importancia a los incidentes ocurridos, y desde su ubicación, ve el proyecto del Ayuntamiento con cierta distancia, sugiriendo más que la colocación de un graderío no respondería a una necesidad imperiosa de seguridad.

Unos metros más abajo, la visión es similar. Cayo Wei, del bar Las Ballenas, fue testigo directo de la movilización de los servicios de emergencia este sábado tras la caída de un turista. Aunque reconoce que el accidente ocurrió en el punto crítico de la farola, donde ocurrió el que tuvo trágico final, insiste en la excepcionalidad del suceso. "Es muy raro que aquí pase algo, tampoco jaleos o peleas", afirma Wei, quien pone en valor la tranquilidad con la que conviven miles de personas en un espacio reducido. Para el dueño de Las Ballenas, los accidentes son fortuitos y no definen la naturaleza de una cuesta que siempre ha sido el salón de Gijón al aire libre.

Por su parte, Jorge Junquera, al frente de El Mercante, califica lo vivido estos días de "tremendo", asegurando que la afluencia ha superado incluso a las fiestas de Begoña. Junquera, que tuvo que reponer sidra a primera hora del domingo tras agotar existencias. Respecto a los incidentes ocurridos y la masificación, el hostelero apunta a factores externos más que a la propia arquitectura de la rampa que une Cimavilla con el puerto deportivo. "Peligrosa... en 30 años no cayó nadie, no se mató nadie. Puntualmente se cayeron dos... ", reflexiona. Respecto a la posible instalación de un graderío en la cuesta, se muestra crítico. "Recortaría la altura de cara al parapeto, pero quedaría feísimo y desvirtúa lo que es esto", sentencia con dureza; solo ve una ventaja y es que si alguien tuviese un traspiés, caería "un peldaño".

El portavoz del gobierno local, Jesús Martínez Salvador, reiteró hace un mes en el pleno municipal que cualquier intervención como el graderío "solo se hará si hay consenso" con vecinos y negocios. Por ahora, el proyecto carece de un diseño definitivo, dejando en el aire la solución para el espacio que sido un motor turístico y hostelero de alta cilindrada en esta Semana Santa.

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