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Un recorrido por un equipamiento histórico de Gijón: La Colegiata, en 1937

El edificio, cuya historia echó a andar en 1699, fue parcialmente destruido durante la Guerra Civil y se recuperó en los noventa tras invertir 123 millones de pesetas

El retablo mayor.

El retablo mayor. / Archivo Histórico Digital de la Biblioteca de la Universidad Politécnica de Madrid

Luis Miguel Piñera

Luis Miguel Piñera

Cronista oficial de Gijón

La colegiata de San Juan Bautista, que hoy funciona como lugar para diversas actividades culturales, fue en parte destruida durante la Guerra Civil como lo fue también la torre del anexo Palacio más cercana a la Colegiata. A la Colegiata se trasladó la parroquia de San Pedro porque el templo del Campo Valdés quedó totalmente destruido. Vemos el aspecto interior de la Colegiata de San Juan Bautista en estas imágenes que se adjunta en el reportaje, de finales del año 1937.

El paso de templo a instalación cultural gestionada por la Caja de Ahorros de Asturias (luego Cajastur, Liberbank y ahora Fundación Cajastur) se culminó en el año 1992 tras años de obras. El 15 de febrero de 1992, la Colegiata, descubierta ya de andamios, pasó a convertirse junto con el Palacio en la icónica estampa gijonesa que conocemos. El 29 de marzo de 1992 se abrió tras el proceso de rehabilitación del edificio aunque tallas y retablos quedaban pendientes. El presupuesto total de la rehabilitación que la dejó como la vemos en la actualidad fue 123 millones de pesetas

La Colegiata, en 1937

Uno de los púlpitos. / Archivo Histórico Digital de la Biblioteca de la Universidad Politécnica de Madrid

La historia comenzó el 23 de diciembre de 1699 cuando el obispo fray Tomás Reluz concedió licencia a Luis Ramírez Valdés para fundar una capellanía en Gijón, bajo la advocación de San Juan Bautista. Falleció Luis Ramírez Valdés sin ver terminada la obra. El de la imagen superior izquierda es su sepulcro que se conserva en el mismo lugar, al lado del evangelio, que es a la izquierda del Altar Mayor mirando hacia él. Luis Ramírez Valdés era tío de Carlos Ramírez de Jove y Vigil que fue (desde 1708 hasta 1749) el primer marqués de San Esteban del Mar del Natahoyo.

Arriba, por la izquierda  el sepulcro de Luis Ramírez Valdes y uno de los púlpitos; en el centro el retablo mayor y abajo a la izquierda  los ochos medallones que relatan los martirios de Santa Eulalia.  | ARCHIVO HISTÓRICO DIGITAL DE LA BIBLIOTECA DE LA UNIVERSIDAD POLITÉCNICA DE MADRID

El sepulcro de Luis Ramírez Valdes. / Archivo Histórico Digital de la Biblioteca de la Universidad Politécnica de Madrid

En el año 1709, se contrató para cubrir la Colegiata a los maestros carpinteros Cristóbal Fernández y Diego Arias y se encargó la realización de las bóvedas al arquitecto Pedro Muñiz Somonte. La Colegiata presenta planta basilical de tres naves separadas por arcadas sobre pilares. Del año 1710 datan los dos púlpitos.

El retablo mayor, obra de Antonio de Borja y Zayas

La Colegiata tenía seis retablos. El retablo mayor es obra del escultor Antonio de Borja y Zayas (Sigüenza, 1661-Oviedo, 1730) que fue el autor también del retablo de la capilla del Rey Casto de la catedral de Oviedo. Consta según los trabajos de investigación de Vidal de la Madrid Álvarez que el acuerdo para el retablo de la colegiata gijonesa se ajustó el 10 de mayo de 1708 y que los ayudantes de Antonio de Borja y Zayas fueron Francisco Álvarez Acevedo, Pedro Álvarez Acevedo y Pedro Lamadera.

La Colegiata, en 1937

Los ochos medallones que relatan los martirios de Santa Eulalia. / Archivo Histórico Digital de la Biblioteca de la Universidad Politécnica de Madrid

En la nave izquierda se conservan dos retablos. A la izquierda de la imagen que en este reportaje aparece abajo del todo, se vislumbran los ocho medallones que relatan los martirios de Santa Eulalia (Santa Olaya). Ya no se conservaba en la posguerra el cuadro central con la imagen de la santa con la palma del martirio, en su lugar vemos en ese 1937 una cruz. En la sacristía de la catedral de Oviedo se conserva el cuadro original del martirio de Santa Olaya, que es obra de Diego Valentín Díaz en el año 1640.

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