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La cultura asturiana llora a Ian Watson, el maestro británico de la ciencia ficción: "Era un showman, irreverente y extraordinario"

Afincado en Gijón y autor de medio centenar de libros, era uno de los rostros más populares del Festival Celsius 232 de Avilés, con cuya codirectora, la traductora Cristina Macía, estaba casado

Ian Watson.

Ian Watson. / Ricardo Solís

Gijón

El escritor británico Ian Watson falleció ayer en Gijón, la ciudad en la que se había afincado tras el Brexit. Con medio centenar de libros, era una de las firmas destacadas en el universo literario de la ciencia ficción. Su notable trayectoria como novelista le llevó a colaborar con ilustres directores de cine como Stanley Kubrick, con el que trabajó en el borrador de la película "Inteligencia Artificial", que más tarde rodaría Steven Spilberg.

Watson nació en St. Albans, al norte de Londres, en 1943, pero se crio en la ciudad de North Shields, a orillas del Tyne y próxima a Newcastle. Desde joven desarrolló una gran pasión por la lectura y con pocos años realizó sus primeros escritos. Años más tarde, entró en el Ballilol College de Oxford donde se graduó con matrícula de honor de Literatura Inglesa y en 1964 hizo una tesis sobre literatura francesa del siglo XIX. "Cuando terminé aún era un poco bárbaro del norte, así que me mandaron a las colonias y fui a Tanzania", recordaba el propio Watson en mayo del 2024 en unas declaraciones a LA NUEVA ESPAÑA. Visitó también Japón y de ahí saldría su primera publicación en 1969, "Japan: a Cat’s Eye View". El éxito le llegaría cuatro años después con la novela "Empotrados".

Nuevas novelas le situaron como uno de los escritores británicos más destacados de la ciencia ficción. "El modelo Jonás" (1975), "The martian inca" (1977) o "El viaje de Chejov" (1983) son tan solo algunas de las más de 50 novelas que publicó. Recibió el Premio John W. Campbell Memorial, uno de los mayores reconocimientos de la ciencia ficción, y era Gran Maestro de la "European Science Fiction Society".

Ian Watson se casó en 2013 con la traductora Cristina Macía, codirectora del Festival Celsius 232 de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror de Avilés, en el que el escritor británico hacía de relaciones públicas. Watson deja dos hijas Jessica Black y Laura Watson y un hijo político, Kris Black.

En la breve esquela anunciando su fallecimiento, llama la atención la única petición que se ha hecho pública tras la muerte de Watson: "Por expreso deseo del finado, no compren flores, compren libros". El acto de despedida, de cuerpo presente, se oficiará hoy, a las 20.00 horas en el tanatorio Gijón-Cabueñes.

"Showman", "irreverente", "extraordinario" o "rara avis", son algunos de los innumerables adjetivos con los que los que lo conocieron intentan hacer justicia a Ian Watson. "Lo recordaré siempre como un gran conversador y con una capacidad de meter un número inverosímil de ideas en pocas frases", resume Jorge Iván Argiz, codirector del Celsius 232, que trabajó estos años codo con codo junto al británico. "Era indispensable. De puertas para dentro, era un lujo contar con él. Cuando invitas a un artista y el que hace de contacto es Ian, tienes media batalla ganada", reconocía Argiz. Como novelista, añadió, "tiene una mirada brillante".

"Había una forma de describirlo que le hacía mucha gracia: un escritor enfermizamente racionalista, en el mejor de los sentidos. La quinta esencia de la ciencia ficción", comenta Alejo Cuervo, editor de gran parte de las obras de Ian Watson. "Era especulativo y jugaba muy bien con las ideas, pese a tener un gran volumen de publicaciones, no solía repetirse", añade Cuervo.

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