José María Castro, gaditano de 85 años, lleva más de medio siglo como voluntario de la Cocina Económica de Gijón: "Vengo con la misma ilusión que al principio"
A sus 85 años continúa acudiendo a diario a las instalaciones de la calle Mieres para reparar y cuidar las hamacas de la playa de San Lorenzo: "Está hecho de otra pasta; para nosotros es como un padre", afirman sus compañeros

VÍDEO: Nico Martínez / FOTO: Marcos León
"Para mí lo es todo". Con estas palabras resume José María Castro Dávila lo que significa para él la Cocina Económica, la entidad que conoció poco después de mudarse a Gijón desde su ciudad natal, El Puerto de Santa María (Cádiz), y en la que el próximo mes de junio cumplirá 56 años colaborando. En la Asociación Gijonesa de Caridad, responsable de la Cocina Económica, se sienten orgullosos de seguir contando a diario con Castro, que se encarga de reparar y cuidar las hamacas de la playa de San Lorenzo. "Está hecho de otra pasta. Para nosotros es como un padre", afirma Juan Varas, el responsable de Servicios Externos en la Cocina, sobre el voluntario más veterano de la entidad.
José María Castro Dávila llegó a Gijón junto a la familia de su mujer, Mariluz, tras vivir una juventud en la que se vio obligado a trabajar desde pequeño para ayudar a sus padres en el cuidado de sus cuatro hermanos pequeños. En la villa de Jovellanos, Castro llegó a realizar tareas de desguace de barcos y de recogida de basura antes de comenzar a trabajar en la empresa industrial Autógena Martínez, en la que estuvo hasta conseguir jubilarse con 60 años. Al tiempo que desarrollaba esa intensa carrera profesional, la Cocina Económica se convirtió en un pilar fundamental en el día a día de un gaditano que no tardó en aficionarse al Sporting.
En junio de 1970, apenas unos años más tarde de establecerse en el barrio de Ceares, Castro realizó sus primeras tareas para la Cocina Económica instalando las casetas y hamacas en la playa de San Lorenzo junto a Manuel Mora, quien de aquella estaba al frente de los Servicios Externos.
Aquel fue tan solo el inicio de una larga historia de la mano de la Cocina para Castro, quien este año ha sido distinguido como socio de honor de la entidad. En la actualidad, este vecino de Ceares de 85 años se desplaza al almacén de las instalaciones de la calle Mieres para arreglar hamacas durante al menos tres horas sin sentarse en ningún momento. "Les doy una quinta y hasta una sexta vida extra. Me gusta hacer esas tareas. No lo veo como si fuera un trabajo y eso me ayuda a venir con la misma ilusión y ganas que cuando venía con 30 años, aunque ya no haga todo lo que podía hacer con aquella edad", subraya.
A lo largo de estas cinco décadas en la Cocina, también se ha encargado de las almohadillas de los asientos de la plaza de toros de El Bibio y de El Molinón. "En esta casa me siento querido. Siempre he notado que valoran mi trabajo y que me lo agradecen mucho", señala el voluntario más veterano de la Cocina, quien asegura que continuará colaborando "mientras la salud lo permita". "Siento que aquí me siguen necesitando", apunta Castro, que espera que más jóvenes se unan como voluntarios a la entidad.
Beneficiar a los necesitados
Tanto abril como mayo son meses en los que el volumen de trabajo de Castro crece para que cuando llegue la época estival las hamacas puedan lucirse en San Lorenzo. "En el verano está la salsa de todo esto", bromea Castro, quien mantiene su inconfundible humor gaditano. "Me da mucha satisfacción pensar que cada hamaca, silla o caseta que arreglo será alquilada y ese dinero servirá para beneficiar a una persona que viene a esta casa en un momento difícil de su vida", agrega Castro, quien puntualiza con una sonrisa de oreja a oreja que su hijo José y su nieto Marc también colaboran con los Servicios Externos de la Cocina Económica.
El responsable de este equipo de voluntarios, Juan Varas, es uno de los muchos componentes de la Asociación Gijonesa de Caridad que aprendió de los consejos de Castro. "Lo que aprendí en poco tiempo se lo debo a él. Se lo sabía todo a la perfección y lo que hace es increíble. De las más de mil hamacas y 130 casetas que tenemos, todas han pasado por sus manos", cuenta Varas, quien define al voluntario más veterano de la Cocina como "un trabajador nato". "Es un ejemplo por su discreción, sencillez y humildad", aseveran sus compañeros sobre un histórico voluntario que cuando colaboraba en la playa llevaba bocadillos y frutas a los usuarios de la Cocina que estaban participando en la instalación de las hamacas y casetas.
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