Los Misioneros Claretianos, impulsores del colegio Corazón de María, medalla de Oro de Gijón
Los Misioneros Claretianos fundaron el centro educativo en 1938 y por el mismo han pasado miles de alumnos
El colegio es hoy uno de los más modernos de la ciudad, tiene planes de expansión y destaca por su método educativo

Codema / Ángel González
Los Misioneros Claretianos, que constituyeron su primera comunidad en Gijón en 1922 y que fundaron en 1938 fundaron el Colegio Corazón de María, recibirán este año la Medalla de Oro de la Villa a propuesta de la Alcaldesa. Carmen Moriyón resaltó que «el Corazón de María es parte de la identidad de Gijón; un lugar donde muchas familias han confiado la educación de sus hijos y que ha generado un vínculo emocional que trasciende generaciones». Por su parte, Arturo Muiño Fonticoba, superior de la comunidad claretiana de Gijón reunida ayer para la ocasión por LA NUEVA ESPAÑA, señaló que «recibimos con humildad, gratitud y sorpresa esta distinción». «Se ha trabajado con mucho cariño y se han integrado los claretianos en la ciudad, en el espíritu de Gijón», resaltó.
Muiño explicó que desde la fundación del colegio siempre hubo claretianos trabajando en el mismo, aunque actualmente la dirección ya está en manos de seglares con los que tienen «una comunión muy fuerte». Profesor durante muchos años en el Corazón de María, el superior de la comunidad religiosa premiada incide en lo que no ha cambiado en la enseñanza que se imparte en el mismo desde sus orígenes. «Permanece que educamos en los valores evangélicos y la formación que tratamos de dar es individualizada, atendiendo a las necesidades de cada alumno», contó. « Y también permanece el amor que queremos dar a la Virgen. Yo tengo un eslogan que le digo siempre a mis antiguos alumnos que vienen a verme; quien entra en el Corazón de María no sale nunca de él, porque del corazón de una madre no se sale nunca», agregó. «Y eso lo hemos ido transmitiendo, siendo fieles a lo que es nuestro carisma en la Iglesia, que es educar y evangelizar», apostilló.
José María Valdivielso es el más veterano de los cinco claretianos que integran la comunidad, a la que llegó en 1972 cuando «había 600 alumnos y ahora son casi 1.600». En aquella época los claretianos impartían clases entre semana, los sábados organizaban salidas de montaña y los domingos dos sesiones de cine de barrio «a una peseta». Germán Padín, misionero claretiano y párroco del Corazón de María, incidió en que el premio que recibirán el día de San Pedro «lo recibimos en el nombre de tantos claretianos que a lo largo de tanto tiempo han dado todo por la congregación, por la educación y por la parroquia».
Otro de los misioneros claretianos, David Onana, apuntó que «es un reconocimiento histórico y para nosotros también un desafío, porque tenemos que continuar con este legado, una responsabilidad que no es fácil». José Manuel Sueiro Expósito, misionero claretiano y coordinador de pastoral, consideró a su vez «un orgullo recibir de la ciudad este reconocimiento a una misión y una vida entregada» y también dijo que «los alumnos de antaño ahora son padres y abuelos de los que tenemos ahora».

Alumnos del Colegio Corazón de María en el patio / LNE
El equipo directivo del colegio también expresó su agradecimiento por la Medalla de Oro. Aitor Castaño, director general y director de educación primaria del centro expresó su «orgullo como antiguo alumno, como profesor y como director ahora, porque entendemos que es un reconocimiento que la sociedad gijonesa otorga al colegio» «Lo recibimos agradecidos y motivados para seguir cien años más con la labor tanto evangelizadora como educadora», añadió.
Además de resaltar que la piedra angular es «la personalización» del aprendizaje de cada alumno en función de sus necesidades, destacó también el «sentimiento de pertenencia» de los estudiantes que entran en el colegio con tres años y salen con 18. Y «además siempre tiene una propuesta formativa, deportiva y pastoral, que incluye fines de semanas y vacaciones. Hay críos que hacen prácticamente la vida escolar y el tiempo de ocio con nuestros educadores», lo que explica ese vínculo entre ellos y con la institución.

UNA IMAGEN DE LAS INSTALACIONES DEPORTIVAS DEL COLEGIO. / ANGEL GONZALEZ
Para José Manuel Vázquez Menéndez, jefe de estudios de secundaria y de bachillerato, «este premio nos incentiva a seguir haciéndolo tan bien como hasta ahora, a acoger no sólo a los alumnos, también a sus familias y a los profesores; cada persona que pasa por aquí, cuenta». Carlos Pellitero, jefe de estudios de primaria apuntó respecto a la calidad en la enseñanza que «por aquí pasaron muchos alumnos que luego fueron personalidades importantes en Gijón y en España» y sobre los vínculos que se generan, señaló que «muchos antiguos alumnos paran por la calle a claretianos» que les dieron clase.
Sonia Álvarez, directora pedagógica de bachillerato, antigua alumna y ahora profesora, destacó por su parte «la formación integral de la persona, no sólo la académica» y los lazos que permanecen entre quienes fueron alumnos del centro, citando a la Asociación de Antiguos Alumnos. Para José Ramón González Quelle, director pedagógico de secundaria, la Medalla de Oro de la Villa «es el reconocimiento a un centro educativo que sabe abrirse a la sociedad y dar respuesta a las necesidades de los alumnos».
Cristina Ballesteros Menéndez, coordinadora de formación y orientadora añadió que «es el reconocimiento a un colegio que es muy importante para Gijón; han pasado por nuestras manos miles y miles de alumnos y vayas a donde vayas, siempre encuentras a alguien que ha estudiado en el Codema o que tiene un familiar que ha estudiado; somos un gran referente para Gijón». Para Irene Serdio, directora pedagógica de infantil, «es un reconocimiento merecido por la labor de los misioneros claretianos, no sólo en la faceta educativa, sino también a nivel social, por su compromiso y solidaridad».
El Codema recibirá este reconocimiento de la ciudad en un momento en el que tiene en marcha un proyecto para, crecer, con una guardería de 0 a 3 años en la planta baja de antigua sede de las Siervas de Jesús de la Caridad, pendiente de trámites en el Ayuntamiento. En el mismo edificio también prevé, a más a largo plazo, abrir dos módulos de FP en las dos plantas superiores.
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