Asturias, Gijón y Cimavilla entregan su corazón a Rambal: "Con el amor que nos diste, hicimos una ley"
Vecinos, amigos y más de 30 colectivos, entre ellos LA NUEVA ESPAÑA, colman un gran tendal de prendas con consignas dedicadas al icono LGTBIQ+ asesinado hace medio siglo y figura inspiradora para la nueva norma autonómica de diversidad sexual

Oriol López
Dicen de él que fue una lección de valentía, una forma de estar en el mundo que no entendía de miedos ni de grises en una época sombría, la de la dictadura. Alberto Alonso Blanco, el eterno Rambal, lavandero de día y alma libre de noche, volvió el mediodía de este domingo a ser el centro de una Cimavilla que "no olvida" ni permite el tiempo borre su sonrisa y su recuerdo. Cincuenta años después de aquel fatídico 19 de abril en el que apagaron su luz con la sombra de la muerte, cientos de personas se congregaron en la emblemática Plaza del Lavaderu, donde vivía y que era epicentro de su vida, para celebrar el homenaje "Amor para Rambal". El acto, organizado por la Asociación Vecinal Gigia de Cimavilla, logró reunir a más de una treintena de entidades y colectivos de Gijón y Asturias que se unieron en una estampa tan cotidiana como un gran tendal comunitario, uno como al que Rambal contribuía cada día con el jabón y sus manos.
En las cuerdas, cada una de ellas colgó una prenda con un mensaje dedicado al icono LGTBIQ+. "Con el amor que nos diste, hicimos una ley: Va por ti, Rambal" fue uno de los más potentes con Nuria Rodríguez, directora general de Diversidad Sexual del Principado, como encargada de hilar a base de pinza y camiseta al gijonés como una de las personas más inspiradoras de las que emana la legislación asturiana de diversidad sexual; el anteproyecto de ley, aprobado hace un mes escaso, en un futuro cercano blindará derechos que en 1976 le fueron arrebatados a él mismo en un crimen que su barrio y Gijón siguen queriendo reparar, no ya con justicia, sino con memoria.
GIJÓN. Plaza del Lavaderu. Acto de homenaje a Rambal por el 50 aniversario de su asesinato / Mario Canteli
Bajo un sol que acompañó durante toda la jornada, la plaza se llenó mientras sonaba por megafonía el "Rambalín" de Rodrigo Cuevas para amenizar un ambiente que, a pesar de lo agridulce de la fecha, tuvo mucho de festivo gracias al desparpajo de los vecinos históricos del barrio, los activistas y representantes de colectivos llegados de toda la ciudad. Eso sí, mientras se pasaba lista a las 34 entidades participantes, apareció una figura que a pesar de su discreción, también a lo largo de las décadas, es imposible que pase desapercibida en esta fecha: Rosa Alonso Blanco, la hermana de Rambal, con el que comparte un asombroso parecido físico y es considerada por muchos como un retrato vivo del homenajeado.
Visiblemente conmovida por la respuesta ciudadana, y convertida en protagonista indirecta del acto, apenas pudo articular palabra. "Quiero dar las gracias a los que organizaron esto y a todas las personas presentes", alcanzó a decir, emocionada y desbordada por la intensidad de la ceremonia, a cuyo término le sería entregada de manos de Sergio Álvarez, el presidente de Gigia, una foto enmarcada de la estatua de bronce de su hermano en la plaza.
Amor "para Rambal y el mundo"
Álvarez aprovechó la entrega de este detalle para subrayar el cambio de paradigma que ha vivido el barrio en este medio siglo. El presidente de Gigia contrapuso el presente con el sepelio de Rambal, recordando que, si bien en aquel momento las coronas de flores reclamaban una justicia que nunca llegó, la cita de este domingo buscaba ofrecer "amor" y reconocimiento social. En su discurso, defendió la memoria histórica como la vía de reparación necesaria frente a la impunidad del crimen, incidiendo en que la figura de Alberto Alonso ha trascendido su entorno íntimo para integrarse en la identidad de todo Gijón. Concluyó reivindicando el legado de hospitalidad del lavandero y definiendo el cuidado a los demás como el mayor acto de libertad posible. "Hoy damos amor para Rambal, amor para el mundo; feliz día y feliz vida, puxa Cimavilla y puxa Gijón", remató Álvarez.
La representación institucional y civil completó el mosaico de apoyos con mensajes que subrayaron la vigencia social del personaje. La concejala de Cultura, Montserrat López Moro, definió a Rambal como una "forma de resistir" y un referente cuya singularidad explica la propia historia de Gijón. Por su parte, el edil de Servicios Sociales, Guzmán Pendás, incidió en la faceta solidaria de Alberto Alonso, recordando su labor informal de ayuda a domicilio para los vecinos más solitarios del barrio. También el diario LA NUEVA ESPAÑA se sumó al gran tendal colectivo con una proclama en favor de la resiliencia, en la que el periodista de esta casa Pablo Palomo instó a que la sonrisa de Rambal sirva de guía colectiva frente a la intolerancia.
Sus amigos, presentes
En el desfile de las decenas de asociaciones hubo un lugar especial que dio cierre definitivo al acto con aquellos que conocieron a Rambal de tú a tú: sus amigos. Entre los que hablaron, Jacinto Pidal, amigo íntimo del icono del barrio, compartió con los asistentes las tardes conjuntas de disfraces y fiestas; también, la otra cara de la moneda de la crudeza, que es el humo saliendo de la casa de Alberto Rambal el día de su asesinato. Pidal lamentó la inacción policial de la época ante un crimen que hoy, en democracia y bajo su punto de vista, habría tenido un desenlace judicial muy distinto.
Por su parte, Charo García puso voz a la infancia de aquella Cimavilla que encontraba en Alberto "el mejor espectáculo del mundo" con su circo callejero. "Nos daba vidilla y entretenimiento", recordó nostálgica de aquel "circo" en el que ella llegó a bailar. El cierre de los testimonios personales fue para Violeta Gómez, "La Monro", que apenas pudo evocar el recuerdo cotidiano de Alberto trabajando con la lejía antes de que la emotividad le impidiera continuar. Su exclamación final, un sentido "¡Rambalín!", fue el epílogo a una jornada en la que Cimavilla volvió a demostrar que, medio siglo después, la figura de su vecino más ilustre sigue siendo el motor de su identidad.
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