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Aumenta la recogida separada de residuos orgánicos: un gesto cotidiano clave para cumplir la ley y proteger el entorno

Gijón avanza en su compromiso con la sostenibilidad ya que cuenta con una red consolidada de más de 1.400 contenedores de orgánica distribuidos por el casco urbano

Residuos orgánicos

Residuos orgánicos

L. L.

Gijón avanza lentamente en su compromiso con la sostenibilidad, pero el éxito depende en gran medida de un gesto sencillo que está en manos de toda la ciudadanía: separar correctamente los residuos de cocina y depositarlos en los contenedores de tapa marrón para su reciclaje en compost y electricidad. Desde la Empresa Municipal de Servicios de Medio Ambiente Urbano (EMULSA) se insiste en que este pequeño hábito diario e individual es determinante para cumplir con la legislación europea y evitar sanciones, además de contribuir de forma directa al cuidado del medio ambiente.

Gijón cuenta actualmente con una red consolidada de más de 1.300 contenedores de orgánica distribuidos por el casco urbano, cuya modernización se ha completado en los últimos años con mejoras en accesibilidad, higiene y control de uso mediante la Tarjeta Ciudadana, para evitar que se depositen otros residuos mezclados.

Estas actuaciones han sido financiadas en parte con fondos europeos del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, reforzando el compromiso municipal con una gestión más eficiente de los residuos.

Sin embargo, el reto no es solo de infraestructuras, sino también social. Durante los últimos ejercicios, los datos reflejan avances, pero también evidencian la necesidad de mejorar la cantidad y calidad de la separación de los residuos domésticos. Según los últimos datos disponibles de 2025, Gijón ha roza el 40% de tasa de reciclaje, una mejora respecto a años anteriores, pero aún lejos del 55% exigido por la normativa europea. En cuanto a la recogida de materia orgánica, se han alcanzado cifras cercanas a las 4.300 toneladas anuales, consolidando una tendencia al alza.

El principal obstáculo sigue siendo la presencia de residuos impropios en los contenedores marrones. En algunos periodos, estos han llegado a superar el 25%, dificultando el proceso de reciclaje y encareciendo el tratamiento. Este problema no es menor: cuando la fracción orgánica no cumple los estándares de calidad, puede perderse la posibilidad de su tratamiento como compost, derivándose a vertedero con el consiguiente impacto ambiental y económico. Además, el coste de tratamiento podría incrementarse significativamente, repercutiendo directamente en la tasa de residuos que pagamos toda la ciudadanía. Y es que el tratamiento de residuos orgánicos es gratuito si se cumple con menos del 20% de impropios, pero si esa materia orgánica va al contenedor de basura mezclada, el coste del tratamiento es de 82€/t de ahí la importancia de separar la orgánica.

Solo residuos orgánicos

Desde EMULSA se recuerda que en el contenedor marrón deben depositarse exclusivamente restos orgánicos: restos de comida, pieles de frutas y verduras, posos de café, cáscaras de huevo o pequeños restos vegetales. Elementos como plásticos, envases, pañales o toallitas deben ir a otros contenedores, ya que contaminan la fracción orgánica y dificultan su valorización.

Este esfuerzo colectivo cobra aún más importancia en el contexto del nuevo Plan Municipal de Residuos 2025-2030, actualmente en su fase de desarrollo inicial. Este Plan marca una hoja de ruta ambiciosa basada en la economía circular, la reducción de residuos y el incremento de la recogida separada. Su éxito dependerá, en gran medida, de la implicación activa de la ciudadanía.

La normativa es clara y los objetivos, ineludibles. A partir de 2025, los municipios que no alcancen los objetivos de reciclaje establecidos se enfrentarán a sanciones económicas que podrían superar el millón de euros anual. Pero más allá de las obligaciones legales, está en juego algo más importante: la sostenibilidad del entorno y la responsabilidad con las generaciones futuras.

Separar los residuos orgánicos no es solo una obligación, es una oportunidad. Una oportunidad de transformar restos en recursos, de reducir emisiones y de construir una ciudad más limpia, eficiente y comprometida. En definitiva, una oportunidad de demostrar que los grandes cambios empiezan con pequeños gestos individuales desde nuestros hogares.

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