Del menú ultracongelado a comer "casi" como en casa: Gijón libra su batalla escolar en los comedores
Los retrasos en la comprometida implantación de la línea caliente en los colegios públicos, y los encontronazos con el edil de Educación, tensan la reivindicación de las familias, que recurren a la Alcaldesa

Un comedor escolar. / EP
"Comida caliente y de calidad ¡Un derecho de verdad!" es el mensaje con el que se está animando a las familias a concentrarse este martes por la tarde en la plaza Mayor para reivindicar un cambio en el servicio de los comedores escolares. Una concentración que acompañará la reunión que las familias han conseguido tener con la Alcaldesa, Carmen Moriyón, a la que solicitaron su intermediación tras el tenso encuentro que tuvo lugar el pasado jueves entre representantes de asociaciones de padres y madres y el edil de Educación, el popular Jorge Pañeda. No había sido el primero. Hay quien recuerda como se encaró a la salida de un pleno en febrero del año pasado con quienes pedían su dimisión. El jueves pasado lo que hizo Pañeda fue acabar abandonando la reunión tras ser increpado por algunos asistentes.
La bronca política ya se la había llevado el concejal unas horas antes en el Pleno –donde tuvo que comparecer a petición del PSOE– por el mismo motivo: la comprometida llegada a los colegios gijoneses de la denominada línea caliente no será realidad tampoco el próximo curso. Lo que va a llegar, por ahora, es un excepcional contrato de mantenimiento de vigencia para garantizar que más de 3.500 niños y niñas de 32 colegios públicos de la ciudad puedan seguir comiendo a partir de este 9 de mayo. Fecha de finalización del contrato actual, con todas sus prórrogas. Pero, ojo, que la opción de pasar de la actual línea fría, que todos rechazan, a una línea caliente donde se ofrecen platos realizados en el día y listos para consumir no es el ideal que reivindican las familias. Su objetivo está en conseguir un modelo de cocinas de proximidad donde la comida llegue al comedor directa de los fogones de la propia cocina del colegio. O por lo menos de una cocina que no esté demasiado lejos y que ofrezca a los pequeños una comida "casi" como la de casa.
Pañeda no es el primer edil de Educación que lidia con las quejas de las familias por un servicio que se adjudicó en 2020 a la firma Serunion. El sistema actual supone que dos veces por semana se trae la comida desde la cocina que la empresa tiene en Valladolid, se la conserva en neveras a cuatro grados y es regenerada en los hornos de cada colegio antes de servirla. La cantidad de la comida, el tipo de alimentos que conforman el menú, el equilibrio de la dieta... El anterior equipo de gobierno del PSOE ya tuvo que lidiar con el malestar de las familias por estos y otros motivos. Y más teniendo en cuenta que tanto la adjudicación del nuevo contrato en 2020 como la decisión de prorrogarlo en 2023 conllevó una subida del precio. Ahora mismo son 101,09 euros al mes para los fijos.

Jorge Pañeda, en el Pleno. / Angel Gonzalez
Así, que las familias pasaron de las quejas puntuales a las exigencias de un radical cambio de modelo que les garantizara a sus hijos e hijas que ese pescado, esa carne o esa fruta del mediodía no había recorrido más de 300 kilómetros para llegar a la mesa. Una lucha en la que estuvieron acompañados desde dentro de la Casa Consistorial por IU y Podemos presentando decenas de iniciativas en comisión y pleno y que ya le tocó de lleno a Jorge Pañeda, al que la marcha de su compañera Ángeles Fernández-Ahúja, le sumó las competencias de Educación a su responsabilidad de Deportes.
El primer movimiento del área de Educación fue encargar un estudio del que se dio cuenta en junio de 2024. Sus conclusiones no eran vinculantes pero del informe de Runitek Ingenieros quedó claro que era inviable que cada colegio tuviera su cocina. Ni siquiera que hubiera una cocina por cada uno de los seis distritos de la ciudad. Para los redactores del informe la opción viable era tener una gran cocina centralizada en Gijón, con un equipo de 36 personas desde la que dar servicio a todos los colegios repartiendo la comida en furgonetas. En septiembre de 2024, Pañeda confirmaba que se valoraría implementar la línea caliente y que ya se trabajaba en ello con el objetivo de que estuviera en el curso 2025/2026.

Un grupo de madres charla con las concejalas Noelia Ordieres y Olaya Suárez, a la salida de un Pleno. / Marcos León
Ni llegó para ese curso. Ni parece que llegará para el que viene, ya que, aunque la voluntad política de sacar la línea fría de los comedores escolares aún no están los pliegos que permitan licitar el nuevo contrato–de los más complejos que tiene entre manos la administración local y de los de más envergadura con cerca de 22 millones–y hacerlo con las nuevas condiciones. Esos retrasos, y sus justificaciones, son lo que las familias le reprochan a Pañeda. Sí a finales de 2025 el edil había dicho que los pliegos estaban muy avanzados y se podría contar con ellos a principios de este año, en marzo de 2026 decía que la tramitación se retrasaba para introducir modificaciones con motivo de la entrada en vigor en abril del nuevo Real Decreto estatal sobre alimentación saludable en los centros educativos.
No fue el único cambio de guion. Solo hace unos días, Pañeda hacía público que los pliegos no estaban ya que la responsable de hacerlos no había cumplido las condiciones de cambio que él mismo le habia fijado. Esa responsable fue cesada lo que conllevó que el sindicato Usipa anunciara que llevaría a Pañeda a los tribunales.
Y en ese enrevesado escenario llega el encuentro con la Alcaldesa solicitado por la Federación de Asociaciones de Padres de Alumnos de Asturias (FAPA) Miguel Virgós y varias Ampas de colegios públicos locales para quienes, como dice otro de sus eslóganes, sus hijos e hijas "no pueden conformarse con menús fríos y precocinados".
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