El menú escolar que reivindican las familias en Gijón: alimentos de cercanía, nada de tuppers de plástico y la cocina en el colegio
El compromiso municipal de cambiar la línea fría por la caliente es una mejora parcial para la Federación "Miguel Virgós", que ha trasladado a la Alcaldesa su plan de mejoras para el servicio de comedor escolar

Pequeños, a las puertas del Ayuntamiento,c on pancartas reivindicando comida sana en sus colegios. / Marcos León
Si el compromiso de la Alcaldesa con las familias se cumple este 2026 será el último año en el que a los comedores de los colegios públicos de Gijón llegará la comida ultracongelada desde una cocina de Valladolid. Enero de 2027 es la fecha prevista para que pueda entrar en vigor ese nuevo contrato que lleva implícita la incorporación de la línea caliente y que ha sacado a la calle a las familias y generado un conflicto dentro y fuera del Ayuntamiento. Pero, ojo, aunque las familias reconocen la mejoría no es el objetivo de su lucha.
Quieren ir mucho más allá y por eso las representantes de la Federación "Miguel Virgós" le dejaron sobre la mesa a Carmen Moriyón un documento con ocho bloques de propuestas para mejorar un servicio que reciben ahora mismo 3.500 escolares en una treintena de centros educativos. Desde la reivindicación de cocinas en todos los colegios a catas abiertas a padres y madres para que vigilen la comida que se da a sus hijos e hijas. Además, de cambios en horarios, ratios de comensales por monitor, mejoras en los menús...
El pilar de su propuesta es convertir en una prioridad institucional promover un modelo de cocina de cercanía. ¿El ideal? Una cocina en cada colegio pero también están abiertos a, utilizando infraestructuras públicas ya construidas o con posibilidad de reforma, que haya una cocina por distrito que atienda a los colegios de ese área o cocinas centralizadas que puedan dar servicio tanto a colegios como a residencias o centros de atención a mayores. Por eso, la petición concreta al Ayuntamiento es que elabore un plan director de construcción de cocinas y fije partidas económicas en su presupuesto para avanzar en ese camino. En este punto de su documento aprovechan las familias para reflexionar sobre la necesidad de que haya comedores en los centros de secundaria.
Nada de recipientes de plástico
Pero con o sin esa cocina de cercanía, las familias entienden que hay margen de mejora en los menús de sus hijos. Y por ello reivindican que en los pliegos del contrato se potencie el consumo de productos de cercanía, se concreten las materias primas y se dé más peso a los criterios de calidad que a los económicos. Otra petición: una prohibición expresa de calentar o transportar comida caliente en recipientes de plástico aunque tengan la condición de aptos. Las familias hacen suyas conclusiones de informes que alertan de efectos negativos para la salud del consumo elevado y prolongado en el tiempo de ese tipo de recipientes.

Tuppers llenos de mensajes reivindicativos que los pequeños dejaron a las puertas del Ayuntamiento en la manifestación del martes por los comedores escolares. / Lne
Otro bloque de exigencias tiene que ver con los horarios de prestación del servicio. No solo piden ajustes cuando hay cambios por el horario lectivo, también que el horario del personal de atención dure una hora más que el de los escolares para poder atender incidencias. Además, de una reordenación de las ratios a partir de un mínimo de un monitor por cada ocho alumnos de infantil y por hasta quince de Primaria, que iría aumentando a ese mismo ritmo de ocho y quince pero con posibilidades de ampliación si hay pequeños que necesiten de atención especial.
De enseñar a comer sin castigar a lavarse las manos y cepillarse los dientes
Padres y madres entienden que el contrato debe incluir como elemento básico un plan educativo igual para todos los colegios que incluya un plan de actividades a realizar tras la comida, mecanismos de gestión de conflictos –desde ruidos a peleas–e instrumentos para mejorar la relación de los pequeños con la comida que no conlleven obligar a comer o castigar si se deja comida en el plato. Además, ven imprescindible que el personal del comedor oriente a los pequeños en la necesidad de que se laven las manos antes de comer y se cepillen los dientes después.
El interés de las familias por saber qué comen sus hijos no se queda en exigir del Ayuntamiento que intensifique los controles sobre el cumplimiento de las condiciones del contrato y sanciones todos y cada uno de los incumplimientos. Quieren participar activamente en ese control teniendo acceso al etiquetado de los ingredientes, a la información sobre escolares que asisten, monitores que les atienden y raciones que se sirven y a realizar catas in situ para comer lo que se les va a servir a los menores.
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