Eduardo García Carmona, experto en pesca: "Para recuperar el salmón no solo hay que mirar al río, también a las capturas que se hacen en la mar"
"Fui pescador de truchas porque se pagaban muy bien y me sacaba un sobresueldo; ahora son otros tiempos y prefiero pescar por su vertiente social"

Eduardo García Carmona, con su nuevo libro.

Eduardo García Carmona (1951) es periodista jubilado y una voz autorizada en el mundo de la pesca. Criado en León, conoce los ríos de casi toda España -y medio mundo- y eso incluye a ribereños y aficionados a la caña. Acaba de publica el libro “Amigos de anzuelos, agua y ramaje”, una obra en la que cada capítulo está dedicado a un amigo de pesca. Y hay casi un centenar. No faltan asturianos-leoneses o leoneses-asturianos, en una simbiosis real como la vida misma. Ahí están las aventuras de Benito y Carlos Lozano, Kike Sabugo, Beni el de Lieres. Luis Alberto Díaz Suárez, Chingli; el praviano Pedro Fernández de la Concha; Miguel Ángel Magadán, de Grandas de Salime; Jose María Lorenzo Llanes; Paulino Posada, Antonio Casas Novoa; Javi Piloña, José carlos Rodríguez Suárez, inventor del perdigón, Daniel García Ampudia o el cangués Manuel García Cibrián, entre otros muchos. El libro se presenta en la Casa de León, hoy, a las 19.30 horas.
Un título poético para un libro de amistades fraguadas a la vera del río, ¿no?
Sí, es un libro de amistades y también de sensaciones y de cuentos, de historias, de ríos.... Donde aparecen algunos que son íntimos amigos y otros conocidos pero imprescindibles. Es un recopilatorio de datos de personajes que fueron historia de la pesca en toda España, con sus anécdotas, aventuras, historias, denuncias… y muchas sensaciones. Y de Asturias hay muchos amigos, claro.
Retrata un mundo de la pesca al que casi todos se acercaron primero por llevarse a casa un buen producto de cocina y en el que muchos luego se quedaron por su vertiente social. O eso parece.
Sí. Por su vertiente social y ecologista. Y yo soy un ejemplo. Fui pescador de truchas porque se pagaban muy bien y con ellas me sacaba un sobresueldo. Lo mismo que hicieron muchos de los pescadores que figuran en el libro, tanto de Galicia como de Asturias, La Rioja, o donde sea que haya ríos. Ganabas dinero la vez que disfrutabas pescando. Ahora ya no vivimos en ese momento y si quieres pescado tienes las pescaderías para eso. Ahora se va al río a disfrutar, no a comerse el pescado.
¿Tantos sobresueldos dieron la trucha y lo el río?
Efectivamente. En mi época se pagaban muy bien, como ocurre ahora con el salmón. Por eso han ido desapareciendo en muchos ríos y han tenido que hacer algo las administraciones. Conozco familias enteras que gracias a tener un padre gran pescador salieron adelante en los años cincuenta y sesenta. Entonces había que pesca para ganarte el sustento de la familia. Es más, conozco a grandes personas, hoy en día con grandes puestos y responsabilidades, que salieron gracias a las truchas que pescaban sus padres, furtivos, pudieron ir a la universidad.
¿Cuándo pensó que había que dejar de esquilmar?
Nos damos cuenta siempre tarde porque los problemas que tiene la vida son infinitos. Pero los de la naturaleza son muy graves porque si no la respetamos nos repercute a todos y a las generaciones por venir. Conozco muchísimos animales, racionales y no racionales. De los no racionales el más listo para mí es el zorro, que sale al monte y no se come todos los conejos que existen en la zona donde vive. Porque sabe que si lo hace, al día siguiente no va a tener qué comer. Entonces va poco a poco, va permitiéndose a sí mismo proporcionarse comida, pero adecuadamente sin que la naturaleza se vea perjudicada. El humano ha hecho todo lo contrario.
Se miró demasiado tarde para el río.
Sí. Primero el río era el estercolero, y allí iba a parar todo lo que no valía en casa, en las cuadras… toda la porquería iba al río, con el riesgo para los animales y para los que consumimos esos animales. Luego llegó la pesca indiscriminada…
¿Hay esperanza para para los ríos o hay que hacer todavía mucha labor de sensibilización?
Hay que hacer concienciación. Concienciación y más concienciación. El medioambiente se puede recuperar pero hay que tomar medidas. Por ejemplo, como hizo Castilla y León, donde la trucha era un atractivo turístico pero se había perdido prácticamente. Hasta que hubo una administración, en el año 2013, que dijo: vamos a tomar medidas. Y se promulgó una nueva ley de pesca que fue muy controvertida, con la gente en la calle diciendo que se estaban sacando del río a los pescadores de toda la vida. Ahí estaban los ribereños diciendo que el río que pasaba por delante de su casa era suyo. Y el río, como la naturaleza, es de todos. Por eso todos tenemos que comprometernos y concienciarnos, que hay que ayudar a esa naturaleza a volver a ser lo que fue en su día. Y podemos. Igual es tarde en algunos tramos, pero en otros no. Y por eso vamos a intentar salvar los pocos que aún nos quedan.
¿Diría que se llega a tiempo para la recuperación del salmón?
Para la recuperación del salmón todavía estamos a tiempo. Aunque el salmón es mucho más complicado que la trucha y ciertamente lo hemos maltratado desde hace un montón de años A finales de los años 50 había, que sepamos, de 10.000 a 12.000 capturas en la temporada, sin contar otras muchísimas que no aparecían en los registros oficiales porque era pesca furtiva; el año pasado se capturaron ciento y pico en todos los ríos de Asturias. Y este año… aquí estamos, sin que haya salido aún el campanu. Esquilmamos al río y ahora la solución no es solamente cerrarlo a la pesca con muerte; también hay que limpiar bien los ríos, hay que proteger bien los pocos salmones que quedan para que puedan frezar en condiciones y pongan las huevas. Y hay que hacer algo para que cuando salgan al mar, tampoco lo capturen en las cantidades actuales. Porque el salmón va al mar a engordar y después vuelve al río donde nació. Si no son capturados en el río pero sí en el mar, pues estamos igual.
¿Entre truchas, salmón o reo, con qué se queda?
Afortunadamente continúo con la trucha y continuaré mucho tiempo. Sé que pescar un salmón es una maravilla porque la lucha con una pieza de cinco o seis o de 12 kilos es emocionante. Una lucha que te tensa el brazo de tal manera que te entra una tensión en todo el cuerpo que no te lo puedes ni imaginar. Es indescriptible. Eso salmón; pero el reo… qué puedo decir. Estoy enamorado del reo, tengo “reomanía”. Pero desafortunadamente en Asturias también tenemos cada vez menos. El reo es parecido a la trucha: cuando toma una mosca tuya en superficie y la ataca es la mayor maravilla. Pega unos brincos, sale del agua… es un espectáculo.
Ahora casi siempre pesca sin muerte. ¿Se siente lo mismo?
Me reciclé cuando me enteré que mi mujer regalaba las truchas a las vecinas porque mis hijos ya no quería comerlas. Me dolió mucho. Pensé: ¿entonces para qué las mato yo? Fue el inicio de mi reciclaje y también me acerqué a asociaciones "ecologistas" que protegen el río y los peces y me di cuenta de que es importante salir a disfrutar, pero más aún dejar que los animales se procreen porque si no acabamos con todo.
¿Y disfruta igual?
Yo creo que ahora disfruto mucho más. Antes era como una competición, incluso entre amigos, a ver quién pesca más, quién se lleva más ejemplares para casa. Ahora para mí se ha convertido la pesca en una actividad mucho más social, de disfrute del antes y el después con los amigos.
Asturias y León en cuestión de pescadores vive mezclada. Y su libro lo demuestra. ¿Qué le dieron los ríos de la Asturias -los de la tierra de su mujer-, frente a sus ríos de León?
Estoy jubilado y uno como yo no acaba donde nació, sino donde quiere la mujer. Los ríos de Asturias me dieron muchísima satisfacción. Estoy enamorado del Cares y el río Color, un afluente del Piloña, estrechito, con truchas cantarinas y un paisaje precioso. Pero los ríos asturianos no son los que yo recuerdo de chaval. Así que me dieron las ganas de seguir pescando en León porque allí esos recuerdos se parecen más. Hay que repoblar, pero sabiendo qué especie y dónde. No es tan fácil como echar allá peces.
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