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Habla el último propietario de la finca La Isla en el Jardín Botánico: "Se cierra el círculo, esto tenía que ser de Gijón"

Jesús Oliva, tataranieto de Florencio Valdés, reivindica el "espíritu" de puertas abiertas que tuvo desde siempre la casa, de la que ya han salido piezas para los museos de la ciudad

El complejo se integra ahora en el Jardín Botánico

El Botánico se consolida como "museo verde de referencia en Europa" con la incorporación de la histórica finca de La Isla

Ángel González

La firma de Jesús Oliva, tataranieto de Florencio Valdés, es la que aparece en el contrato de venta que permitió al Ayuntamiento convertirse el pasado mes de febrero en propietario de 17.000 metros cuadrados de cuidados jardines –la pasión de su antepasado– y de una casa llena de historia. De historia familiar a lo largo de cuatro generaciones, de historia de Gijón a través de muebles y piezas de cristalería y cerámica de las grandes empresas de la ciudad, y de la historia nacional e internacional que fueron escribiendo algunos de sus más ilustres visitantes. Desde Sagasta a Melquiades Álvarez y de Isabel de Borbón al Príncipe de Gales. Ahora esa historia se seguirá escribiendo desde el municipal Jardín Botánico Atlántico.

Oliva participó desde un segundo plano en el acto de inauguración oficial de La Isla como nuevo bien del patrimonio municipal dentro del Jardín Botánico. De hecho, la compra del resto de la finca de La Isla en tiempos de Paz Fernández Felgueroso fue elemento sustancial en el nacimiento del Jardín Botánico, que este fin de semana celebra su 23% aniversario. Así que ahora, sentencia Oliva, "se hizo lo que se tenía que hacer. No podía ser de otra manera. Se tenía que cerrar el círculo y que esto quedase para Gijón". Un resultado final que llevó a la familia a dejar pasar oportunidades más provechosas que la municipal en una negociación que fue larga, la arrancó Ana González desde la Alcaldía, complicada y no exenta de tiranteces.

Una de las salas de la casa de Florencio Valdés en La Isla.

Una de las salas de la casa de Florencio Valdés en La Isla. / Ángel González

Se cierra un círculo de apertura de La Isla a Gijón que había empezado a trazar el propio Florencio Valdés. "Había un día a la semana en que se permitía que entrase cualquiera. Eso se ve en el libro de firmas. Igual que está la de Albert Edward como príncipe de Gales hay muchas equis de gente que no sabía escribir. Y de muchas mujeres, que no era lo normal en aquellos años. Esto siempre tuvo la vocación de ser una casa de puertas abiertas, de que aquí cabe todo el mundo y de que esto es de Gijón. Ese es el espíritu", explica el Antiguo propietario.

Oliva es el actual custodio de ese libro de firmas, que se ha escaneado en su integridad para que pueda ser estudiado por los expertos, antes de decidir su destino final. "Hay cosas impresionantes. Alegatos de Concepción Arenal, bocetos de Martínez Abades y Nemesio Lavilla...", explica antes de confirmar que "ahora está en mis manos pero de mis manos saldrá para el pueblo de Gijón. No va a ir para otro lado".

Jesùs Martínez Salvador, Javier Suárez Llana, Ana González, Carmen Moriyón y Paz Fernández Felgueroso, ante la puerta del despacho de Florencio Valdés.

Jesùs Martínez Salvador, Javier Suárez Llana, Ana González, Carmen Moriyón y Paz Fernández Felgueroso, ante la puerta del despacho de Florencio Valdés. / Ángel González

Igual que de la casa de La Isla ya salieron camino del Museo del Pueblu d´Asturies y la Casa Natal de Jovellanos fotos, cuadros, piezas de cristalerías, cerámicas, porcelanas... que ya son de Gijón y de los gijoneses. Piezas que recuerdan, por ejemplo, que hubo un día en que "aquí se hacía el mejor vidrio del Norte de España". El de la Industria, la fábrica que fundó Anselmo Cifuentes, suegro de Florencio Valdés, y que también tiene su protagonismo en la historia de La Isla. Se cuenta que Valdés la creó para tener un jardín más espectacular que el que tenía entonces Cifuentes. Lo tuvo y ahora lo tiene Gijón.

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