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Agustín Guzmán Sancho, historiador, profesor jubilado de Formación Profesional y mago: "Hice Derecho, ignorante de mí; pero el tiempo me dijo cuál era mi verdadera vocación"

"La tecnología avanza de tal manera que los chavales salen de la FP y se encuentran con que tienen que empezar de nuevo"

Agustín Guzmán Sancho, en el puerto deportivo de Gijón.

Agustín Guzmán Sancho, en el puerto deportivo de Gijón. / Juan Plaza

Agustín Guzmán Sancho (Quintanar de la Orden, Toledo, 18-5-1952) ejerció como abogado y docente de FP, pero la historia siempre fue su pasión. Ya ha escrito 30 libros tras rebuscar manuscritos en archivos históricos, la mayoría de ellos vinculados a Gijón y personajes asturianos.

Raíces. "Mi abuela Celsa Pajares era de Ribadesella. Se casó en Gijón con mi abuelo, Severiano Sánchez, que era de Segovia, y que vino a Gijón a trabajar en el Fielato del Ayuntamiento, aquellas casetas donde se pagaba el impuesto de consumo por las mercancías que se traían a Gijón. Se fueron a vivir a Madrid. Allí nació mi madre, Paquita. Mi padre, Agustín Guzmán Manrique, era de un pueblo de Toledo. Cuando se casaron se fueron a vivir a Quintanar de la Orden, donde mi padre tenía plaza en el Instituto Nacional de Previsión. Allí nació primero mi hermano y luego yo. Cuando tenía un año, la familia se trasladó a Toledo, de manera que mi infancia es un callejón de esa ciudad. Yo vivía en una casa, que era la más alta de Toledo. Cuando subías a la terraza, veías toda la ciudad a tus pies. Era lo que llamaban la Casa del Judío. La calle se llamaba Travesía de la Plata".

Colegio. "Yo fui al colegio Sadel, Sociedad Anónima de Enseñanza Libre. El dueño, era don Antonio Bardón, persona extraordinaria, condecorado con la medalla de Alfonso X el Sabio. En la pared de la sala de estudios había, en letras de molde, uno de los principios del Movimiento Nacional que decía, ‘El Estado garantizará que ningún talento se malogre por falta de medios económicos’. Y esa era la filosofía de este señor. Es el mismo colegio al que fue don Gabino Díaz Merchán, que también era de Toledo. Fue allí precisamente porque no tenía dinero, era hijo de viuda, y no tenía para pagarse estudios. Los alumnos, éramos unos animales. Lo que hacían los mayores era un abuso. Allí el ‘bullying’ estaba a la orden del día. Las novatadas. A mí no me causó trauma. Allí estudié todo el bachillerato. Era alumno aventajadillo. No el primero, pero sí de los primeros. Saqué el número 2 en el examen, para toda la provincia, para becas del Patronato de Igualdad de Oportunidades, una beca de 3.600 pesetas, pero me la quitaron a los dos años por una finca con una viña que heredó mi padre de mi abuelo. A la postre, aquella viña la vendió mi padre y sirvió para pagarme la carrera en Salamanca".

Derecho. "Empecé la carrera de Derecho en 1969. Era mi primera salida de casa, con 17 años. Residía en una pensión y allí conocí a mi mujer, Maite Triviño, que también estaba de pensión. Ella es de una familia de dentistas de Gijón de toda la vida. Mi primer y único amor, compañera única y universal de mi vida. En 2024 se cumplieron los 50 años de mi promoción de Derecho y, desde entonces, no hago más que pensar en Salamanca. Siempre me gustó la literatura y siempre me gustó la historia. ¿Por qué Derecho? Porque yo tenía un primo que era abogado, mi padrino, que vivía muy bien. Y yo quería ser como mi primo, algo que vistiera más. Eso es lo que yo me decía, ignorante de mí. Lo que mejor te viste es aquello que te gusta poner. Qué tonto era. El tiempo, me fue diciendo dónde estaba mi verdadera vocación".

Agustín Guzmán Sancho junto a su mujer, Maite Triviño, en 1972, la primera vez que vino a Gijón.

Agustín Guzmán Sancho junto a su mujer, Maite Triviño, en 1972, la primera vez que vino a Gijón. / A. G. S.

Salamanca. "Salamanca es preciosa. Yo venía de Toledo. Se me juntó el hambre con la gana de comer. Dos ciudades con arte e historia. Para mí fueron años deliciosos. Años muy románticos. Yo siempre he dicho que el historiador es romántico por naturaleza. Y, además, enamorado, ¿qué más quería? Devoré a Unamuno. Yo siempre donde he ido me ha gustado preguntarme, aquí, ¿con quién hay que hablar? Y en Salamanca había que hablar con Unamuno. En Toledo había que hablar con Garcilaso. Y en Gijón, con Jovellanos".

Gijón. "Vine por primera vez a Gijón en 1972, a la boda de un primo de mi mujer. Antes de acabar la carrera, mi mujer volvió a Gijón para trabajar en el Banco de Asturias. Y yo cuando acabo la carrera vine a Gijón y me di de alta en el Colegio de Abogados con 24 años. Fui a ver al decano, que era Pedro de Silva Sierra, un hombre encantador. Fernando de Silva fue mi padrino para la jura. Me empadroné en la ciudad en 1976, me casé en 1978. Vivimos en casa de mis suegros, en la calle Donato Argüelles, en lo que se era el solar de la finca de Las Figares que había pertenecido a Jovellanos. En 1980 salieron oposiciones para profesor de FP. Las preparé en tres meses, me presenté, y tuve una suerte tremenda. Mi mujer estaba embarazada de nuestro hijo Juan cuando yo estaba examinándome. Nació ese año y en 1982 nació nuestra hija Carmen".

Abogado. "Durante unos años pude compatibilizar mi trabajo como profesor con el ejercicio de la abogacía, pero tuve que dejarlo cuando llegaron los socialistas al poder y aprobaron la ley de incompatibilidades, porque yo tenía dedicación exclusiva en el instituto. Ejercí 6 años y 6 días. A mí me gustaba mucho el derecho matrimonial, pero tuve que hacer lo que llegaba. La única vez que conseguí una absolución para mi cliente fue por un asunto de caza, unos cazadores furtivos. El fiscal y el juez eran cazadores; creo que fue por eso, aunque no lo sé".

Docente y alumno. "La enseñanza es muy gratificante. Yo hubiese preferido dar otra asignatura, pero me tocó dar legislación laboral, pero me hubiese gustado dar literatura. Cosa que hace mi hija. Mi hija ha cumplido mis deseos, y mi hijo, los otros deseos, porque a mí también me gustó mucho la filosofía. Y mi hijo es ingeniero pero acaba de licenciarse en filosofía por la UNED. Yo cuando dejé la abogacía me matriculé en literatura en la Universidad de Oviedo, porque como impartía clases en el Fernández Vallín en horario nocturno, podía ir a la universidad por las mañanas, y los compañeros me dejaban apuntes. Saqué buenísimas notas en latín. Y dije, pues en lugar de ir en literatura voy a hacer clásicas. Me faltaba un año para terminar Filología Clásica y también me matriculé en Historia. Terminé en Historia y Clásicas y estudié unos años psicología, pero lo acabé dejando para empezar a escribir. También hice los cursos del Doctorado en Derecho pero no llegué a presentar la tesis. Esta etapa de estudios universitarios acabó hacia 1990".

Fernández Vallín. "El Instituto Politécnico Fernández Vallín se llama así porque a mí se me ocurrió cuando se iban a cumplir cien años de la Escuela de Artes y Oficios que se fundó en 1888. Me dediqué a investigar algo sobre Justo del Castillo, sobre Fernández Vallín, fundador de la Escuela de Artes y Oficios, porque teníamos allí la suerte de tener una correspondencia desde el año 1888. Y fue así como empecé a ser investigador. Mi primer libro nació así. El primero que publiqué fue ‘El Instituto Politécnico de Gijón, 100 años de Formación Profesional’. Pero el primero que escribí era ‘Acisclo Fernández Vallín, consejero de Instrucción Pública, el creador de la escuela’, pero me estaba llevando cada vez más tiempo, así que opté por reunir una serie de documentos para dar una visión general en lo que fue el primer libro que publiqué. Para cambiar el nombre del centro hice una instancia al Consejo Escolar. La idea gustó y lo promovieron.

FP. "La FP es la gran desconocida. No se puede comparar con el bachillerato. Hoy en día la tecnología avanza de tal manera que mientras las autoridades preparan su programa, tú preparas el tuyo, tú presentas el currículo, tú haces las cosas, pasa un año y lo que tú estás enseñando ya no es lo que hay en la calle. Los chavales salen y se van a encontrar con que, bueno, que tienen que empezar de nuevo. Por eso la enseñanza de FP, entiendo yo, tiene que ir muy unida a las prácticas, muy unida. Es un mundo distinto. Me jubilé en 2018 tras 37 años como docente".

Agustín Guzmán Sancho haciendo magia para sus alumnos.

Agustín Guzmán Sancho haciendo magia para sus alumnos. / A. G. S.

Bicentenario. "Me enteré de que un grupo de profesores del Instituto Jovellanos querían hacer un libro para conmemorar el segundo centenario del Instituto. Y dije: ‘Ahí quiero yo cancha’. Les pregunté yme dijeron que sí. Aquel año salieron las oposiciones a cátedra de instituto. Entonces, todos los profesores fueron dejando lo del libro para preparar las oposiciones y al final me quedé solo con aquel proyecto. Me ayudó mucho Gonzalo Sancho Flórez, un catedrático del Instituto Jovellanos, que murió al poco tiempo de ver publicado el libro. Aquel libro fue lo que me dio a conocer, porque lo vio mi amigo Vicente Cueto, que entonces no me conocía de nada, y me llamó porque iban a crear la Asociación Foro Jovellanos y querían contar conmigo. Yo, encantado".

Libros. "Y ahí ya empecé a hablar de Jovellanos y empecé a escribir sobre Jovellanos. Empecé a cogerle el gustillo a publicar. Estoy publicando ahora mi libro número 30, sobre el escudo de Gijón. Hay mucha gente que dice que el escudo de Gijón no es Pelayo con la espada y el estandarte, sino un armado con la cruz en alto, que aún se ve en algunas calles de Cimavilla, que era el antiguo escudo de Gijón. Ese se usó desde el siglo XVII hasta mediados del siglo XIX. Luego la figura del armado va decayendo. El culpable fue Jovellanos, porque se da cuenta de que la armadura que tenía don Pelayo en el primer escudo no se corresponde al siglo en que vivió".

Agustín Guzmán Sancho firmando ejemplares en la Feria del Libro de Gijón.

Agustín Guzmán Sancho firmando ejemplares en la Feria del Libro de Gijón. / A. G. S.

Archivos. "Casi todos mis libros son de Gijón. También publiqué varios sobre Villafranca del Bierzo, de donde es mi mujer y donde veraneamos. Y publiqué varias biografías, que es algo que me gusta mucho; las de Julio Somoza, Acisclo Fernández Vallín, Justo del Castillo, Vital Aza, José Luis Álvarez Margaride, Urbano Cortina y Daniel Jiménez de Cisneros. A mí siempre me ha gustado el archivo. A buscar en archivos dediqué todas las horas de ocio, después de la familia, después del trabajo... Procuro ser corto en bibliografía. No me gusta abusar porque considero que el investigador tiene que aportar cosas nuevas. Lo más ridículo que puedo ver en la vida de un investigador es ver que en 20 páginas tenga 15 de bibliografía. Eso no se explica. Entonces déjate, no leas tanto a los demás e intenta sacar cosas nuevas. Todos mis libros son mis hijos. Y por eso hay un fenómeno muy curioso, que lo hablo a veces con personas que escriben, con otros investigadores, y es que todos están de acuerdo en decir ‘qué bien escribo’. Y es que no hay autor que no se lea con gusto a sí mismo porque son partos de nuestras entrañas".

Foro Jovellanos. "En el Foro Jovellanos yo dirigí el Boletín Jovellanista durante diez años. La etapa de Agustín Antuña como presidente fue una etapa muy deliciosa. Yo era miembro de la junta rectora, dirigía el Boletín Jovellanista, y tenía por norma escribir siempre al menos un artículo. También tengo tres artículos jovellanistas en el RIDEA, del que soy patrono correspondiente. Dejé el Foro Jovellanos por diferencias con lo que se estaba haciendo y la manera de hacer las cosas. Entonces estaba Jesús Peláez. Me volví un poco crítico. Ahora estoy arrepentido".

Magia. "Una faceta mía menos conocida es que fui, soy y seré toda la vida ilusionista. Yo he sentido la magia desde niño. A los 9 años me compré mi primer libro de magia, que me enseñó las técnicas de las cartas más básicas. Yo aprendía en libros. Ahora vas a internet, pones Youtube y ya te dan un tutorial que no veas. Con 9 años fui a un cumpleaños de otro niño y allí apareció un mago que no era profesional, era un empleado de banca. Y empezó a hacerme magia. Vio que me gustaba y me enseñó".

Agustín Guzmán Sancho, con Cimavilla al fondo.

Agustín Guzmán Sancho, con Cimavilla al fondo. / Juan Plaza

Grupo Mágico Gijonés. "Fui fundador del Grupo Mágico Gijonés, en los años 80, con Norberto Chico, ‘Nórber’. Yo no tengo nombre artístico, si tuviera que ponerme alguno sería el "Gran Gúzman", con el acento en la u. Eso sí, en el instituto, para los alumnos era el mago. Da la coincidencia de que el patrono de los magos y el patrono de la Formación Profesional es el mismo, San Juan Bosco. Y ese día yo solía hacer juegos de manos a mis alumnos en vez de darles clase. Durante un tiempo, el Grupo Mágico Gijonés asistía a la festividad de San Juan Bosco y se organizaban veladas de magia en el centro politécnico Fernández Vallín. En ese escenario he actuado yo muchas veces, para mis alumnos".

Anthony Blake. "Lo que más me gusta es la cartomagia. Magia de mesa, magia de cerca con cartas y monedas, no de escenario. Pero cuando tengo que hacer algo en el escenario, suelo hacer juegos con cuerdas, grandes ilusiones. El Grupo Mágico Gijonés, que cambió de nombre, ya lo dejé, aunque sigo viéndome con Nórber. Tuvimos varios sitios, varias cafeterías, donde nos reuníamos, entre otros con Anthony Blake y con Falo Friera, que ya falleció. Pertenecíamos a la Sociedad Española de Ilusionismo. La primera actuación de Anthony Blake fue en un festival de Oviedo como miembro del Grupo Mágico Gijonés. Ahí lo conocí yo, cuando estaba verde, pero ya apuntaba maneras. Cuando me siento en casa con mi mujer a ver televisión lo hago con la baraja en la mano, practicando".

Papiroflexia y latín. "Tengo otra afición, pero que la practico menos: la papiroflexia. Esa es una de mis aficiones, también traducir algo de latín de vez en cuando, para que no se pierda, con los libros que tengo en casa: empiezas por Horacio, por Virgilio y no veas. Por cierto, la estatua de Pelayo en la plaza del Marqués tiene una inscripción en latín, que es un verso de Virgilio que traducido significa: ‘Siempre permanecerán tu honor, tu nombre y tu alabanza’, es un verso de ‘La Eneida’".

Novela. "Tengo tres nietos: Juan, de mi hijo, y Cosme y Telva, de mi hija. Desde que me jubilé tengo menos tiempo. Las casas son muy distraídas porque, como decía Tomás Moro, "hay que hacer algo por la casa para no ser un huésped en tu casa". Y ahora que me jubilé, la casa me ocupa mucho. Y no he dejado tampoco de investigar. Después del libro sobre el escudo de Gijón que publicará KRK, publicaré mi primera novela histórica, sobre el duque de Osuna y la conjuración de Venecia. Sigue siendo historia. Con mis libros anteriores no le pedí a nadie que les echara un ojo antes de publicarlos, pero con la novela sí lo he hecho porque es un salto cualitativo".

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