La Figura de la Semana: Biri Murias, pasión por la salud hecha excelencia
Con una visión del bienestar que trasciende el aspecto físico, esta gijonesa ha convertido su centro de estética en una referencia nacional de la belleza que le ha valido para lograr un premio en su sector

Biri Murias. / Mortiner
La metalurgia asturiana no parecía el escenario más fértil para cultivar la sensibilidad por el cuidado de la salud. Sin embargo, en el hogar de aquella familia de Somió, el ejemplo no venía de los manuales de cosmética, sino de la disciplina cotidiana de un padre. Trabajador del citado sector, aquel hombre era un adelantado a su tiempo y entendía que la salud y el buen aspecto se construyen desde los cimientos. No fumaba, practicaba deporte y cuidaba su alimentación con pulcritud; así, fue espejo donde una niña que vislumbró que la belleza no era un fin en sí, sino una consecuencia.
Esa pequeña era Elvira Díaz Murias, aunque el mundo la terminaría conociendo bajo un nombre que es hoy un sello de excelencia: Biri Murias, cuyo centro de tratamientos cosméticos y estéticos, el "Biri Murias Advanced Beauty Site" de Gijón, ha sido galardonado en abril de 2026 como el Mejor Centro de Estética del Año en la prestigiosa gala de los Premios Professional Beauty Salon International de Barcelona. No es de extrañar gracias a una mujer que quienes la conocen definen con tres palabras innegociables: apasionada, previsora y, por encima de todo, una profesional hecha a sí misma.
Nacida en el hospital de Cabueñes hace cincuenta y cuatro años, creció en el remanso de Somió como la benjamina de una familia numerosa de siete hermanos, por lo que la diferencia de edad con los mayores era un abismo de casi dos décadas. Su padre viajaba con frecuencia y su madre, pilar incombustible del hogar, encarnaba esa figura materna impecable en la que Biri aún hoy piensa qué le aconsejaría antes de tomar decisiones importantes.
A los trece años, se trasladó a Madrid para vivir con una de sus hermanas y allí, entre Alcalá de Henares y la capital, empezó a forjar su destino al estudiar la carrera de Nutrición y Dietética tras concluir sus estudios secundarios.
Sus primeros pasos laborales los dio con apenas diecisiete años, simultaneando con los libros, pero pronto consiguió volver a su Gijón natal. Durante quince años, Murias trabajó en la farmacia de Juan Luis Vega Fernández. Se trataba de un espacio de quinientos metros cuadrados que ya entonces, en los 90, integraba análisis clínicos, fórmulas magistrales y medicina estética y donde Biri se empapó de una visión integral que hoy es tendencia, pero que entonces era profecía. Fue responsable de compras, viajó con laboratorios y entendió que la piel no se trata de forma aislada, sino como el órgano vivo y complejo que es. Aquí también simultaneó trabajo y estudios, ya que, en paralelo, se sacó el Grado Superior de Estética.
La vida, no obstante, le reservaba un giro de guion en forma de maleta. Dejó la farmacia gracias a una jugosa oportunidad para trabajar como comercial de un laboratorio, una etapa que la llevó a recorrer Italia y Francia. Precisamente, su paso por el país con forma de bota fue el que cambió su destino. Allí se topó con una clínica de estética que combinaba rigor y y eststicismo que prendió la mecha definitiva en su emprendimiento.
Así, hace diecisiete años, Biri abrió su primer centro la gijonesa calle Libertad. Fue el inicio de una ascensión basada en la formación continua y en una inversión tecnológica sin precedentes. Hace ocho, gracias al consejo de una clienta, se trasladó a su actual ubicación en la calle de Los Moros: trescientos metros cuadrados y ocho cabinas que son hoy el epicentro de la estética avanzada en el norte de España. Murias no se deja arrastrar por las modas efímeras; su criterio es la calidad y está convencida de que la excelencia requiere las mejores herramientas, incluso protocolos de post-medicina estética y post-cirugía.
Murias equilibra su pasión profesional con su vida personal, en la que gusta de los viajes y de la cultura. En términos parentales, ha formado una familia junto a su marido, Claudio Bratima –quien se dedica a la construcción y fue quien levantó los muros de su negocio–, y su hija, la pequeña Claudia, que cuenta con cuatro años.
Cuando no está en la clínica, busca el refugio de Ibias, el pueblo de su madre, un remanso de paz entre los bosques de Muniellos donde el tiempo se detiene. Es allí, entre la naturaleza y los recuerdos familiares, donde recarga la energía para seguir proyectando un futuro que, en los últimos cursos, se ha tomado con más filosofía por el nacimiento de la niña, pero al que ahora vuelve a la carga.
Porque, para Murias, el éxito no es una meta alcanzada, sino un impulso para el siguiente desafío, siempre bajo la premisa de que en la vida, como en la estética, los mejores resultados son aquellos que se trabajan con paciencia, criterio y fe en el propio esfuerzo. Como el galardón que acaba de ganar, el fruto de una semilla plantada hace décadas en el seno familiar y regada con la pasión de quien sabe que la belleza es, sobre todo, una forma de salud.
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