Un "museo dentro de otro": el arte inmersivo regresa al Evaristo Valle de Gijón con "La herencia codificada"
Emma Fernández Granada y MAEDCORE inauguran este domingo en los jardines del complejo una gran muestra de realidad virtual que reflexiona sobre temas como la inteligencia artificial o el libre albedrío
¿Es posible físicamente meter un museo entero dentro de otro sin mover una sola piedra? La lógica dice que no, pero la tecnología tiene la solución: superponer capas de mundos digitales sobre el mundo real. Este domingo 10 de mayo, a las 13.00 horas, los jardines de la Fundación Museo Evaristo Valle en Gijón albergan la inauguración de la segunda edición del C@C_Museo, una propuesta que convierte este espacio en el "host" o anfitrión de una estructura invisible en forma de museo digital. El equipo formado por la artista gijonesa Emma Fernández Granada, la startup MAEDCORE (María Ruiz y Eduardo Fuentevilla) y el arquitecto y diseñador June Lee, presenta "La Herencia Codificada", una exposición de realidad virtual y aumentada que se puede recorrer a pie durante los meses de mayo y junio.
La idea central de este despliegue es que el propio ADN humano es en realidad un software orgánico muy sofisticado y que el libre albedrío es apenas una ilusión provocada por una serie de instrucciones diseñadas para cumplir un objetivo específico. "No es un videojuego ni una película; es como entrar a vivir dentro de una estructura digital donde el arte no se mira, se transita, y donde tus propios pasos deciden qué historia te va a contar el museo", precisa Fernandez Granada, quien ya impulso junto a los mismos ingenieros "Horizontes Cyborg", primera entrega de C@C_Museo que también acogieron los mismos jardines en 2024.
La experiencia comienza al colocarse las gafas de realidad virtual. El visitante sigue viendo los árboles y senderos de los jardines del complejo de Somió, pero sobre ellos aparece un pabellón futurista diseñado por June Lee. A partir de ahí, el espectador debe caminar y tocar tres esferas que flotan en el aire para entrar en tres mundos distintos. Fernández Granada explica que no se trata de ver un cuadro de forma pasiva, sino de "descontextualizar" el museo como un espacio fijo y trasladar el arte a un "modelo inmersivo" donde el público está dentro de la propia estructura.
Tres mundos
El primer mundo es el que da a luz la ingeniera industrial María Ruiz. Su obra se titula "Región imaginaria de historias sin direcciones". En este entorno, el usuario camina por un túnel minimalista donde aparecen objetos que le cuentan historias. Ruiz afirma que la obra es una investigación sobre cómo se pierde la verdad en la era digital, un lugar donde el simulacro es la única sustancia tangible. "Las historias son aleatorias; dos personas pueden ver la experiencia y escuchar cosas distintas, o incluso la misma historia puede tener finales diferentes dependiendo de cómo interactúes con los objetos", explica la también máster en Ingeniería Computacional Aeronaútica para subrayar que en su mundo lo aleatorio es el principio de todo.

Emma Fernández Granada y Eduardo Fuentevilla. / Ángel González
La travesía continúa con la propuesta de Emma Fernández Granada, "El qúbit quería la sangre de la flecha". Aquí se explora el paso del carbono (lo humano) al silicio (lo informático). La artista señala que en su pieza no hay metáforas, sino una "unión" de dos realidades donde lo orgánico y lo sintético funcionan como "estados que se pueden intercambiar". Es, en palabras de sus autores, el momento en que una forma deja de ser ella misma para mezclarse con otra.
El cierre del recorrido lo marca Eduardo Fuentevilla, también ingeniero y máster en Robótica, con "Entre materia muerta y código vivo". Su obra traslada al visitante a un futuro lejano, mil años adelante, donde el mundo ha colapsado y una inteligencia artificial nos ofrece vivir en una simulación donde no existe el dolor ni el error. Fuentevilla describe este escenario como una "arqueología del futuro" que nos obliga a mirar el presente desde una escala de tiempo que no es humana. El artista advierte que en ese mundo simulado los seres humanos son tratados como "mascotas o fuentes de energía". La pieza termina con una pregunta difícil: ¿preferimos rendirnos a una vida perfecta pero falsa, o seguir luchando en un mundo real que es más duro y castigador?

María Ruiz. / Lne
Una muestra accesible
A pesar de lo complejo que pueda sonar el uso de física cuántica o inteligencia artificial, la muestra es extremadamente accesible. Ruiz destaca que es un placer ver cómo disfrutan todos en virtud a lo visto en experiencias anteriores, desde niños de siete años hasta personas de la tercera edad, al probar este tipo de interfaz porque el impacto visual es total; uno que, además de ofrecerse en Gijón, tendrá continuidad en agosto y septiembre en los Jardines de Cae a Claveles, en Llanes.
Como dato importante, todo funciona sin cables y sin depender de internet: MAEDCORE utiliza equipos que procesan la información de forma local. El proyecto se consolida así como un referente nacional en el uso de tecnología de última generación aplicada a la cultura. Los organizadores avisan de que el aforo es limitado y requiere reserva previa, ya que la gente, "una vez que se pone las gafas y entra en estos mundos, no quiere salir de allí".
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