Fin al "secuestro" del edificio de 13 plantas de Gijón que ha estado dos meses y medio sin ascensor
La empresa gestora ha arreglado uno de los dos elevadores y los inquilinos sopesan emprender acciones legales por los daños causados

Dos meses y tres semanas es lo que han tardado los vecinos del número 2 de la calle Jovellanos en tener sus ascensores disponibles. "Un largo periplo", como definieron algunos inquilinos del bloque de trece plantas, en el que tuvieron que pelear contra la empresa gestora de los ascensores —que todavía tiene pendiente arreglar el segundo de ellos y se espera que lo hagan próximamente— por la falta de información y de soluciones. Un "secuestro", como aseguraron a LA NUEVA ESPAÑA el pasado mes de abrir, que los ha llevado a luchar ante lo que consideran una gran injusticia. Los hay que se quedaron en el edificio y aguantaron el problema como pudieron, otros acabaron marchándose a casas de familiares u hoteles por molestias físicas y todos consideran que esta situación ha sido "desastrosa". Ahora que el conflicto parece que ha pasado, tienen planeado contraatacar emprendiendo acciones legales en conjunto contra la compañía gestora.
La clausura de los ascensores llegó el 24 de febrero, pero los vecinos descubrieron hace poco tiempo que el problema venía arrastrándose desde agosto del año pasado sin que fueran conscientes. "El OCA (Organismo de Control Autorizado) realizó una inspección en la que detectan en los ascensores unos fallos en la frenada. La notifican a la empresa responsable del mantenimiento, pero hicieron caso omiso de ello y la administración en ningún momento nos informa", detalla Moisés Laviana.
Ahí quedó el informe y el aviso de arreglo con la etiqueta de "grave" y se mantuvo hasta seis meses después cuando, al regresar el OCA, ven que no se ha realizado la reforma en los elevadores. "La situación estaba igual y pasa de 'grave' a 'muy grave'. Automáticamente, el protocolo dice que hay que paralizar los ascensores y lo hacen en el día sin que supiéramos lo que estaba ocurriendo", añade Laviana. Esto ocurrió el 24 de febrero, hace dos meses y medio. Durante este tiempo, varios vecinos intentaron ponerse en contacto con la empresa al ver que no comenzaban los trabajos. "Pensábamos que era una avería rutinaria y se solucionaría pronto. Intentamos contactar con la empresa, pero no daba noticias claras y nos reunieron a los diez días comentándonos que tienen que cambiar unas piezas sin darnos fecha", señala Laviana.
Según el testimonio de los residentes, los operarios acudían al edificio "de vez en cuando y pocas horas al día". Al reclamar al administrador los informes del OCA, fueron conscientes de que la avería era más severa de lo que pensaban. "Entiendo que la responsabilidad la tiene la empresa que lleva el mantenimiento. No venían a trabajar, no cogían el teléfono y el administrador no nos tuvo informado, solo por correos electrónicos, cada cierto tiempo, pero aquí hay muchas personas mayores que a los que no les llegó la información", apunta. Finalmente, esta semana lograron tener operativo un ascensor, "aunque hace unos ruidos extraños", y el segundo no tardará en funcionar. "Todos pagamos las consecuencias y habrá que sopesar y mirar si se puede repara de alguna forma el daño causado", remata Laviana.

Carlos Tamargo
"No me quedó más remedio que irme con mi hija"
Las caras de los vecinos en el primer día con ascensor eran de alivio. Carmen Fernández, acostumbrada a subir y bajar los 208 escalones hasta el último piso, celebraba poder salir de casa más de dos días a la semana. "Una se acostumbra, pero si no es por mis hijos, no sé cómo lo habría hecho", explicaba esta inquilina que resistió, con más de 80 años, en su domicilio durante estos dos meses y medio. Otros, en cambio, se vieron aquejados de molestias físicas y tuvieron que dejar el bloque. "Aguanté veinte días bajando las escaleras, pero a partir de ahí ya no podía, los dolores eran intensos y no me quedó más remedio que irme con mi hija que vive por aquí cerca", relata Tinina Pascual, vecina del octavo a la que se le hizo “larguísimo” y que este miércoles hacía mudanza de vuelta a su domicilio.
Caso parecido fue el de Marcelino Cabiella que, por unos problemas físicos, tuvo que acabar marchando a casa de su madre en Pumarín. "Tenía que ir dos o tres días allí porque la rodilla no me soportaba", resume el inquilino que califica de “catástrofe” lo vivido. También lo tuvo muy complicado Begoña González que bajar a la calle desde el undécimo piso acabó por dejarla en casa durante dos semanas. "Me fui al mes, cuando se me bloqueó la articulación. Tuve que estar a reposo quince días y me tuvieron que atender por teléfono. Al acabar el reposo me vio el traumatólogo y me inyectó ácido hialurónico y me dijo que el tratamiento era tener la mínima actividad", explica. Tuvo que irse a un hotel y es de las vecinas que llevará a la gestora de los ascensores ante los tribunales para compensar el daño causado.
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