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La Casa Natal de Jovellanos de Gijón incorpora a su exposición el lienzo "Domingo en Somió", de Martínez Abades

El pintor gijonés fue "el marinista por excelencia de la España del siglo XIX y principios del XX", destacó el jefe de pintura del XIX del Museo del Prado, Javier Barón, que impartió una ponencia en la puesta de largo del cuadro

La Casa Natal de Jovellanos de Gijón incorpora a su exposición "Domingo en Somió", del pintor local Juan Martínez Abades

VÍDEO: Oriol López FOTO: Juan Plaza

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Juan Martínez Abades es un pintor que destaca especialmente por sus pinturas ligadas al mar y a su ciudad natal, pero en esta ocasión sobresale por una de secano en una de las zonas más icónicas de este lugar. Se trata del lienzo "Domingo en Somió", una obra de 1901 que desde este jueves se incorpora oficialmente a la exposición permanente del Museo Casa Natal de Jovellanos tras haber sido adquirida por el Ayuntamiento de Gijón el pasado año. Durante el acto de presentación, el ponente, el mierense Javier Barón Thaidigsmann, jefe de Colección de Pintura del Siglo XIX del Museo Nacional del Prado, ensalzó la figura del autor al definirlo como "el marinista por excelencia de la España del siglo XIX y principios del XX y un artista que dominó magistralmente todos los registros del natural" mediante una conferencia dedicada al creador pictórico gijonés, enmarcada en el ciclo de charlas "La Colección al detalle: obra artística y reflejo social" a la par que en las actividades programadas por el Día Internacional del Museo, que se celebra el lunes 18.

El lienzo, de pequeño formato, presidió desde el caballete todo el acto, que contó con una audiencia de unas cincuenta personas y que se encargó de presentar Saturnino Noval, director del complejo museístico. Noval destacó que Martínez Abades es uno de los "pilares de la colección" de la institución y que la llegada de esta pieza es un "motivo de satisfacción". Por su parte, Barón fue el que entró en detalle sobre la pintura y realizó un análisis contextual y técnico de la pieza, que retrata la Quinta del Obispo —finca cuyos planos firmó por del arquitecto Luis Bellido— y que supone, como curiosidad, "una de las primeras veces que aparece el automóvil, no ya en la pintura asturiana, sino en la española en general".

El experto detalló que el Panhard-Levassor que aparece en la escena, tripulado por un conductor y una dama elegante, sirve al autor para "poner cara a cara a la modernidad con lo antiguo" entre el vehículo, que era símbolo de alto estatus, y un burro con una campesina, que va en dirección opuesta.

Clase magistral

Dejando a un lado la obra protagonista, el ponente realizó una clase magistral sobre el artista, realizando un recorrido de vida y obra desde sus primeros años en el Instituto Jovellanos hasta su fallecimiento en 1920. El experto relató cómo Martínez Abades evolucionó desde sus rudimentos iniciales hasta ser capaz de abordar la marina más difícil, que viene siendo "el mar puro sin ninguna referencia de costa, ni de barcos, ni de anclaje", a través de diferentes muestras pictoricas en las que en el cenit de su carrera eran prácticamente fotorrealistas.

Esta clase digna de facultad de Bellas Artes fue seguida desde la primera fila de asientos por la alcaldesa de Gijón, Carmen Moriyón; la concejala de Cultura, Montserrat López Moro; y el director de la Fundación Municipal de Cultura, Aitor Martínez Valdajos.

No solo de los pinceles se nutría Martínez Abades. Según el historiador del arte, el autor fue un hombre de "habilidad natural" que triunfó también en la música como compositor de cuplés y tonadillas. "Realmente, además, el artista era una persona inteligente, una persona también simpática, con don de gentes, por lo que era muy apreciado", terminó de ensalzar Barón, antes de concluir la ponencia de más de algo más de una hora de duración.

Investigadores del CSIC analizan en Revillagigedo la milenaria historia de la vid

Carmen Martínez, de la Misión Biológica de Galicia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), el arqueogastrónomo de la Universidad de Cádiz Manuel León, detallaron ayer en Gijón, en las jornadas "Convivium: Arqueología de la dieta mediterránea" que también se engloban en las actividades por el Día Internacional de los Museos, la milenaria historia de la vid. La investigación que expusieron en el simposio "Identidad e historia de la vid y el vino" vincula la genética de cepas ancestrales con la historia de la especie en España y también con las diferentes que se han desarrollado a lo largo y ancho de los continentes, que proceden todas ellas de Europa.

La experta destacó que la piel de toro posee más de 250 variedades oficiales, aunque muchas siguen en proceso de registro europeo. Martínez explicó, además, que el "viejo mundo vitícola" sufrió una crisis en el siglo XIX por plagas como la filoxera. "La llegada de estas enfermedades hizo cambiar completamente la disciplina", señaló la investigadora al recordar que la desaparición de especies locales fue masiva.

Para identificarlas, el equipo científico ha localizado ejemplares de 400 años. Durante la charla, los ponentes explicaron que comparan las tallas de racimos en retablos barrocos con hojas reales para certificar su autenticidad. "Recorrimos toda la geografía entrevistando a las personas más ancianas", afirmó Martínez sobre su trabajo investigador, a la par que lamentó que el éxodo rural de los años 60 borrara información oral "clave" para la ciencia sobre la vid, antes de seguir profundizando en el recorrido histórico de las especies que son materia prima del vino.

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