Festival Vibra Mahou | Sara Faro "Fillas de Cassandra"
Sara Faro llega este sábado al Vibra Mahou en Gijón con "Fillas de Cassandra": «La tertulia lo iguala todo: tiene la misma importancia el apocalipsis nuclear que lo que te pasó ayer con tu ex»
"A Gijón traemos un espectáculo muy enérgico y considerablemente hipnótico"

"Fillas de Cassandra", en una imagen promocional de "Tertúlia". / Arancha Brandón
"Fillas de Cassandra" todavía no han salido de la resaca emocional que fue la puesta de largo de «Tertúlia», su último disco, en Pontevedra. Este sábado el dúo gallego lleva ese espectáculo al escenario del Vibra Mahou, en Gijón, donde habrá que reducir algo el formato pero sin sacrificar lo que lo hace distinto: una propuesta que viaja por muchos géneros, muchos registros y muchos lenguajes a la vez.
-El debut en Pontevedra fue muy bien recibido.
-Todavía tenemos la resaca emocional en el cuerpo. Fue una pasada. Ya teníamos expectativas altas, pero la respuesta del público las superó, tanto en la acogida del disco como en la del nuevo directo. Es un espectáculo arriesgado, con una puesta en escena que era nueva para nosotras.
-¿En qué sentido arriesgado?
-Transita por muchos lugares a nivel escénico. El espacio se va transformando, hay un diseño de luces que lo sostiene todo, y a nivel sonoro viajamos por estilos muy diferentes. Es la primera vez que conviven nuestro último disco, el EP anterior y el primer álbum en un mismo show, y nosotras fuimos por caminos muy distintos en cada uno de ellos. Que todo eso conviva también tiene su cosa.
-¿Cómo se tradujo el concepto de «Tertúlia» al escenario?
-Ya en «Hibernarse» mostrábamos el deseo que tenemos María y yo de que lo musical sea punto de partida y de llegada, pero que puedan irrumpir otros lenguajes que modifiquen lo que se canta y lo que se cuenta. En el caso de «Tertúlia», el foco era volver a las tardes de tertulia, a la conversación. Nos interesaba la idea de meterse dentro de una portada, de exponer piezas escultóricas, y nos pareció que lanzar el disco a las plataformas con esa frialdad no era suficiente: queríamos ver las caras de la gente. Eso nos llevó a preguntarnos cómo poner todo en escena: el símbolo de la silla tenía que estar, las mesas, la imagen de sacar las sillas a la fresca. Y no solo la parte discursiva, sino una traducción física de todo eso.
-Para los festivales el formato cambia un poco.
-Siempre hay que reducir el set-list, quitar canciones, pero manteniendo la dinámica que buscamos en el show para que esas pequeñas ausencias no lo perjudiquen. Los invitados que tuvimos en Pontevedra fueron un plus, pero el concierto lo construimos para que funcione en una plaza con dos altavoces. Una vez que funciona así, empiezas a sumar. Está en el ADN del espectáculo.
-El disco habla de la tertulia como espacio, casi como institución.
-Parece surrealista, pero hay algo muy poderoso en esa conversación con desconocidas. Cómo puede ser que no le pongas cara a la vecina de enfrente, con la cantidad de gente que somos en el mundo. Y lo difícil que se hace hacer amigas a estas alturas. La tertulia lo iguala todo: das la misma importancia al apocalipsis nuclear que a lo que te pasó ayer con tu ex. Eso es lo que queríamos capturar. Esa sensación de estar arreglando el mundo con tus amigas, y al momento siguiente hablar de lo más íntimo.
-Y hay una genealogía femenina detrás de eso.
-Las mujeres sostuvieron en gran medida la transmisión del conocimiento a través de estos espacios: en las casas, con las vecinas, con los hijos e hijas. Siempre fue importante hacer ese ejercicio de memoria. Y hay referentes clarísimas: Maruja Mallo, Emilia Pardo Bazán... Mujeres que transmitieron conocimiento a través de sus obras y a las que ahora se les está volviendo a colocar en la espaltera pública. Queríamos reivindicarlas a ellas y a sus obras.
-¿Qué se va a encontrar el público de Vibra Mahou mañana?
-Un espectáculo muy enérgico y considerablemente hipnótico. Tiene algo, por el nivel teatral que consigue, que capta la atención y mantiene al público en vilo. Y al final deja una sensación de paz colectiva, de tranquilidad calmada. Después de toda la rave que hay, que alguien consiga eso es un gusto. María y yo en escena tenemos la capacidad de establecer un diálogo muy horizontal con el público. Dentro de que somos bastante concentradas, los momentos en que hay una ruptura y nos ponemos a hablar generan una conexión que permite las dos cosas: lo musical y el diálogo. Eso también es tertulia.
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