El arte y el juego infantil, de la mano en el Museo Piñole de Gijón para celebrar el Día de los Museos
La instalación "El paisaje interminable" propone este fin de semana un recorrido sensitivo a través de cuatro estaciones interactivas que aúnan diversión y elementos de las obras del icónico artista gijonés
El arte y el juego infantil, de la mano en el Museo Piñole de Gijón para celebrar el Día de los Museos, en imágenes / Miki López
Entre lienzos con mucha historia y óleos firmados por los trazados de un artista gijonés único, las risas infantiles rompieron este viernes la solemnidad de las salas de exposición. Las miradas de los más pequeños descubrieron que los museos no fueron solo templos de contemplación, sino escenarios para disfrutar de juegos imaginativos. Todo esto ocurrió en el Museo Nicanor Piñole, en el arranque de la actividad "El paisaje interminable", que el complejo acoge durante este fin de semana. Rodeados por las obras del célebre pintor asturiano, los menores disfrutaron de un entorno de aprendizaje donde Priscila Vela, de "La pieza, Play and Creativity", deconstruyó el imaginario del artista a través de cuatro estaciones interactivas donde experimentar sin reglas fijas en una actividad enmarcada en el programa del Día internacional de los Museos, que se celebra el lunes.
El flujo de familias fue constante durante toda esta primera jornada, donde se recibió la visita de más de cien grupos. Entre los asistentes estuvo Gala Botova, rusa residente en Gijón desde hace dos años, quien acudió acompañada por su hija Tanya, de siete años.
La pequeña probó todas las estaciones disponibles en el recorrido, encontrándose en ese momento en la central y más grande, con nombre homónimo a la instalación y que invitaba a crear paisajes asturianos inspirados en la obra del icónico artista. No obstante, si tuvieran que quedarse con una sola ubicación de las cuatro, se decantarían por "Mundo Moderno", donde a través de un retroproyector se remezclaban elementos de los cuadros de Piñole en las paredes de la sala de exhibiciones.
Por su parte, Manolo Sánchez disfrutó de la experiencia junto a su pareja Susana Moreno y su hijo, el pequeño Matías. El padre relató que pasaron de una actividad a otra mientras "creamos y destruimos juntos" diversos "mundos, carreteras y edificios" en el espacio reservado a la actividad "Ciudad", un juego de construcción a iluminar con velas para asemejarlo a la obra de Piñole.
Según comentaron, en su paso por el museo se lo estaban pasando "superbien", especialmente en el área central de la sala, descrita en el párrafo anterior. Sobre ese suelo cubierto de cojines con formas orgánicas, los niños se tiraron, jugaron y, según relató el progenitor, Matías incluso se puso a "hacer el pino" y la voltereta entre el imaginario del pintor considerado el máximo exponente de la llamada "Escuela de Gijón" junto a Evaristo Valle.
"Sin reglas"
Precisamente por allí estuvo la autora de la instalación, Priscila Vela, quien detalló que lleva diez años trabajando la "teoría de piezas sueltas". Esta metodología consiste en utilizar objetos que no sean juguetes para disfrutar de experiencias sensoriales. La creadora subrayó que los niños fueron los "verdaderos protagonistas" y no meros espectadores, ya que aquí "no hay reglas ni instrucciones". Según explicó, le parece interesante desarrollar este tipo de ludotecas para "alejar a los niños de las pantallas"; máxime en un entorno como el de un complejo museístico.
En la última sala, donde se podían pintar retratos, llamaba la atención una pareja formada por una madre y su hijo. Ambos recorrían la obra de Piñole y el niño la observaba atentamente mientras escuchaba las indicaciones de su madre. Ellos eran Olaya Vide y Guillermo Cervera, de cinco años, que, una vez concluida la interacción con las experiencias inmersivas, manifestó su curiosidad por los lienzos que colgaban de las paredes.
De las palabras de ella, que posee formación artística, se desprendió que la experiencia fue sumamente enriquecedora e inculcó a su hijo que en estos espacios "hay que tener un respeto hacia la obra". Por su parte, Guillermo aseguró que lo que más le llamó la atención fue "el rascacielos" que levantó en la zona de construcción. Y así, ambos se perdieron juntos leyendo las cartelas de los cuadros del artista gijonés pare redondear una tarde en la que el juego y la historia del arte caminaron de la mano.
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