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Ana María Piñera Rodríguez, divulgadora del folclore regional y fundadora del grupo de baile "Aires de Asturias": "Empecé a bailar con 5 años para ayudar a mi madre a vender avellanas"

"El nombre de ‘Aires de Asturias’ lo pusimos para diferenciarnos de otro grupo de Educación y Descanso que se había creado en La Calzada"

Ana María Piñera.

Ana María Piñera. / Juan Plaza / LNE

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Ana María Piñera Rodríguez (Gijón, 2-11-1933) ha dedicado toda su vida a divulgar el folclore asturiano. Fue junto a su marido, el ya fallecido Luis Pérez Alonso, la fundadora en 1956 del grupo "Aires de Asturias" (luego fusionada como , "Villaviciosa-Aires de Asturias") una de las formaciones folclóricas más activas y representativas del Principado, con años gloriosos de televisión y salidas nacionales e internacionales continuas que compaginaban con actuaciones de seguido por todas las ciudades y pueblos de Asturias. Son incontables los bailarines que han seguido la exigente guía en el baile de Ana María Piñera en toda su vida en activo, un testigo que hace algunos años que dejó en manos de su hija, Elena Pérez Piñera.

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Ana María Piñera Rodríguez, en el paseo de Begoña, en Gijón. / | Juan Plaza

Huérfana. "Nací en Gijón, en la calle Aguado, en el barrio de La Arena. Mi madre, Argentina, era de Lugones y mi padre, Roberto, de Deva, una aldea de Gijón. Tuve dos hermanos, y yo era la mediana. Mi infancia fue muy mala. Recuerdo pasar muchas necesidades con cuatro años y llorar de hambre. Después de la guerra civil mi padre no volvió, lo debieron de matar".

El barrio de La Arena. "De aquella el barrio de La Arena tenía un ambiente especial, con gente que siempre estaba de chascarrillo, todos los vecinos se conocían. Se hacía mucha vida en la calle. En donde yo vivía las casas eran de planta baja y en frente, todo eran huertas. A mi madre le dieron la casa y el terreno. Cuando yo tendría unos ocho años ya echaron a la gente. Mi madre fue a vivir a Ceares con uno de mis hermanos y otro hermano y yo nos criamos con una tía en la calle Ezcurdia. Recuerdo ver venir a repartir la leche a las lecheras, que la traían en burro desde las aldeas cercanas".

Ana María  Piñera  Rodríguez,  en el paseo  de Begoña, en Gijón. | Juan Plaza | ARRIBA, ANA MARÍA PIÑERA RODRÍGUEZ CON SU MARIDO EN ESTADOS UNIDOS, Y JUNTO A SU HIJA ELENA, EN VILLAVICIOSA. SOBRE ESTAS LÍNEAS, UN PRIMER PLANO DE JOVEN.

Ana María Piñera Rodríguez con su marido en Estados Unidos. / .

En el puesto de avellanas. "A bailar me enseñaron mi madre y mi hermana. Creo que bailo desde que tenía cinco años. Mi madre tenía un puesto de venta de avellanas en las romerías y me ponía delante para que bailara. Yo no quería, pero por lo visto lo hacía muy bien. Y si la gente venía a verme entonces ella vendía avellanas. No se me olvida".

El colegio Santo Ángel. "Estudié en el Colegio Santo Ángel, que de aquella era el mejor de Gijón. Me metieron ahí porque el marido de mi tía tenía una hermana monja. Yo estaba entre las alumnas gratuitas. Te examinaban y si valías quedabas y, si no, para la calle. La monja que me daba clase siempre me mandaba cantar canciones religiosas porque tenía muy buena voz. Cada vez que había algún acto en el colegio, me ponían a cantar. Y si veían que no traía el uniforme guapo, me ponían uno bueno, pero luego me lo quitaban".

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Ana María Piñera Rodríguez junto a su hija Elena, en Villaviciosa. / .

Trabajando para médicos. "Al acabar la escuela estudié en la Gota de Leche enfermería, pero no acabé. Empecé a trabajar con 14 años con el doctor Manuel Murillo, especialista en pulmón y corazón, en su consulta en la calle San Bernardo. Como ayudante. Luego pasé a trabajar con don Luis Cueto-Felgueroso, médico de huesos y articulaciones, que luego fue Alcalde de Gijón. Fue con quien más tiempo estuve".

El amor y la montaña. "Conocí a mi marido, Luis Pérez Alonso, cuando tenía 14 años en una verbena popular, pero quien vino a juntarnos fue Quique, que entonces estaba al frente del Club de Montaña Torrecerredo, y nos dijo que cómo no íbamos un domingo a una excursión. A mí me gustaba mucho el campo pero mi marido era un enamorado del monte. Nos hicimos socios del Club de Montaña Torrecerredo y con ellos conocimos todos los montes de Asturias".

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Un primer plano de joven. / .

Baile con el Grupo Torrecerredo. "Un día, en una excursión con el Club de Montaña, iban unos chavales que empezaron a tocar la gaita al bajar del monte, cuando llegamos a un pueblo en el que había fiesta. Yo, como sabía bailar desde niña, me puse a bailar y quien luego sería mi marido, me dijo "¡vaya bien que bailas!, ¿cómo no nos enseñas?". Al principio empezamos a ensayar en un bajo en la calle Covadonga. Así que cuando íbamos con el Torrecerredo siempre acabábamos bailando".

Ceares. "Luis y yo nos casamos en 1955. Fui a vivir a Ceares, donde mi marido hizo una casa en un terreno que daba el gobierno. Fue un año después de casarnos cuando formamos un grupo de baile en el Hogar de Ceares. Entonces había un grupo de derechas, que tenía la Sección Femenina, y luego un grupo del pueblo, que era de Educación y Descanso y es al que nosotros pertenecíamos, porque eso nos facilitaba el local para poder hacer los ensayos. Pero duró muy poco, enseguida bajamos a ocupar la primera planta del Mercado de San Agustín".

Aires de Asturias. "Al poco de bajar al Mercado de San Agustín ya le pusimos al grupo el nombre de Aires de Asturias. Se había creado otro grupo en La Calzada de Educación y Descanso y no queríamos llamarnos igual. Nuestra primera salida a bailar fue a Arriondas, a la Fiesta del Bollu, por la zona del río. Después bailamos en muchos sitios, entre ellos en el Día de Asturias en Gijón y en las carrozas de Oviedo. Formamos un grupo bastante grande y empezaron a llamarnos por muchos pueblos".

Hijos. "Dejé de trabajar cuando tuve a mi primer hijo, Luis, en 1957. En 1959 nació mi hija Elena. Cuando tuve a mi hija el médico me quitó de saltar al bailar. Yo seguía bailando el corri-corri y el pericote, cosas un poco suavinas, pero el xiringüelu de Gijón como lo bailaban... eso era..., allá donde íbamos caía el sitio de los aplausos. Como llevaban los brazos los hombres de mi grupo no lo había, ni lo hubo luego".

Primeros viajes. "Nos quitaron el local en el que ensayábamos en el San Agustín y nos querían pasar al sótano. Así que preferimos mudarnos a la Avenida de Portugal, al lado del colegio Asturias, donde el Ayuntamiento nos pagó parte del alquiler. Uno de los primeros viajes que hicimos, a finales de los 50, fue a Barcelona. Bailamos en la inauguración del Nou Camp, ¡eso sí que fue fiesta! En el Santiago Bernabéu también bailamos, un primero de mayo, que se organizaban bailes de grupos de toda España".

Vuelta a La Arena. "En 1963 la familia nos mudamos a La Arena, cuando falleció mi tía y mi hermano, que era el que vivía con ella, me pidió que fuéramos con él. Yo era de La Arena y volví a la casa en la que había vivido toda la vida. A los pocos años, nos mudamos a otra casa en la calle La Playa, en un edificio que construyeron nuevo".

La primera salida al extranjero. "En los 60 fuimos a Alemania, a Cloppenburg. Tardamos cuatro días en llegar en autocar y con las carreteras que entonces había.... llegamos todos desarmados. Pero los alemanes nos colocaron enseguida por casas y nos trataron fuera de serie. Eran ellos los que nos habían pagado el viaje. Nos habían pedido que fuéramos a su país varios alemanes que vinieron a Gijón por negocios y nos conocieron en Asturias. Los invitamos a comer a casa y nos dijeron que teníamos que ir a Alemania a bailar".

Viajes. "Luego tuvimos otros muchos viajes maravillosos. El mejor, el de Albuquerque, en Estados Unidos, donde nos trataron de maravilla. Contaron con nosotros para la inauguración de la estatua ecuestre del fundador de la ciudad, que era de Candás. A aquel viaje fue Paz Fernández Felgueroso, que entonces era Consejera del Principado. Nos llevaron a una reserva india, donde nosotros bailamos para ellos y luego ellos para nosotros. Yo doy gracias a Dios cada día por haber estado metida en el folclore asturiano, porque eso me permitió ver mucho. Además de en Alemania y Estados Unidos, bailé en Francia, Bélgica, Holanda, Italia, Portugal, Suiza, Austria, Rumanía, Hungría, Chipre. Fuimos dos veces a Nueva York, donde desfilamos por la Quinta Avenida. Una fue en el año 1987, cuando Vicente Álvarez Areces era Alcalde. La otra fue en 1992. Teníamos incluso un grupo de gaiteras, el mejor que hubo en Asturias. Además de ir al desfile de la Hispanidad, bailamos en el Ayuntamiento de Nueva York y en la sede de Naciones Unidas. La de Naciones Unidas fue una actuación guapísima, aún me acuerdo que yo lloré de la gran emoción".

Banda de gaiteras. "Fue en 1966 cuando creamos el primer grupo de mujeres gaiteras de Asturias, en Gijón. La primera vez que vimos una banda de gaitas fue a unos escoceses y pensamos en hacer uno nosotros. Ahí quedó la idea. Y lo hicimos de mujeres. La primera vez que salimos juntas a tocar fue en un desfile del Día de Asturias, pero recuerdo que fue muy criticado porque éramos mujeres y porque además los hombres decían eso de que ‘¿cuándo se vio juntar dos gaites?’ Cuando lo vieron, tuvieron que callar. Del grupo de gaitas yo fui la panderetera. En realidad la pandereta la tuve en la mano desde que era bien pequeñina y todavía la tengo, porque formo parte, con mi hija, de dos grupos de pandereteras: uno que está vinculado a la Asociación de Vecinos de la Providencia y otro con la Asociación de Mujeres Eva Canel. Ahora también nos han llamado para formar otro en Quintueles (Villaviciosa). Además de la pandereta yo también canto; el cantar y el bailar no se me olvidó todavía, otras cosas sí. Pero para eso tengo memoria. Recuerdo también que en una ocasión en las fiestas de Oviedo nos silbaron en el desfile por ser de Gijón, con lo que al año siguiente decidimos no ir. Tardamos años en volver".

Grupos en Oles y Villaviciosa. "Fundé con mi hija un grupo en Oles, en Argüero, en 1978 y en 1980 otro en Villaviciosa, con el que sigue mi hija. Es el grupo ‘Villaviciosa Aires de Asturias’. Enseñé a mucha gente a bailar, a mucha. Recuerdo que hubo años que teníamos 200 niños en la academia y con lista de espera para entrar".

Televisión. "Ensayábamos tres días a la semana, dos horas cada día. Ganamos el concurso de Televisión Española ‘Gente Joven’ en el año 1980. Pero estuvimos al menos diez años saliendo en televisión. El programa lo ponían los domingos por la mañana y lo veía todo el mundo. Ibas por la calle y nos paraban para saludarnos, porque nos conocía la gente de vernos en televisión. Era la única televisión que había. ‘¿Eres la de la televisión?’, me preguntaban y yo les respondía, "¿Te apetece?, ven a bailar’".

La Europeade. "Recuerdo que la Europeade la trajimos a Gijón en 1981, con grupos de toda Europa, juntamos a unas 5.000 personas. Estaban todos los hoteles de Gijón y Perlora llenos, la Universidad Laboral y el Sanatorio Marítimo. Fue impresionante. Y como coincidía con el Día de Asturias, se hizo el desfile por El Muro y acabó en El Molinón. Fue retransmitido hasta por la televisión".

La vida y el baile actual. "Dejé de bailar cuando ya no pude, por la edad. Mi marido falleció hace 13 años. Ahora vivo en La Coría, en un sitio precioso de Gijón. Todos los días voy a caminar junto al río y me encuentro siempre con mucha gente que me conoce. Hoy me pongo enferma de ver cómo se baila asturiano, porque no saltan, ni ponen arriba los brazos, no se mueven como antiguamente. Entonces era una competición a ver quién levantaba más los pies. El baile asturiano, si lo quieres bailar bien, hay que esforzarse. No como ahora lo veo yo, porque bailar la jota con el tacón, cuando se baila con la puntera... ya me dirás. Ya no estoy metida en el folclore, dejé todo, pero desde luego veo que hay cada cosa que me pone mala. Para mí se fue perdiendo la identidad. No hay más que ver los trajes, con el colorido que tienen de todo tipo, en vez de lo que era tradicional, y las blusas abiertas como las inglesas cuando siempre fueron cerradas".

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