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Crónicas gijonesas: La historia de Santa Rita de Casia

En 1843 las monjas agustinas abandonaron su convento de Cimavilla para permitir la apertura de la fábrica de tabacos y se trasladaron al llamado "Conventín", en Begoña, que se derribó en 1949 y motivó el traslado del grupo a Somió

Crónicas Gijonesas

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Luis Miguel Piñera

Luis Miguel Piñera

Cronista oficial de Gijón

En mayo del año 1904 se fundó en Gijón, en la iglesia de las madres agustinas, la Cofradía de Santa Rita de Casia y Santa Clara de Montefalco. Santa Rita (1381-1457) ingresó en un convento de agustinas una vez que quedó viuda y Santa Clara de Monfalco (1268-1308) era agustina también. Su cuerpo permanece incorrupto, vestida con el hábito agustino, bajo el altar mayor de la iglesia de Montefalco (Italia), y el de Santa Rita, "abogada de los imposibles", se conserva, incorrupto también, en la iglesia de Casia (Italia).

Hacemos memoria. El nombre de San Agustín para el centro comercial que conocemos está muy justificado. Cuando en 1843 las monjas agustinas abandonaron el convento de Cimavilla para que en él se instalara la fábrica de Tabacos, se alojaron en una casa cerca de la fábrica de vidrios La Industria. En Begoña. Muy pequeña era la casa, con lugar solamente para el altar y para alojar en pocos metros cuadrados a las monjas agustinas. Venían las monjas del inmenso convento de Cimavilla (convertido ya en fábrica de Tabacos) pero algunas otras procedían del convento de Nuestra Señora de la Encarnación de Llanes. Aquel pequeño convento en Begoña fue para ellas, y para todo Gijón, "El Conventín". Solía llamarse "El Conventín del Retén" porque "plazuela del Retén" se llamaba a aquella zona frente a la fábrica de vidrios como referencia militar a la antigua cerca que con motivos de las guerras carlistas se había levantado y que por ahí pasaba.

María Prieto Vergara, en su libro "Inventario-Catálogo de capillas populares y señoriales en el concejo de Gijón (Asturias" (2013), nos informa que fue la gijonesa Francisca García Castro quien corrió con los gastos para construir un nuevo convento para las agustinas. Eso fue en el mismo solar donde hoy vemos el Centro Comercial San Agustín. "Panchita Castro, madre de tres agustinas" llama a la benefactora Francisca García Castro el cronista Fabriciano González "Fabricio" en un artículo en "El Comercio" del 9 de junio de 1934. Un convento ese ya "de regulares dimensiones" (ya no "conventín", aunque así siguió conociéndose) cuyo arquitecto fue el madrileño Andrés Coello. Se levantó el convento (primera piedra en 1863, consagración en 1866) en terrenos cedidos por Carlos de Valdés Sorribas. Precisamente no lejos del inicio de la referida cerca cuyo nombre quedó en el callejero como calle de La Muralla.

Andrés Coello había sido autor en 1853 del teatro Jovellanos. El teatro estaba en la calle de Jovellanos, en el mismo solar donde hoy vemos la Biblioteca Pública Jovellanos. Coello en 1865 también fue el arquitecto de la Casa Consistorial que conocemos.

El Convento de las Agustinas —el Conventín, a pesar de no ser pequeño— se derribó en el año 1949 y las monjas pasaron a la Quinta del Obispo en Villamanín (Somió). En el callejero de la zona se mantienen actualmente nombres como el de la calle de San Agustín y la travesía del Convento.

La prensa local gijonesa anunciaba cada año la fiesta de Santa Rita de Casia (el 22 de mayo) en El Conventín, con misa, exposición del Santísimo y con las rosas siempre presentes que previamente bendecidas acompañaban a los fieles en sus oraciones. En la biblioteca del padre Patac se conserva un folleto del año 1935 que dice: "Se admiten flores para adornar el altar y rosas para bendecirlas los días 21 y 22, llamadas Rosas de Santa Rita, que se repartirán a la puerta de la iglesia". En el convento de las agustinas en Villamanín se mantiene esa tradición cada 22 de mayo. Este año 2026 la celebración es el próximo viernes, con una misa, a las 12.00 horas. En el lateral izquierdo de la iglesia vemos una imagen de Santa Rita (siempre con rosas) junto a la Virgen, San José y el Niño.

En la misma biblioteca del jesuita se guarda el "Reglamento del Colegio-Escuela de Santa Rita de Casia" (sin fecha) dirigido por los padres agustinos en la calle de Casimiro Velasco 21, "para alumnos entre 7 y 13 años, gratuitos y de pago, condición de ingreso es que sepan deletrear".

Por otra parte, en la biblioteca particular de Luciano Castañón que controla e incrementa su hijo Chema Castañón nos encontramos con un libro que no vemos en ninguna biblioteca pública de Asturias: "Manual de la Asociación Santa Rita de Casia y Santa Clara de Montefalcó fundada en Gijón en la iglesia de la RR. MM. Agustinas en mayo de 1904" (1904), imprenta Compañía Asturiana de Artes Gráficas (Gijón), 44 páginas. Lo escribe fray Bernardo González Fernández vicario de las agustinas. Se creaba para "tomar por dechado y modelo a la santa de los imposibles" y leemos: "Las clases obreras proletarias son hoy [hablamos de 1904] las más corrompidas y descreídas y ellas, por tanto, deben ser las primeras que experimenten el benéfico influjo de la Asociación".

La junta directiva eran diez mujeres y un director espiritual, y las socias debían llevar en los ejercicios religiosos la medalla de Santa Rita "colocada en el lado izquierdo del pecho; con lazo azul claro, las solteras; granate las casadas y morado las viudas". Las reuniones fijas eran el día de Santa Rita, 22 de mayo; el 18 de agosto, Santa Clara de Montefalcó, y el 8 de de diciembre festividad de la Inmaculada Concepción.

El Manual estaba dirigido "a los fervorosos devotos de Santa Rita y Santa Clara y al pueblo creyente de Gijón, pueblo tan grande por su industria y progreso como por su acendrada piedad y catolicismo".

Imagen de Regina García López de 1930.

Imagen de Regina García López de 1930. / «Memoria Digital de Asturias»

Retrato de Gijón

«La Asturianita»

Pilar Sánchez Vicente fue la última en acercarse a la figura de Regina García López «La Asturianita» (Valtravieso, Valdés, 1898-Madrid, 1942). Regina perdió los brazos de niña, en un aserradero, y se convirtió en artista de variedades por teatros de todo el mundo, en Gijón también. Sin brazos en el escenario cosia, comía, con los pies tocaba el acordeón, y con la boca y los pies pintaba. Manejaba una escopeta y antes de sus actuaciones conducía un coche. En Gijón lo hizo. Foto del año 1930 en el portal «Memoria Digital de Asturias».

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